﻿﻿<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>El resto es silencio &#187; Teatro de sombras</title>
	<atom:link href="http://www.humoyespejos.com/category/teatro-de-sombras/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.humoyespejos.com</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Wed, 21 Jul 2010 17:07:40 +0000</lastBuildDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.8.6</generator>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
			<item>
		<title>De entre la niebla</title>
		<link>http://www.humoyespejos.com/2009/09/28/de-entre-la-niebla/</link>
		<comments>http://www.humoyespejos.com/2009/09/28/de-entre-la-niebla/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 28 Sep 2009 06:22:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rafael Marín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Teatro de sombras]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.humoyespejos.com/?p=19</guid>
		<description><![CDATA[Es de noche en el puerto. Una niebla húmeda y porosa sale del mar, cruza por sobre los norays de hierro, atraviesa los muros, las verjas, las cancelas, ciega de bruma blanca dos semáforos. Plaza de San Juan de Dios arriba, es una nube de semen que se para, que zozobra, que se quiebra. Diez [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Es de noche en el puerto. Una niebla húmeda y porosa sale del mar, cruza por sobre los norays de hierro, atraviesa los muros, las verjas, las cancelas, ciega de bruma blanca dos semáforos. Plaza de San Juan de Dios arriba, es una nube de semen que se para, que zozobra, que se quiebra. Diez campanadas flotan contenidas en su velo; muy lejanas, parece como si el tañido fuera el origen de un sueño fabulado a mil kilómetros. El remolino blanco burbujea, se comprime, gira a todos los lados y se expande, retrocede, tantea los arcos del Ayuntamiento, lame la esquina a Sopranis, roza los puntos del reloj que acaba de cantar la hora, palpa los taxis estacionados en doble fila, acaricia las escaleras de los urinarios cerrados al público, cruje como almidón por entre los escaparates de la boutique de modas, anega la advertencia precaución respeten las señales, cubre de sal el quiosco donde con esta oscuridad ya no hay periódicos, sobrevuela el puesto de castañas, inunda el cristal del despacho de dulces y se encamina calle Pelota recta hacia adelante, da tumbos de pared a pared, entre la librería y las tiendas de zapatos, entre la óptica Gay y Eutimio Sastre. La niebla duda al llegar a la intersección, como un pulpo recubre de abrazos pálidos todos los caminos a concretar, sigue hacia el frente, recodea la estatua en bronce mohoso del Papa cubierto siempre de palomas, sube los escalones de acceso a la catedral en ruinas, pasa la altura tope de la torre protagonista de la novela que algún día habré de terminar por escribir, y entonces tiembla ante la perspectiva de acortar camino y retornar al agua, duda la elección de continuar su avance o devolverse a los abismos sin mesura, contempla el cruce con el Campo del Sur y la entrada al museo subterráneo. Una brisa venida nadie sabrá de dónde con certeza acude a auxiliarla en su última determinación. Callejuelas oscuras, mesón barato y típico, la niebla blanca anda. Calle San Juan: recovecos de suciedad y orines se ocultan en el sudario mágico. Un gato gime, salta, centellea, es el único ser vivo en escuchar los pasos. El primer night club está cerrado. La niebla tienta las puertas, obstruye los pestillos, tira de los cáncamos, acaricia los carteles rotos, continúa hundiéndose en el empedrado absurdo, da en aclararse casi sin tenerse en cuenta. Muy lejos atrás, el gato advierte los pies oscuros que pronuncian pisadas, la sombra de aspecto humano que rodea el hálito de la bruma nocturna. Otras dos casas de putas que no abren, otras dos puertas negras y rojas que rehúsan su contacto. El hombre envuelto en la niebla reflexiona, sigue adelante, busca con mirada antigua a derecha e izquierda. La niebla capotea, susurra maldiciones en los postigos entornados, araña las viejas maderas pintadas de tintalux y asco. Hacia el final de la calle, su contacto produce repelucos en los hombros desnudos de la mujer que espera; dedos de salitre y rocío hacen tiritar el cuerpo de la matrona adelantando un presagio de lo que va a suceder luego. Los pasos se hacen más medidos, más cortos. La niebla se escancia, se retira, disuelve la irrealidad en que ha sumergido el barrio. Ella, la Boca de Oro, se apoya más contra la esquina. Los pasos se detienen, la niebla observa con cuidado los movimientos de la furcia. Ella, la Boca de Oro, ya ha notado que no está sola: el olor de hombre cercano es más intenso que el del yodo que todo lo ciega. Una leve espiral de humo gris viene a juntarse con la niebla, se funde con la nube salada, atraviesa en un momento las tapias de la calle. Los pasos se reinician, bailan un fox con su taconeo ligero. Ella, la Boca de Oro, lo ve aparecer, transparente a la escasez de luz, arropado en el lienzo de niebla, y sonríe para su yo y reconoce que después de todo no ha hecho la tonta esperando aquí con semejante noche. El hombre de la niebla blanca se planta a un palmo de ella, la rebusca, la contempla, se lleva las manos a la pelliza de piel de oveja, respira hondo, expulsa el aire frío de este uno de noviembre, pregunta cuánto sin ningún preámbulo. La Boca de Oro lo mira de cruz en raya, se sorprende de su aspecto indefinible, observa el pelo lacio y amarillo del hombre de la bruma, su mentón firme, la barba descuidada, los ojos infinitamente oscuros, ojos como de anciano, ojos casi de niño, el aire de reconcentración que habita dentro de esas pupilas del más encendido negro. La Boca de Oro zascandilea, quiere hacer como que es una gran señora y no entiende de qué va el tipo o no está habituada a meterse tan en corto y por derecho al asunto que los dos pretenden, se retrasa en abrir el pico porque aspira el penúltimo vahído del ducados que está manchado de carmín, le da por observar con más detalle que el andova aparecido se hace cierto aire a ese actor inglés, a aquel que hace de indio y se llamaba caballo, y entonces descubre, a salvo del pelo, entre el taladro negro de los ojos y el caracol grasiento de la cabeza, la marca de color hierro fundido que le voltea el corazón y el pecho, el antojo innatural y extraño que surca su frente. La cicatriz es un verdugón curioso, parece el tejido del tatuaje de un árbol, el rastro de unos dedos que se hubieran posado en la frente y hecho presión hasta quedar grabados en la carne. El hombre pregunta de nuevo cuánto con una voz que es poco menos ronquido que siseo, sacude la cabeza hacia los lados, intenta sacar las manos de los bolsillos, acerca la cara y la marca de rojo se muta en zarpa inmensa a través del filtro de niebla. La Boca de Oro no sabe por qué de pronto un escalofrío de espanto baja por su cuerpo, juguetea con sus pezones, hace temblar su flojo vientre y eriza los vellos depilados de sus piernas, pero entreabre los labios y escupe su precio. El hombre nacido de la bruma acepta, saca la mano izquierda del bolsillo, da la mitad de un paso al frente, tiende la suma exacta que por lo visto ya había calculado con buen tino, gruñe anda y toma con voz muy bronca. La Boca de Oro agarra los billetes, los estruja, los compensa, dice bueno, venga, está aquí cerca. Los dos echan a andar, el uno al lado del otro, dejando aparte los arrumacos, los magreos, las palabras insinuantes y las caricias falsas. El hombre se detiene una o dos veces para apurar un largo trago de la petaca de coñac oculta en los entresijos del chaleco. Blanca y salada, a ras de tierra, la bruma les sigue los pasos, desborda su marcha, contagia de pálido ventanas y esquinas, tuerce la primera y la segunda bocacalles, rebasa las aceras, se cuela por las rendijas, saborea el óxido de los cerrojos, se resiste a comprender que no va a conseguir colarse en el falso nido de amor que solicitan los dos amantes. Buhardilla arriba, tercer piso de una casa de alquiler, cómoda, mesa de noche, lámpara, cama, la Boca de Oro da la luz y deja entrever al hombre sus dominios, atranca la puerta, busca la palangana, el agua, la esponja, deposita el bolso al lado del espejo, sugiere ve desnudándote, se despoja de las ligas y las medias, desabrocha la falda, suelta el sostén, abre la camisa y permite salir a flote dos pechos agrios, dos pezones de color naranja mustia, desplaza con cuatro dedos llenos de laca la mancha negra raída de las bragas. El hombre contempla ausente el cuerpo que ha alquilado, reprime un hipido de asco, pasa la vista por las tetas de la furcia, comprueba el colorete de los ojos, la pintura de la boca, el remolino sobre el pubis, y se desprende los zapatos y el chaleco, abre la cremallera, extrae los calzoncillos, se alza en la luz mohosa como un palo de cocina, muestra su serpiente blanda y juguetona. La Boca de Oro se extiende en la cama a medio deshacer, aparta las sábanas amarillentas por el uso de otras mil noches, abre las piernas, ofrece sus brazos, entreabre el coño, se ha olvidado del inútil ritual de engalanar de agua y jabón el miembro de este hombre que la pone tan nerviosa. Limpio de ropas, ausente de niebla, su comprador presenta un aspecto delgado: es su cuerpo un nudo, una correa de piel cobriza, el resultado de un cruce de humano y árbol, la representación de un Cristo pecador y mundano. El vello rubio apenas le cubre la cabeza, la barbilla, retoca levemente el hueco de su pecho, desciende en una filita hormigueante hasta el abdomen, casi no se reproduce más en las piernas que en los brazos. La Boca de Oro lo remira, tiembla de nervios ante el contacto, sopesa el juego que venga a darle ese carajo erecto que se balancea entre las piernas, no puede evitar dejar por un momento de fijarse en la marca roja que tizna la frente, la señal en forma de mano, el costurón que simula un tronco de árbol. Presta a la posesión, la furcia contrae los muslos, expande el cuerpo, resiste como puede la avalancha fibrosa que acude a su ataque. El hombre la posee con sabiduría antigua, con indiferencia y asco. Su cuerpo nudoso es un cadáver frío. La Boca de Oro le siente divagar por sus entrañas, blanco y helado, duro, una lágrima de algo indefinible le resbala como una cicatriz por el ojo izquierdo. Pierde el sentido, llora, olvida la resistencia, ni se le ocurre ni sabe colaborar a que la usen, todo lo que atina a ver es la bombilla del techo, siente los músculos abrírsele, arde bajo la presión de la marca de la frente. Si de pronto todo ha terminado o el delirio la ha hecho transportarse a un mal sueño es algo que la furcia, en los pocos minutos de vida que le quedan, no va ser ya capaz de discernir. Dolorida y confusa, en el umbral del miedo, la Boca de Oro descubre que el hombre ya ha dejado de hacerle mella. Lo busca por la habitación, desenfocada la vista, lastimados los muslos. En la ventana, la niebla roe el cristal. La habitación huele a tabaco. El me castigó, ruge una voz. Por su venganza nunca encontraré la paz. Debe ser, ay, tan linda la muerte. La Boca de Oro, el corazón en un puño, piensa y no se equivoca que su comprador está borracho. Voltea los ojos para llamarle la atención, hartita de lidiar con esta canción todas las noches, y aunque contempla al hombre a dos metros a su izquierda, el miedo atrapa su mirada en el espejo, allí la ata, clava al cristal con fuerza sus pupilas, sujeta con clavos ardientes el horrible espectáculo que en él hay reflejado. Mira al hombre, cansado y desnudo, y le parece normal. Vuelve al espejo, se frota los ojos, no puede evitar decir qué coño es esto. El hombre bebe más, se lleva la petaca a la garganta, como en trance, y La Boca de Oro se distrae viendo cómo una mancha marrón le va bajando por el pecho, lo está empapando, igual que al otro lado del cristal la mancha se repite, con un trazo de líquido inconfundible. El coñac que se derrama es lo mismo en las dos partes. El hombre es distinto.  La Boca de Oro se lleva el puño a la garganta, reprime un sollozo, no puede sacar los ojos del cristal. En la habitación el hombre es rubio, lampiño, desnudo, borracho. Dentro del cristal hay un anciano, una caricatura, un puro monstruo. No es el mismo cuerpo joven que mal alumbra la bombilla que colgó ayer mismo, sino un viejo, una arruga con dos piernas y dos brazos, una capa de decrepitud que se ha formado en los cimientos podridos de otra capa, pliegue sobre pliegue, año sobre año. La Boca de Oro gime, recuerda que no ha fumado nada raro, hace ya seis meses largos que ni se pica ni se lo esnifa, pero el hombre dentro del marco continúa estando allí. Encorvado, antiguo, pervertido, los hombros hundidos, el pelo blanco y lacio, los ojos como dos llamas de sangre, los muslos flácidos, toda la edad del mundo talada en la carne, cada arruga es el surco de un antiguo pecado. No podría jurar que fuera el mismo que aún se soba sus partes y busca el pantalón y los zapatos. Este es joven, y aunque raro, es normal, menos la marca de la frente, menos el tatuaje extraño, menos la cicatriz, el costurón que tiene el capricho de parecer un árbol. En el espejo hay un ser torcido, deforme, definitivamente arcaico, más viejo que la misma edad, completamente ajeno en su aspecto imposible, menos la marca en la frente, menos el mismo tatuaje extraño, menos la cicatriz, el costurón que también tiene el capricho de parecer el mismísimo tronco de árbol. Cuando el hombre de la habitación mueve una mano, el viejo de dentro del cristal repite el gesto. Y la Boca de Oro se contempla a sí misma en el espejo, desnuda y espantada, los pechos fofos, manchada de semen púrpura, revuelto el pelo, los ojos desencajados y los labios blancos. El me castigó, dice la voz, y la boca de dentro del cristal se mueve y habla. Por lo que hice me negó la muerte. ¿Qué culpa tengo yo si fui el primero? ¿Cómo iba a saberlo entonces? ¿Hasta cuándo voy a tener que purgar mi pecado? La Boca de Oro se arrastra como sonámbula hacia el borde de la cama, no entiende nada, nota cómo los pezones se le vuelven dos guijarros por el peso del miedo. Yo se lo dije, continúa el verdugo. Cuando me desterró y me maldijo, dije que no podría soportarlo. Está en la Biblia, ¿sabes? ¿Lo recuerdas? La Boca de Oro advierte que es a ella a quien el hombre habla, menea la cabeza e inicia un paso atrás, se enreda en el amasijo humedecido de las sábanas. El hombre avanza. Génesis, cuatro, recita lentamente su comprador. Versículo catorce, me parece. Hace mucho que no leo panfletos, pero lo sé de memoria. Dijo Caín a Yavé: Demasiado grande es mi castigo para soportarlo. Eso le dije. Y no me hizo caso. Puesto que me arrojas hoy de la tierra cultivable, oculto a tu rostro habré de andar oculto y errante por la tierra, me atreví a acusarle, y cualquiera que me encuentre me matará. Pero Yavé me dijo: Si alguien matare a Caín, será siete veces vengado. Puso pues, Yavé a Caín una señal, esta que ves, para que nadie que le encontrara le hiriera. Caín, alejándose de la presencia de Yavé, habitó la región de Nod, al este de Edén. Lo recuerdo bien, dice, ya ves. Yo mismo lo dicté al escriba. La Boca de Oro ve que el hombre le sonríe, hay burla y dolor en sus ojos cortantes como una segueta, no puede dejar de reconocer la mirada repetida que le vomita el monstruo del espejo. Me marcó, continúa Caín, borracho, vencido, lastimado, anciano. Con sus dedos me dejó esta seña, repite el asesino, ebrio, derrotado, herido, joven, vivo. Me condenó. Me condenó de la misma manera que yo condené a mi hermano a la muerte. Me condenó a vivir, estalla, gime, explota, llora. Me condenó a pasar año tras año, siglo tras siglo, era tras era con esta apariencia, sin ascender a otro ciclo ni bajar a los infiernos que sé que existen. Me condenó con este sello en la frente, y no he muerto ni moriré jamás. Soy un reo de la vida, añade. Esta marca no me deja morir, afirma. Soy viejo como la humanidad, sonríe. Soy antiguo como el hombre y no puedo morir, gesticula, esa es la burla. Si supieras con cuánto gusto cambiaría mi horrible inmortalidad por el frío vacío de la tumba&#8230; pero nadie viene y descarga en mí su furia, recrimina. Jamás ha caído sobre mí el alivio de un brazo justiciero, desearía.La Boca de Oro asiente, pero no le escucha. El miedo la tiene presa con más saña que el peor de los maderos que de tarde en cuando aparecen para hacerle la vida imposible. Todo lo que quiere es despertar, desaparecer, borrarse de ese sitio, saberse ajena de este hombre que es su pesadilla. La niebla ríe al otro lado de la puerta, tira de los pestillos, se balancea en los cordeles y muerde el cristal con un beso malvado. Se hace tarde, susurra. Apura el tiempo, vamos, que la noche se termina. La Boca de Oro encuentra su mirada con los ojos que florecen por debajo del sabañón en forma de árbol, se ve atrapada en el interior de las pupilas, tiembla de nerviosismo, se frota el pelo, y siente el frío rayarle la base de los huesos, no consigue apartar las pestañas de esa marca, reconoce inmediatamente la verdad de la maldición en la penumbra, y recuerda la escena que nunca ha visto y que el hombre experimenta ya un millón de veces repetida, y se nota en la piel del guerrillero, del legionario, el escita, el bucanero, el hoplita, de todos los policías y bandidos que han tenido a un tiro de piedra la carne ajada y transparente, camuflada, de este hombre, y como ellos no puede evitar echar mano alrededor, y llena de furia y asco y odio y miedo abre el cajón de la cómoda y revuelve entre las bragas y los trapos, aparta una botella, temblorosa, saca un cuchillo gastado, estrecho, feo, oxidado, le baila la hoja sucia entre las manos, quiere ser la espada justiciera, apagar esa llama, talar de una vez el tronco de ese árbol, siente vómitos, se le arrugan las cejas, alza la mano y ve que la sombra se le estira en la pared, y al hombre desnudo, doblemente arrodillado, en el suelo y el espejo, postrado, tembloroso, ardiendo de ansiedad, si tal vez fuera, si acabara aquí el camino, si de verdad quisiera Dios que encontrara en este sitio de una vez por todas y para siempre el descanso de la muerte. La Boca de Oro avanza y tiembla, gime, resbala, duda de la realidad de lo que hace, no se le ocurre ver que todo es simplemente una mentira, vuelve a clavar la vista en esa frente, roza con la imaginación la punta de las ramas, y mientras Caín espera la anulación y la victoria la Boca de Oro vive la desazón que hasta el hoplita, el legionario, el guerrillero, el bandido, el corsario, el torturador, el policía vieron en su momento cuando les tocó su hora, y conoce que el hombre es intocable, que siete veces siete su maldición le caerá encima si no fuera a convertirse en lo que es él, y como hicieron en su época el iliota, el macedonio, el turco, el griego, el coracero, el escita, desvía el golpe, busca otra víctima, no consigue repeler el poder que hay en la marca, jamás podrá ella ni nadie eludir los temores que despierta en los cerebros el tatuaje de ese árbol y lo que anuncia en su carbón de pesadilla. Postrado, humillado, tembloroso, viejo, enorme, torpe, sabio, Cain se levanta y se busca la cara en el espejo, y la nota allí, y hasta sonríe en su tristeza, una vez más, igual que siempre, desea llamar a gritos a la muerte pero ha aprendido a morderse los labios. Sabe que está maldito y vivir es su castigo, hasta que el placer se ha vuelto escarnio, hasta que la vida no se ha hecho sino una caricatura. Ha vivido ya tanto y duele de tal forma la vida&#8230; No experimenta ya sorpresa, la sensación de descubrir que todo se repite no le hace mella, ni le atosiga. Lentamente se coloca los zapatos, el pantalón, la pelliza. Abre la puerta y sale del mal cuarto, y despacio recorre los escalones, y se diluye en la niebla, de donde ha salido, cansado igual que de costumbre, espantosamente anciano, lastimado, tosco, vivo. Deja detrás la historia que fue siempre, la mujer envuelta en el charco de sangre, el cuchillo oxidado en la garganta que ella misma ha desgarrado, la ropa sucia, el pelo en desorden, rota a pedazos, a salvo para siempre de la vida. Echa andar Calle San Juan abajo, desolado, mártir, frío, enfermo de inmortalidad, rodeado por la bruma que es su llanto, su compañía, y no puede evitar, mientras regresa al mar de donde vino, un recuerdo cándido hacia la mujer ya muerta, abandonada, y reprime un ligero escalofrío sin control, un atisbo de pasión, o lo que sea, un retazo de algo muy parecido a la envidia.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy;  Rafael Marín<br />Reproducido con permiso del autor</span></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.humoyespejos.com/2009/09/28/de-entre-la-niebla/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Sexto informe de la vida flotante</title>
		<link>http://www.humoyespejos.com/2009/09/07/sexto-informe-de-la-vida-flotante/</link>
		<comments>http://www.humoyespejos.com/2009/09/07/sexto-informe-de-la-vida-flotante/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 07 Sep 2009 07:06:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Javier Pérez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Teatro de sombras]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.humoyespejos.com/?p=726</guid>
		<description><![CDATA[Un tipo entra en un bar y…
Estuvo esperándote todo el día aquí, mujer. Despierto toda la noche. En el Piazzenza, un restaurante italiano cualquiera, de cartón piedra y Chianti y manteles a cuadros blancos y rojos. El resto de parroquianos, magnetizados y derivando ahora a su alrededor, ahora en diagonal, sin punto de pivote. Cristo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>Un tipo entra en un bar y…</em></p>
<p style="text-align: justify;">Estuvo esperándote todo el día aquí, mujer. Despierto toda la noche. En el Piazzenza, un restaurante italiano cualquiera, de cartón piedra y Chianti y manteles a cuadros blancos y rojos. El resto de parroquianos, magnetizados y derivando ahora a su alrededor, ahora en diagonal, sin punto de pivote. Cristo Feral —sabes de quién estoy hablando—, él, clavado toda la noche aquí, esperó bebiendo tu recuerdo en forma de tinto afrutado que apacigua la carne y blanco pescador que le llenaba las pupilas de estrellas. Lentejuelas pusilánimes en plata forraban la segunda piel del vestido de noche Burdeos de una exagerada pero atractiva señorona de provincias. Rotunda, rubia de peluquería, embutida en brillo y estridente sólo lo justo como para evidenciar una revolución de más en el cuentavueltas de su entusiasmo. Sobre fondo de tarantela apta para todos los públicos, Cristo en la pausa de una segunda venida, prestando atención a la Provinciana: <em>digamos que el marido le dice </em>«ya te dije que te iba a gustar, los italianos de la capital no son como esas pizzerías de mierda del pueblo; vale que no te saco tanto como quisieses, pero cuando lo hacemos, lo que hago, hago que valga la pena, ¿no?<em>», porque, vamos a ver, para todos éstos las palabras son importantes, la única herramienta con la que interpretar el entorno que alguien se tomó una vez la molestia de enseñarles; suerte que yo te tengo a ti como tú me tienes a mí y los dos podemos intercambiar ítems multifuncionales con los que implementarnos y alterar el continuo inmediato</em>. Y es que aún estando tan borracho como estaba, todo lo que hacía, todo lo que hizo a continuación, por tremendo que fuese, iba dedicado a ti. Eras su hipervínculo y tú le dejaste tirado y a merced de los francotiradores. <em>Hija de la Luna, ¿por qué tan tarde?</em> La Provinciana y su provinciano marido se dieron un recatado beso por encima de los platos de antipasto que tenían delante. Cristo apartó la vista y se topó con su reflejo en el aluminio pulido de las puertas de la cocina. En sus pómulos se empezaba a apreciar una primera señal de cambio. Manchas de hueso amoratando músculo bajo la piel a base de fricción. Los Provinciano serían los primeros en caer, sin duda. Pero aún quedaba mucho para completar la transformación, y quizá tu llegases antes, después de todo. La entrada del local bostezó una ferrosa brisa de frío compacto y no fuiste tú la que entró sino un grupo de dos chicas y un chico. Ellas, frágiles y disimulando una cojera blanda como abrazadas a la farola de la poca serenidad que les quedaba después de más de una cerveza de más de merienda en estómagos vacíos. Él, un poco mejor, resuelto, se encargó de pedir una mesa para tres. El vestigio reptiliano que era una voz en la cabeza del chico susurrándole que todos los machos en el restaurante le tenían envidia porque a él le acompañaban dos mujeres y las posibilidades que se podían permutar de ese hecho eran casi infinitas, dictaba sus movimientos, su fraseo, cada gesto, un silbido, un vistazo a Cristo Feral —la mesa que el trío ocupó se encontraba a menos de seis pasos de la de él—, el bloque de piececitas encajables de gelatina que el chico construyó entre ambos bien podría cortarse con un cuchillo. Eso era lo que pasaría. Feral, Cristo modificaría la densidad y la longitud de los cúbitos en ambos antebrazos, transformándolos en cuchillas que sus correspondientes radios, una vez duplicado su tamaño e incrementado el índice de torsión y el peso, soportarían y anclarían al esqueleto con contrafuertes con la dureza del cemento, ayudado por tendones como cables de acero en un puente colgante. Saltaría de su silla y caería sobre el chico y lo evisceraría en apenas tres movimientos, dos cortes en aspa, una media luna abierta en el bajo vientre por la que se derramaría entero el intestino grueso, entreteniéndose en el asesinato lo que fuese necesario hasta que sus mandíbulas acabasen de reconfigurarse e hiciesen crecer dos hileras de colmillos con los que desgarrar a mordiscos a las acompañantes de su víctima. Para limpiarse la sangre en la que consecuentemente acabaría embadurnado después de la violenta escaramuza, Cristo probaría algo nuevo: mandaría a todas sus células desatomizarse a la vez, manteniendo al mínimo el coeficiente de información y los patrones de reminiscencia que las permitiese volver a alinearse más tarde, transmutándose en neblina letal inteligente que el matrimonio pueblerino de un poco más allá aspiraría por accidente mientras hiperventilan de puro terror tras la escena recién vivida. Desde dentro, les gangrenaría los pulmones y nadaría en sus flujos sanguíneos, pateando glóbulos rojos hasta partirlos por la mitad y provocando un genocidio de proteínas y batiéndose en duelo tramposo con una armada de glóbulos blancos—porque, si Cristo era capaz de hacerse nube tóxica, bien podría también duplicarse en múltiples yo microscópicos armados con pistolones de antibióticos—, se mearía en sus riñones como un acto de justicia poética, haría un fardo con sus cuerdas vocales usando una arteria para mantenerlas atadas y así ni siquiera podrían pedir ayuda… <em>Mira por dónde, los Provinciano no van a ser los primeros, después de todo, pero sí que van a sufrir más que nadie</em>. Todo aquello, por supuesto, si acaso no llegabas tú antes. Cristo tenía una erección. Mesmerizado por las más terribles vías probables de actuación futura, ni siquiera era capaz de precisar cuándo se le había empezado a inflamar la entrepierna. Si hubieses aparecido por el restaurante, si lo hubieses hecho mucho antes de lo que lo hiciste, seguro que os hubieseis reído a gusto cuando te lo explicase. Tenía ganas de ir al lavabo, pero no le quedaba más remedio que esperar a que se le pasase el arrebato. Un camarero espigado y pálido, de negro como el resto de los empleados del local, que lucía un tatuaje carcelario de tres puntos en isósceles grabados en la base del pulgar de la mano izquierda, pasó junto a él. Cristo pidió otra botella. Nada para comer. Estaba esperando a alguien y no, no quería entretenerse picando. Se acordó del teléfono móvil. Se acordó de lo poco que a ti te gustaban y que, a pesar de ello, te habías comprado un modelo con casi tantas funciones como el suyo porque no soportabas la idea de quedarte rezagada. Chequeó los mensajes, las llamadas al contestador y los correos electrónicos. Mientras se cargaban los protocolos del 3G portátil, abrió la estúpida aplicación de dibujo y garabateó una telaraña con el stylus sobre la pantalla táctil. Ningún mensaje, por ningún canal. Pero la telaraña se iba a quedar ahí. Era el primer archivo de dibujo que guardaba en la giga y media disponible en la memoria del teléfono. Una telaraña que recordaba ligeramente a una fractal, en cuyo centro estabais tú y él, moscas mutadas de ojos blancos esperando a la araña de una sociedad que les teme y les odia a partes iguales —¿recuerdas tú aquellas discusiones eternas en el laboratorio, sobre cómo los cómics de superhéroes habían ensuciado de tal modo la mezquina cultura popular imperante que os hacían quedar a ti y a los tuyos y a los suyos como gilipollas recalcitrantes en mallas y con escotes abiertos hasta el ombligo?—, otras moscas alrededor, igual de atrapadas pero desde luego no tan especiales: las dos Zorritas Borrachas y el Chico Reptiliano de cuyo brazo metafórico iban colgadas y los Provinciano y el Camarero Taleguero y ese hombre con aspecto de tambor simpático en una esquina de la telaraña a cuadros rojos y blancos, el que ya había pedido la cuenta tres veces y aun así no le hacían caso, y todos los demás… Centrémonos un momento en el Hombre Tambor, por favor. Bien podría pasar por uno de los técnicos que se encargaban de vuestro seguimiento antes de que os fugaseis del Complejo: sonrisa de agradable morsa domesticada, desagradable agradabilidad bajo capas y más capas de contratos sociales mal entendidos castrándole la verdadera voluntad subyacente, odioso y sin ningún otro talento aparente más que el tratar de imponer con su voz nasal y aterida por la obesidad mórbida un anquilosado sistema de creencias que, a pesar de los limitadas e infantiles y caducas que eran, le rebosaban los márgenes de sus cortísimas entendederas. Un zángano. <em>Un zángano orondo; mira cómo le brilla la frente, lo único brillante en su existencia, mientras se indigna; no es tan divertido cuándo eres tú el que debería ser mimado pero sólo recibe descuido y rechazo, ¿verdad?</em> El Hombre Tambor se puso en pie con un espasmo y la telaraña entera se sacudió. Los atrapados en los bordes más alejados ni se inmutaron, pero el centro, donde el delicioso festín Cristo Feral esperaba lo inevitable o, en su defecto, a ti, tembló con un ocho coma tres en la escala Richter, la telaraña se quebró a su alrededor y la mosca voló libre, sobreflotando —algo así como sobrevolar, pero no tan abrupto, no tan físico e inmediato y liberador, más como flotar por encima del Todo, con T mayúscula, ascendiendo en una corriente de hálito caliente en chimenea, no lanzado sino alzado, no mediante impulsores sino por suspensión etérea, fantasmagórica—, igual que aquella vez en la que os testaron mandándoos al sol por vuestros propios medios: tú misma te encargaste de quebrar las leyes de la gravedad de forma que no aplicasen para vosotros, sobreflotando el Complejo, saliendo de allí por una de las claraboyas del laboratorio, besándoos al acariciar las nubes y alimentándoos de radiación solar, el vacío del espacio exterior un estanque pletórico en el que os dejasteis llevar por la corriente de materia oscura que él alteró a modo de rumbo seguro, de cabeza, hacia arriba, hacia los lados, buceando pero emergiendo sin límite superficial, hacia el corazón de la estrella madre. Él, entonces, dijo: «Martha Nova, hija de la Luna, te quiero porque no existe nada como tú y dudo mucho que pueda volver a crearse». Parloteo de superseres. Ella contestó que no pensaba volver a llamarte Hijo de Dios, y es que ya te lo tenías lo suficientemente creído, pero que te quería mucho también. Se diría que fue allí mismo, durante aquel experimento con el que henchisteis tanto el orgullo de los mandamases del programa espacial, cuando se fraguó vuestra fuga. Al menos a Cristo le gustaba creerlo así. El Hombre Tambor arrastró los pies hasta la caja registradora en uno de los extremos de la barra del restaurante. Cristo volvió del sol a ahora. No iba a dejar que precisamente él saliese de allí indemne. Murmuró una canción que hablaba de sobreflotar y se quedó en tierra:</p>
<p style="text-align: justify;"><br class="spacer_" /></p>
<p style="text-align: center;">Quiero hacerlo bien.<br />
 Cierra la puerta y tira de las sombras<br />
 y trepa los muros.<br />
 Siente cómo la medicina cura las arrugas de la edad.<br />
 Estoy aquí y ahora me he ido.<br />
 Ahí mismo y lejos.<br />
 Nada va a pinzar este nervio mío.<br />
 Quiero hacerlo bien.</p>
<p style="text-align: justify;"><br class="spacer_" /></p>
<p style="text-align: justify;">Se levantó de su asiento y se fue a por el Hombre Tambor. Le alcanzó justo cuando el otro se llevaba una mano al bolsillo trasero de los pantalones para sacar la cartera. Cristo se plantó detrás del hombre y le abrazó. Con todas sus ganas. Un abrazo de perdón. De padre más que de hermano o amante. Inmediatamente, sus poros empezaron a sudar encimas estupefacientes que se transfirieron golosas a la piel del otro, a través de la camisa y de los pantalones y de la ropa interior, desde las glándulas excretoras de Cristo a los receptores de opiáceos del hombre en un viaje tan rápido que la velocidad del mismo volvió eternidad el breve momento de estupor del abrazo por sorpresa que había golpeado al gordo. Cuando la psicosis psicodélica inducida del Hombre Tambor se afinó en el tono correcto, Cristo entró en él. Fundió su conciencia con la concha exterior del hombre y retocó los coeficientes de vibración subatómica necesarios y la atravesó y le espió, de dentro a fuera, mirando a través de sus ojos, recuperando sentidos que su nuevo huésped se había permitido atrofiar, sintiendo a través de ellos casi tanto como a través de la piel y el vello y los oídos y las papilas gustativas y las narinas. Más allá del arcoiris de las drogas insufladas a traición, a través de los instrumentos sensoriales del Hombre Tambor, el Piazzenza fue durante un rato un paisaje marciano, una tundra de óxido a cuadros rojos y blancos en el que un puñado de formas más o menos antropomorfas celebraban un ágape religioso, quizá una conmemoración de la segunda llegada del Mesías, aunque también cabía contemplar la posibilidad de que simplemente se tratase de algún tipo de tradición de asueto semanal, un Sabbath en el planeta rojiblanco, un Domingo extraterrestre. Los marcianos se amontonaban alrededor de una de las hembras para beber el fluido mercurial que manaba de sus senos. La capciosa gravedad del lugar hacía que la leche de comunión se desplazase en suspensión, en grumos, de los pezones de la hembra rubia con la piel teñida de Burdeos y estrellas festivas a las bocas de su congregación. Animalejos retorcidos y desollados, condimentados con salsas multicolor, rompían con su presencia casi herética el diseño uniforme de las dunas en el llano ocupado por el cuadro ceremonial. Etiquetas biolumiscentes como tildes formadas por enjambres inteligentes de ácaros diodos surgían de las cabezas de los humanoides, una interfaz de realidad aumentada a disposición del recién llegado y su parásito. <em>Están todos los que son</em>. Las etiquetas ondulantes al capricho del viento marciano señalaban a sus propietarios en un hipotético catálogo etnológico: Camarero Taleguero, una mantis de casi dos metros de altura y forrada de pelo duro y áspero, con los rasgos tatuados en un rostro que, sin la tinta, sería sólo una membrana desplegándose como una vela abierta desde el cuello y recubriendo una abertura carnosa que hacía las veces de cavidad bucal y orificio respiratorio; Chico Reptiliano, otra criatura insectoide, aunque éste completamente pelado y con la espalda tocada por dos grandes alas de cuero cuarteado que emitían un siseo rítmico al rozarse una con otra, sirviendo de acompañamiento musical al banquete —el Camarero se relamía después de haber ingerido su mercurio ambrosía y, con marcado acento italiano, le decía al Chico: «Si no te decides, te recomendaría que pidieses lo mismo que la última vez»; «Quería probar algo nuevo», le contestó éste;<em> </em>«Yo me apunto a lo que tú pidas», injirió entonces una tercera criatura, de menor tamaño que las otras dos y formas algo más redondeadas, quimera de exoesqueleto afilado, en el que se enredaban un millón de zarcillos musculares blandos y suaves, y cabeza de medusa, etiquetada como la Zorrita Gamma—; Zorrita Beta, idéntica a su gemela homónima, estaba tumbada sobre la arena y esperaba el bombardeo lácteo que caía lentísimo desde las glándulas mamarias de la oficiante, marcada por la salmodia lumínica con un aclaratorio Provinciana —una versión ajada y enturbiada y arrugada de las otras dos hembras, con dos millones de zarcillos gruesos, de vino y chispas, enroscándose en los palillos gastados que le hacían las veces de extremidades, sujetando los dos enormes pechos de matrona en el centro matemático de su estructura—; Provinciano, una estatua de sal erigida junto a su esposa en honor a la grandeza pretérita de los hombres-mantis, parecía haber muerto hacía tiempo, y su etiqueta palidecía en minúsculas y viejas enanas rojas de ácaros intermitentes que luchaban por un segundo más de supervivencia usando como combustible los cadáveres de sus hermanos extintos. El Hombre Tambor y su Cristo parasitario se acercaron al grupo. El huésped quería beber también, integrarse, tomarse la licencia de fingirse uno más, de sopetón, sin que le invitasen y esperando que a los otros no les importase. Cristo no estaba tan seguro. ¿Qué mandaría la corrección política en casos como aquellos? Cristo preguntó, a nadie en particular: «¿Puedo?» Fue Zorrita Beta —su etiqueta se desplegó y creció, la etiqueta aceptó la palabra, se activó por la palabra, <em>la única herramienta que han logrado aprender…</em>— quien le contestó con un chillido de pánico: «¡No! ¡No! ¡Yo no, por favor!».</p>
<p style="text-align: justify;"><br class="spacer_" /></p>
<p style="text-align: center;">Sostén la poción,<br />
 desgárrate la sombra,<br />
 acuérdate de olvidarte y entonces dale otro nombre a la vergüenza.<br />
 Quiero hacerlo bien.</p>
<p style="text-align: justify;"><br class="spacer_" /></p>
<p style="text-align: justify;">El Hombre Tambor le vomitó fuera de nuevo cuando Cristo le partió el cuello. Hubo un momento refractario en que la situación estuvo demasiado confusa. Cuando Cristo volvió a ser él, Feral, autoconsciente, ya estaba agarrando a la Zorrita Beta por un brazo mientras lanzaba una patada que casualmente fue a dar en la rodilla del Chico Reptiliano, quien acababa de ponerse de pie para arrebatarle a Cristo el cuchillo que blandía en la mano libre. Creo que fue más o menos por entonces cuando tú llegaste. En el interludio tras el abrazo al Hombre Tambor y la constatación de las intenciones de muerte que Cristo albergaba con respecto a éste, el Camarero Taleguero se las había ingeniado para llamar a la policía y seguramente algo debiste sospechar al oír las sirenas yendo en tu misma dirección —en aquellos días a y ti y a él aún os quedaban muchos superpoderes por descubriros, no te lo tomes a mal—, porque corriste y alcanzaste las puertas del restaurante casi a la vez que ellos. Casi. Uno de los hombres de uniforme te obligó a quedarte tras el cordón que delimitaba el perímetro de seguridad y te dejó aparte de lo que estaba pasando dentro. ¿Llegaste a ver a los francotiradores tomando posiciones tras la hilera de coches aparcados frente a la fachada del Piazzenza? En sus miras telescópicas, Cristo era, dependiendo del aumento en que los tiradores las hubiesen fijado, un payaso repartiendo jolgorio entre los comensales o un experto en artes marciales que se movía con la gracilidad de una maquina felina de aniquilación. El payaso hacía sonar su nariz postiza y al público se le desencajaba la mandíbula de puro reconocimiento. El experto en artes marciales hería e incapacitaba y se escurría como un ánima de dolor y descoyuntaba articulaciones. Los Provinciano recibieron del payaso una flor de plástico que bailaba al son de las palmas. Del artista marcial, sendos hachazos con el canto de la mano desnuda que les desencajaron las vértebras cervicales. El Camarero Taleguero aceptó con gusto un globo en forma del salchicha que el payaso había modelado para parecer una jirafa, junto con una serie de puñetazos calculados para reventarle la caja torácica y ahogarlo en una marisma de hemorragias internas. Uno maquilló al Chico Reptiliano de azafata de Clown, el otro le reventó el tabique nasal ayudándose con el cráneo inconsciente de una de las Zorritas, quien más tarde fue coronada princesita del restaurante y degollada con una botella rota de cava. La Zorrita Gamma voló hacia la otra punta del salón como un hada preciosa, como un fardo inerte tras una perfecta llave de judo. Cuando sus signos vitales fueron los únicos que seguían en pie en el interior del restaurante, Cristo gritó: «¡¡Voy a salir!!». «¡No te molestes!», replicó un megáfono tras el cordón policial. La señal para abrir fuego, hacer saltar en pedazos la cristalera de la fachada a balazos, borrar al obsceno asesino de la faz de la existencia a plomo y fuego. «¿Perdona? ¿Que no me moleste qué?». «Que no te molestes, colega, no vale la pena», le dijo el Chico Reptiliano después de que los francotiradores hubiesen acabado con él, «esa a la que estás esperando no va a venir». Cristo eructó y se mareó un poco ante la posibilidad de que el limbo, o dondequiera que fuese que las balas le habían llevado, pudiese parecerse tanto al Piazzenza, sintió frío. <em>El infierno, está visto, va a ser esperarte aquí por toda la eternidad</em>. <em>Me cago en la puta</em>. «¿Cómo sabes que estoy esperando a una mujer?», le preguntó al Chico, aceptando cierto acuerdo tácito de vecinos de averno. «Sólo un marica esperaría tanto tiempo a otro tío, y tú bebes demasiado para ser marica». ¿Tenía aquello sentido? <em>Predestinados a no encontrarnos</em>. Las balas no le habían llevado al otro lado del Horizonte Final. Claro que no. Aun así le habían hundido en una forma de letargo prosaico que tampoco era mucho más agradable. <em>La Hija de la Luna y yo</em>: <em>fases de solapamiento imposible, no se dirá que no nos lo advirtieron</em>. Cristo se despegó de la telaraña tirando con todas sus fuerzas. Algunos hilos quedaron adheridos en la silla de la que no había separado el trasero en toda la noche, haciendo que así, de algún modo, permaneciese para siempre unido de forma umbilical a aquella noche. También el Hombre Tambor, a pesar de haberse marchado del sitio ya hacía más de tres cuartos de horas, se había llevado un hilo con él. Y el Chico Reptiliano y las Zorritas y los Provinciano. Y el Camarero Taleguero al que Cristo abonó la cuenta por las copas vacías antes de marcharse. Conectados por una pegajosa maraña de futuros hipotéticos. El primer don que los del laboratorio habían injertado en Cristo. Doblar supercuerdas y, a imagen y semejanza de los Poliédricos Elementales, poder habitar todas las caras del prisma al tiempo. Fuiste tú la que convirtió a este mercenario multidimensional al pacifismo, y ahora hay hilos de piedad y empatía por todos lados. <em>Martha Nova</em>… ¿puedes ver los hilos?&#8230; <em>Martha Nova</em>&#8230; ¿tu visión de Rayos X podría dilucidar los devaneos del pobre Cristo Feral por el Metacontinuum, sobreflotando más que deambulando por el escenario de la vida flotante de la que tu desidia le expulsó? <em>Martha Nova, Hija de la Luna y ya no esposa de Cristo Feral</em>… ¿De qué os sirve ser más humanos que los humanos si no podéis mantener las apariencias? <em>Tanto poder en tan malas manos</em>… <em>¿De verdad has olvidado el colofón de nuestra fuga?</em> Cristo salió del restaurante en un efluvio a cuadros rojos y blancos, pringándolo todo de seda húmeda. Vientre de tinto y blanco pescador. Una helada tundra marciana le dio la bienvenida y las buenas noches. Ni modificando todo su código genético para transformar su masa en diamante iba a poder cortar los hilos de la noche. Buenas noches a ti también, si te sirve de consuelo. Se arrebujó dentro de su cazadora y echó a andar por el multiverso, con la esperanza puesta en encontrarse contigo en el escenario del subsiguiente accidente paraconsistente.</p>
<p style="text-align: justify;"><br class="spacer_" /></p>
<p style="text-align: justify;"><em>…¿lo pillas?</em></p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy;  Francisco Javier Pérez<br />Reproducido con permiso del autor</span></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.humoyespejos.com/2009/09/07/sexto-informe-de-la-vida-flotante/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Polichinela</title>
		<link>http://www.humoyespejos.com/2009/06/01/polichinela/</link>
		<comments>http://www.humoyespejos.com/2009/06/01/polichinela/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 01 Jun 2009 04:22:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Santiago Eximeno</dc:creator>
				<category><![CDATA[Teatro de sombras]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.humoyespejos.com/?p=392</guid>
		<description><![CDATA[¡Judy, querida!
¡Judy, amor mío!
Sube las escaleras.
Punch y Judy

El cuerpo yace en el suelo, la espalda apoyada contra la pared. Está desnudo, los ojos cerrados, los dedos de la mano derecha crispados, como si quisiera atrapar el aire que se desliza entre ellos. Su piel está surcada de heridas, trazos abiertos al azar por un escalpelo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>¡Judy, querida!<br />
¡Judy, amor mío!<br />
Sube las escaleras.</em></p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>Punch y Judy</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">El cuerpo yace en el suelo, la espalda apoyada contra la pared. Está desnudo, los ojos cerrados, los dedos de la mano derecha crispados, como si quisiera atrapar el aire que se desliza entre ellos. Su piel está surcada de heridas, trazos abiertos al azar por un escalpelo descuidado. La sangre alrededor de las heridas se ha secado y se ha vuelto oscura, y sólo una maraña deshilachada de un color rojo brillante busca su camino entre los pliegues de la carne para desembocar en la tarima.</p>
<p style="text-align: justify;">El cuerpo yace en el suelo de una habitación pequeña, apenas amueblada. Contra una de las paredes se apoya, carcomido por la edad, un viejo armario de puertas de espejo -quebrado aquí y allá, heridas provocadas por el impacto del cuerpo contra las hojas- y, junto a la puerta abierta, una cómoda volcada con los cajones abiertos. Su contenido (ropa interior femenina en su mayoría, la idea retorcida del paraíso para un pervertido) ha cristalizado a su alrededor en un inesperado intento de fuga.</p>
<p style="text-align: justify;">El cuerpo pertenece a un hombre, pero poco nos importa, pues al fin y al cabo es sólo un cuerpo, y los cuerpos no son más que vehículos necesarios para que los verdaderos protagonistas puedan narrar la historia.</p>
<p style="text-align: justify;">En el suelo, junto a una de las manos del cuerpo, está el cocodrilo hambriento. Piel verde brillante, escamas de color verde oscuro recorriendo su espina dorsal, grandes ojos negros como un día sin esperanza. Tiene la boca abierta, y una lengua larga, roja, escapa de ella y resbala entre sus  desproporcionados dientes.</p>
<p style="text-align: justify;">El cocodrilo espera.</p>
<p style="text-align: justify;">(No puede hacer otra cosa)</p>
<p style="text-align: justify;">Espera a que el cuerpo se levante; sabe que antes o después lo hará. El que haya hecho esto -las heridas, los golpes, la sangre- ha sido torpe, descuidado. El cocodrilo sabe que pronto estará de nuevo vivo, dispuesto a enfrentarse a lo ocurrido.</p>
<p style="text-align: justify;">No se equivoca.</p>
<p style="text-align: justify;">Nunca lo hace.</p>
<p style="text-align: justify;">Conoce la historia al dedillo, como todos los demás, y aunque a veces la trama sufre ligeras variaciones, adaptándose a la época, la historia siempre es la misma. Tragedia, risa. Y un hurra cuando muere el Diablo.</p>
<p style="text-align: justify;">El cuerpo gruñe, ahoga un grito, se incorpora entre gemidos. De su frente brota la sangre, resbala por su rostro anodino. El cuerpo da unos pasos dubitativos, mira a su alrededor. Cuando descubre la marioneta de tela en el suelo, frente a él, sonríe (si la expresión que se forma en su cara puede denominarse así, pues no sabemos a ciencia cierta si los cuerpos sonríen) y se acuclilla junto a ella. Las heridas en sus muslos se abren, la sangre se vierte con desgana. El cuerpo extiende su mano y la introduce en el interior de la marioneta, y</p>
<p style="text-align: justify;"><em>cuando</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em> lo</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em> hace</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em> </em></p>
<p style="text-align: justify;">Cocodrilo despierta, hambriento. Mira a su alrededor, inquieto, pues ha transcurrido demasiado tiempo (una eternidad) desde la última vez que ha estado despierto. ¿Qué ha ocurrido? Le cuesta recordarlo. Una sombra, un golpe. Después, el silencio y el olvido.</p>
<p style="text-align: justify;">Cocodrilo abre la boca, la cierra. Mira a su alrededor, nervioso. ¿Dónde está Judy? Cocodrilo guía a su soporte hasta la puerta, le ordena que la abra. En el exterior del cuarto todo está oscuro. Cocodrilo busca el interruptor de la luz con la boca: deja que su lengua resbale por la pared, acaricie su superficie con delicadeza, hasta que siente el tacto del plástico y se detiene. El soporte emplea su mano libre para pulsar el interruptor una, dos, tres veces. La luz no llega. Tendrán que avanzar en la oscuridad, recorrer el pasillo, bajar las escaleras, llegar a la puerta, salir al exterior.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero antes necesita encontrar a Judy.</p>
<p style="text-align: justify;">Ella le contará lo que ha ocurrido, le ofrecerá una explicación.</p>
<p style="text-align: justify;">Porque</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">El cuerpo cayó al suelo y la marioneta resbaló de sus dedos. Trató de incorporarse, pero se detuvo. Lo primero era volver a ser uno con el cocodrilo. Lo importante era volver a ser. Así que</p>
<p style="text-align: justify;"><em>introdujo</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>su</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em> mano</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em> </em></p>
<p style="text-align: justify;">Judy siempre lo sabe todo, por eso.</p>
<p style="text-align: justify;">Cocodrilo avanza envuelto en sombras. Abre mucho los ojos, tratando de captar algún detalle en su avance a ciegas, algo como el contorno de un mueble, algo que le permita identificar su entorno y mantener indemne (olvida sus heridas, olvida su estado) a su soporte. No lo logra. La oscuridad lo devora todo, como un cocodrilo hambriento. El soporte tropieza, a punto está de caer. Cocodrilo se impacienta. Oye un gemido a su espalda, y entonces el soporte se arrodilla en el suelo (un golpe seco) y vomita ruidosamente. Cocodrilo lamenta no poseer el sentido del olfato, pues sabe que lo que perturba a su soporte puede conducirle hasta Judy. Lo sabe.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;"><strong><em>Sssshhh, silencio, niños.</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Avanzan hacia una línea de luz que quiebra el suelo, resbala bajo la puerta. Esa puerta conduce al cuarto trastero, donde tantos esperan pacientemente que vengan las manos a llevarlos. Cocodrilo acerca su gran boca al pomo de la puerta. Retrocede contra su voluntad. Percibe ahora el humo que emana de la hoja, que resbala por el suelo como niebla. Percibe el calor. A pesar de ello abre la boca, enrosca su lengua alrededor del pomo (ignorando el dolor del soporte, el gemido) y abre la puerta.</p>
<p style="text-align: justify;">Tose, le lloran los ojos.</p>
<p style="text-align: justify;">Al menos esas son las sensaciones que pretende transmitir a su público.</p>
<p style="text-align: justify;">Su soporte, menos dado al histrionismo, gimotea cuando entran en el cuarto. Apenas quedan llamas ya, pequeños focos desperdigados por el cuarto como reliquias olvidadas. En el ambiente flota un dulzón olor a combustible, el mismo que antes empapaba el suelo, las paredes.</p>
<p style="text-align: justify;">Cocodrilo ve las cenizas negras que han mordido la tela, que han devorado la vida de sus amigos como un cáncer, quebrando toda posibilidad de restauración. Joey el payaso, la preciosa Polly, el agente de policía, el ciego, el doctor&#8230; todos, convertidos en cenizas. Cocodrilo abre la boca, grita, un grito distorsionado de tela y teatro de marionetas. ¿Quién ha podido hacer algo así? ¿Quién?</p>
<p style="text-align: justify;">La respuesta le llega al instante.</p>
<p style="text-align: justify;">El señor Punch.</p>
<p style="text-align: justify;">El celoso, enfermizo y desquiciado señor Punch.</p>
<p style="text-align: justify;">Sólo ese horror oculto entre las bambalinas sería capaz de hacer algo así. Cocodrilo se acerca a los cuerpos mutilados, acariciando corchetes, tela, madera, gomaespuma; consciente de que no podrá infundirles vida de nuevo, consciente de que ningún soporte les devolverá al teatro de la existencia.</p>
<p style="text-align: justify;">El soporte se tambalea, se cubre el rostro con la mano libre. Cocodrilo sabe que el humo no es bueno para él, así que decide salir al exterior, a la oscuridad. No ve nada, avanza a ciegas. Comprende</p>
<p style="text-align: justify;">(tarde, demasiado tarde)</p>
<p style="text-align: justify;">que el soporte le ha conducido hasta las escaleras. Entonces oye la risa, la terrible risa, y siente el viento en sus ojos negros cuando el soporte tropieza y caen por los escalones, abajo, abajo, más abajo.</p>
<p style="text-align: justify;">Queda allí tumbado, a los pies de su soporte que, inmóvil, con los ojos muy abiertos, ha dejado de gemir. Cocodrilo comprende que el soporte está roto, para siempre. Siente miedo. Siente tristeza. Por él, por Judy, por el bebé, el hermoso bebé. ¿Qué le habrá hecho el señor Punch al bebé?</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces oye de nuevo la risa, y con ella, la voz.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;"><strong><em>¿Se puede saber qué estáis mirando, niños?</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Oscuridad. Permanece atento, pues en la oscuridad la voz procedente de las bambalinas es auténtica.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Dónde está?, pregunta Cocodrilo.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Dónde está el señor Punch?</p>
<p style="text-align: justify;">Vamos, díselo.</p>
<p style="text-align: justify;">Díselo a gritos.</p>
<p style="text-align: justify;">Los niños gritarían, los niños se lo dirían.</p>
<p style="text-align: justify;">Todos quieren a Cocodrilo.</p>
<p style="text-align: justify;">El señor Punch está allí, allí, allí, tras él, oculto entre las sombras, sosteniendo entre sus mandíbulas desencajadas el cuerpo mutilado del bebé. Saldrá de un momento a otro y se abalanzará de nuevo sobre Cocodrilo. Terminará lo que vino a hacer. El señor Punch ha dejado el palo a un lado, y en una de sus manos sostiene un mechero. En la otra una lata de gasolina.</p>
<p style="text-align: justify;">Vamos, ¿dónde está el señor Punch?</p>
<p style="text-align: justify;">Dilo.</p>
<p style="text-align: justify;">Grítalo.</p>
<p style="text-align: justify;">Allí, allí.</p>
<p style="text-align: justify;">Dilo.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Allí, allí!</p>
<p style="text-align: justify;">¡Detrás de tí!</p>
<p style="text-align: justify;">Hazlo.</p>
<p style="text-align: justify;">Si no lo haces Cocodrilo, como todos los demás, morirá.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;"><strong><em>Si lo haces te arrancaré los ojos y te abriré en canal, maldito seas.</em></strong></p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy;  Santiago Eximeno<br />Reproducido con permiso del autor</span></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.humoyespejos.com/2009/06/01/polichinela/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La sala de los recuerdos</title>
		<link>http://www.humoyespejos.com/2009/05/27/la-sala-de-los-recuerdos/</link>
		<comments>http://www.humoyespejos.com/2009/05/27/la-sala-de-los-recuerdos/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 27 May 2009 04:34:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Carlos Planells</dc:creator>
				<category><![CDATA[Teatro de sombras]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.humoyespejos.com/?p=221</guid>
		<description><![CDATA[ 
Algún tiempo después de haber muerto, Bruno se encontró sentado en una estancia donde todo era blanco y con la sensación de que la cabeza le daba vueltas. Cerró los ojos y volvió a abrirlos, y miró de nuevo el lugar en que se hallaba. No adivinaba qué era aquello ni qué estaba haciendo allí. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Algún tiempo después de haber muerto, Bruno se encontró sentado en una estancia donde todo era blanco y con la sensación de que la cabeza le daba vueltas. Cerró los ojos y volvió a abrirlos, y miró de nuevo el lugar en que se hallaba. No adivinaba qué era aquello ni qué estaba haciendo allí. Miró su cuerpo. No sabía siquiera sobre qué estaba sentado; una especie de nube de algodón parecía que le envolviera, algo parecido a espuma. Miró más allá y vio a dos tipos que hablaban entre ellos. Uno le daba la espalda, y el otro, que lucía una barbita corta, era calvo y de rostro delgado, le dirigió una rápida mirada sin dejar de charlar. Ambos parecían que llevasen una especie de túnica o ropaje azul eléctrico.</p>
<p style="text-align: justify;">Después de lo que le parecieron varios minutos, el calvo de la barbita se despidió del otro, que desapareció por algún lugar de aquella estancia, y se acercó a Bruno, con una leve sonrisa en el rostro y mirándole con fijeza.</p>
<p style="text-align: justify;">-Oiga&#8230; -empezó a decir Bruno, cuando ya llegaba junto a él-. No sé qué hago aquí&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Claro, claro. Mire, Bruno&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Conoce mi nombre? -le interrumpió Bruno, extrañado.</p>
<p style="text-align: justify;">-Por supuesto -el hombre ensanchó un poco más su sonrisa-. Usted es Bruno Camps Ripoll.</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí&#8230; ése es mi nombre&#8230; Pero, ¿cómo lo sabe usted? ¿Y qué sitio es éste, qué hago yo aquí?</p>
<p style="text-align: justify;">-Bueno, en primer lugar deje que me presente. Soy Sigma. En cuanto a lo que hace usted aquí&#8230; En fin, creo que ya lo sabe. Usted está muerto.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Muerto? -Bruno se quedó mirando al llamado Sigma como si no creyera lo que había oído-. ¿Muerto? Pero&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Lo sabe, Bruno. Lo sabe muy bien. No murió de un accidente, ya lo irá recordando. Pero no tiene importancia si no lo recuerda. Ya tenía usted setenta y siete años, y sufría una grave enfermedad&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-No me siento como si tuviera setenta y siete años -dijo Bruno, y pensó que eso era una estupidez casi en el instante mismo de oír sus propias palabras.</p>
<p style="text-align: justify;">-Desde luego. No debe sentirse así. De hecho, no debe sentirse de ninguna edad.</p>
<p style="text-align: justify;">Bruno le miró desconcertado.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Qué aspecto tengo? -preguntó.</p>
<p style="text-align: justify;">-El suyo. El de Bruno Camps Ripoll.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿El de un hombre joven? -insistió-. Me siento como si fuera así.</p>
<p style="text-align: justify;">Sigma suspiró levemente.</p>
<p style="text-align: justify;">-Bruno, eso no es importante, la verdad. Y no espere hallar espejos para comprobarlo.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Qué sitio es éste?</p>
<p style="text-align: justify;">-Eso tampoco es importante por ahora para usted. En todo caso, le diré que estamos en la sala de los recuerdos.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿La sala de los recuerdos? ¿Qué recuerdos?</p>
<p style="text-align: justify;">-Bien, Bruno; verá, ése es un poco el problema que tenemos con usted. Se supone que ha de encajar en el  recuerdo de alguien&#8230; Pero no podemos o no conseguimos encajarle todavía.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Encajarme? -Bruno estaba cada vez más desconcertado.</p>
<p style="text-align: justify;">Sigma asintió con la cabeza.</p>
<p style="text-align: justify;">-Esto tiene que ser una broma. Debo de estar soñando.</p>
<p style="text-align: justify;">-No es ningún sueño, Bruno. Lo sabe muy bien. Usted murió en el hospital, en la Clínica Delfos, concretamente, en el transcurso de una segunda intervención quirúrgica. Puede que recuerde imágenes de su entrada en el quirófano, o puede que no. Eso no es importante, quedó ya atrás. Si le sirve de consuelo, no sufrió; estaba anestesiado.</p>
<p style="text-align: justify;">-Estoy viviendo una pesadilla -dijo Bruno mirando aquel lugar donde sólo había blancura.</p>
<p style="text-align: justify;">-No, Bruno, tranquilícese. En cuanto le encajemos, todo acabará.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Cuando me encajen?</p>
<p style="text-align: justify;">-Eso es. Me hago cargo de su desconcierto. Usted debería haber ido directamente a los recuerdos de otra persona ya fallecida&#8230;, pero algo no ha ido como debía y no ha sido posible. Aún no es posible, sería mejor decir. Pero no debe preocuparse. No es un caso inhabitual. Por ejemplo, suele ocurrir con los niños. Un niño, de la edad que sea, casi siempre ha de esperar a la muerte de algún adulto que le recuerde. Ellos&#8230; ya tienen ese destino establecido. El tiempo de espera hasta conseguir el encaje es para los niños como un juego y nosotros estamos preparados para afrontarlo y ocuparnos de ellos.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Y quiénes son ustedes?</p>
<p style="text-align: justify;">-No tiene importancia para usted, Bruno. No debe preocuparle nada, ya le digo.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Que no debo preocuparme? -replicó Bruno, indignado-. ¡Pues claro que me preocupa! ¡Todo esto me preocupa! ¿Cómo quiere que me haga cargo de estar muerto si me siento vivo&#8230;?</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Vivo? -Sigma le contempló fijamente-. ¿De verdad se siente usted vivo?</p>
<p style="text-align: justify;">-Pues claro, yo&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Pellízquese -le ordenó Sigma.</p>
<p style="text-align: justify;">Bruno, tras una duda, hizo lo que Sigma le pedía&#8230; y no pudo pellizcarse. ¿Y sus brazos? ¿Y su carne? No sentía nada. ¿Dónde estaba su cuerpo? Le parecía como si estuviera hundido en aquella nube de algodón, como podía estar hundido en una piscina, sólo con la cabeza fuera del agua. Le entró angustia, y luego creyó sentir mareos.</p>
<p style="text-align: justify;">-No&#8230; no puedo -dijo-. No siento&#8230; que tenga nada&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Cálmese, Bruno. Permanezca tranquilo. Usted es ahora tan sólo una forma de energía, por decirlo de una manera que lo entienda fácilmente. No puede sentir ni dolor ni placer. En cuanto haya entrado en los recuerdos de alguien, todo cambiará a mejor, ya lo verá. Incluso esta pequeña charla que estamos teniendo, desaparecerá de su recuerdo, como si nunca hubiera tenido lugar. Es una cuestión de tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Cuánto tiempo?</p>
<p style="text-align: justify;">-No se preocupe. Como le he explicado, no es una situación anómala. Yo estaré a su lado el tiempo que sea preciso. Mire, a los niños les solemos juntar con otros de su misma edad&#8230; es más divertido y relajante para ellos. Pero nunca hemos creído prudente hacerlo con adultos, ¿sabe? De la edad que sean.</p>
<p style="text-align: justify;">Bruno hacía esfuerzos para entender todo aquello, pero nada de lo que Sigma decía le satisfacía.</p>
<p style="text-align: justify;">-No quiere decirme la verdad de lo que es esto, ¿no es así? ¿Es el cielo? ¿El infierno? ¿Es usted un ángel enviado por el Todopoderoso?</p>
<p style="text-align: justify;">Sigma se rió, divertido.</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Cuántas preguntas, Bruno! Ya le digo que debe despreocuparse de todo.</p>
<p style="text-align: justify;">-Yo creía que no había nada después de la muerte&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Y quién dice lo contrario?</p>
<p style="text-align: justify;">Bruno le miró pasmado.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Cómo que quién? -dijo-. Pues si esto no es lo que hay después de la muerte, ¿qué diantre es?</p>
<p style="text-align: justify;">-Se empecina en atormentarse, Bruno -dijo Sigma, algo molesto, pero disimulándolo-. ¿Qué era lo que esperaba? ¿Un tribunal presidido por Dios Padre, su Hijo y el Espíritu Santo? ¿Y con la Virgen María de abogado defensor? ¿Es usted católico practicante?</p>
<p style="text-align: justify;">-No. No lo soy. Me educaron como católico, pero de mayor&#8230;, bueno, pasé de eso.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Y qué ocurre, pues? ¿Algo le decepciona?</p>
<p style="text-align: justify;">Bruno se dio cuenta de que Sigma trataba de ocultar su malestar, y procuró atemperar la situación.</p>
<p style="text-align: justify;">-No. Es que&#8230; Verá, Sigma, no sé muy bien lo que siento. Sólo hago preguntas para saber dónde estoy y qué hago aquí, qué me va a pasar, sólo eso&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Ya la he dicho todo cuando necesitaba saber. Está en la sala de los recuerdos, a la espera de ser encajado en el lugar que le corresponda en otra persona, otro fallecido. Alguien fallecido con anterioridad y que desee recordarle a usted. Entrará dentro de esos recuerdos, para siempre. Y todo esto de ahora, se olvidará. Tendrá un cuerpo, y una edad concreta, la que le ponga esa persona que le recuerde.</p>
<p style="text-align: justify;">Bruno se quedó mirando a Sigma. Al cabo de unos momentos, preguntó:</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Y espera que me crea eso?</p>
<p style="text-align: justify;">-Algo me decía que usted me saldría con eso -suspiró Sigma.<br />
-Pero es que no tiene lógica&#8230; -empezó a decir  Bruno, pero Sigma le cortó con brusquedad.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Usted se rige por la lógica? Hace muy mal. La lógica está bien para las operaciones matemáticas, y las reacciones de física y química. Las funciones&#8230; emocionales, por llamarlas así, carecen de lógica. Mire, le he dado ya la información que necesitaba saber. Incluso algún detalle de más. A los niños, que merecen la mejor de nuestras atenciones, nunca se les cuenta tanto. De hecho, casi nada.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿De verdad? Pues cómo les envidio -dijo Bruno con sarcasmo.</p>
<p style="text-align: justify;">-Hace muy mal -le replicó secamente Sigma-. ¿Envidiar a niños que muchos de ellos han muerto violentamente? ¿Cómo se cree que vienen tan pronto aquí? Mueren por hambre, por las guerras, a manos de violadores y pederastas. Los que tienen suerte, de enfermedad o accidente. Les han cortado la vida cuando apenas empezaban a saber lo que era, a muchos de forma brutal y salvaje. Cuando se produce una catástrofe natural,  pueden llegarnos a millares; lo mismo que en un atentado terrorista. ¿Les envidia? ¿De verdad les envidia?</p>
<p style="text-align: justify;">-Oh, está bien. Olvídelo. Lo siento. Es que todo esto&#8230; no sé hacerme a la idea.</p>
<p style="text-align: justify;">-Desde el primer momento le he dicho lo mismo: no se preocupe por nada.</p>
<p style="text-align: justify;">-Usted sólo sabe repetir eso: no se preocupe, no se preocupe&#8230; Pero es que yo no esperaba&#8230; -calló porque no sabía cómo seguir.</p>
<p style="text-align: justify;">-Nadie espera nada -le dijo Sigma, más amablemente ahora-. Algunos quizá, sí. Pero cuando&#8230; se cruza el umbral, por decirlo así, en ese momento no se espera nada. Ese instante preciso en que se produce la muerte, el término de la vida, es algo tan horrible, tan espeluznante, tan sobrecogedor, tan inmenso el temor, que quienes esperaban otra vida, un cielo o algo parecido, se desentienden de ello. No pueden pensarlo siquiera. Se está tan sobrecogido por lo que podríamos llamar el acto de la extinción que el cerebro se rebela. Usted tuvo suerte: estaba anestesiado y no fue consciente del paso del umbral. Pocos son tan afortunados; la mayoría están conscientes y viven el instante del&#8230; traspaso. Pero es muy breve, algo infinitesimal, y enseguida acaba. ¿Dónde va la llama cuando se apaga la vela?</p>
<p style="text-align: justify;">Bruno le miró con cierto temor, pero Sigma parecía sonreír ahora.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Sabe lo que dijo un escritor español? -continuó hablando Sigma-. &#8220;La vida no es más que un relámpago entre dos noches infinitas&#8221;. ¿No le parece hermoso?</p>
<p style="text-align: justify;">-Es&#8230; es espantoso. ¿Qué poeta dijo eso?</p>
<p style="text-align: justify;">-No fue un poeta. Lo dijo un famoso humorista.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Un humorista dijo eso? Me toma el pelo.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Qué tiene de extraño. Una frase es bella, hermosa, impactante, sincera o notable con independencia de quien la haya dicho. ¿Sabía usted que Adolf Hitler solía saludar con un cortés &#8220;Buenos días&#8221; a las visitas civiles que recibía? Es una frase de cortesía y educación, no importa quién la diga.</p>
<p style="text-align: justify;">Hubo un silencio, y luego Bruno dijo:</p>
<p style="text-align: justify;">-Así que eso es la sala de los recuerdos. No parece gran cosa.</p>
<p style="text-align: justify;">-Estamos en una parte de ella, tan sólo. El destinado a la espera de usted. Donde están los niños, es más divertido, desde luego. Así ha de ser, pues hasta que fallece un padre o una madre o algún otro pariente que les recuerde&#8230; El tiempo para ellos puede hacerse muy largo, ciertamente.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Y los adultos no podemos juntarnos como ocurre con los niños?</p>
<p style="text-align: justify;">-No, de ninguna manera.</p>
<p style="text-align: justify;">Bruno no tuvo ganas de insistir sobre el tema.</p>
<p style="text-align: justify;">-Hay algo&#8230; que no entiendo. Yo he de esperar a que alguien&#8230; ya muerto o aún por morir, ¿no?, me recuerde para entrar en sus recuerdos. Pero, ¿no es lo mismo con todos? ¿No todo el que muere entra en los recuerdos de otros fallecidos? ¿Es que hay quienes sólo se limitan a &#8220;recordar&#8221; gente, por decirlo así?</p>
<p style="text-align: justify;">-Verá, es un proceso&#8230; complejo de explicar y no tiene mayor importancia para usted. Ya sabe lo básico. Una vez esté encajado en un recordante, olvidará este encuentro y vivirá una apariencia de vida sin límite en el tiempo. En paz y felicidad.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Apariencia de vida? -Bruno se asustó al oír aquello.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Qué teme? Lo malo ha terminado ya. No hay mal alguno en la sala de los recuerdos. Por eso se llama así. Hay una curiosa tendencia en el ser humano: a la larga, siempre sobreviven los buenos recuerdos; los malos se van borrando de la memoria, se esfuerzan en no ser recordados, mientras que los buenos vienen de manera casi espontánea, como una visita grata e inesperada.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Y&#8230; y si nadie me recuerda? ¿Qué ocurre en tal caso?</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Por qué habría de ocurrir?</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Ocurre? ¿Ocurre o no?</p>
<p style="text-align: justify;">Sigma le repuso con la cara vuelta hacia otra parte de la estancia.</p>
<p style="text-align: justify;">-Eso no interesa ahora, Bruno. Deje de atormentarse. Espere, sin preocupaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Esperar, esperar, esperar! -Bruno estaba exasperado-. ¿A qué? ¿Y si nadie me recuerda, qué hará usted entonces? ¿Nos pasaremos aquí la eternidad esperando a que alguien muera, alguien que me recuerde? ¿No se da cuenta de que llegará un momento en que todos quienes vivieron al mismo tiempo que yo y me conocieron, por poco tiempo que fuera, ya habrán muerto también? ¿Qué hará cuando no quede vivo nadie que al morir pueda recordarme? ¿Alguien del siglo veinticinco? ¿Eso es lo que esperaremos? ¿Por qué he de esperar? ¿Por qué no puedo ser yo quien recuerde a otros? ¿Es que incluso después de haber muerto hay distinciones, clases, categorías, privilegios? ¿Por qué no puedo ser yo quien recuerde a otros? ¿Eh? ¡Contésteme a eso!</p>
<p style="text-align: justify;">Sigma suspiró otra vez y le miró brevemente, pero no dijo nada. Eso le indignó aún más.</p>
<p style="text-align: justify;">-Tengo que saberlo. Estoy siendo tratado injustamente. Todo esto&#8230; me acarrea sufrimiento psicológico&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Cállese, por favor, Bruno! -estalló de repente Sigma-. ¡Es usted&#8230; ridículo! ¡Absolutamente ridículo!</p>
<p style="text-align: justify;">Bruno se lo quedó mirando, estupefacto, sorprendido por aquel inesperado estallido de furia, tan opuesto a sus modales corteses y atentos, un tanto distraídos, hasta entonces. Ahora estaba muy claro que Sigma se había enfurecido con él por algo que Bruno había dicho. Así pues, decidió no insistir más y guardó silencio durante un rato, al cabo del cual le dijo en voz baja a Sigma:</p>
<p style="text-align: justify;">-Le ruego me excuse si le he ofendido en algo, pero es que esta situación&#8230; esta espera&#8230;  Si nadie me recordase&#8230; Usted ha mencionado antes a Hitler. A él no le debe de recordar nadie, ¿verdad? O sí. ¿O acaso es un recordador?</p>
<p style="text-align: justify;">-No puedo responder a esa clase de preguntas, Bruno.</p>
<p style="text-align: justify;">-Pero me ha hablado de los niños&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Eso es de carácter general. No puedo hablar de casos particulares, comprenda&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Es que me parecería injusto que alguien recordase a Hitler y a mí no me recordase nadie. Aunque ya me figuro que quienes le recuerden serán los millones de personas que hizo exterminar en sus campos de concentración&#8230; las cámaras de gas y todo eso&#8230; Personas que ahora disfrutarán haciéndole a él lo mismo que él les hizo a otros&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Bruno, no entiende usted nada -dijo Sigma, con cierto cansancio-. Aquí nada de eso cuenta ya. Se ha cruzado un umbral y todo ha sido dejado atrás, ya nada importa. ¿Cree que quien murió torturado, o de manera violenta, se recrea reviviendo sus instantes de dolor y sufrimiento? Desde luego que no. Son ellos los recordadores, los que recuerdan a los demás. Los que han muerto sufriendo, los que han sido torturados, los fallecidos en el transcurso de una guerra en la que ni siquiera combatían, los perseguidos, los asesinados por defender pacíficamente un ideal o una manera de pensar, las mujeres violadas y asesinadas, los niños masacrados, las víctimas de una catástrofe natural o de un accidente inesperado, los que fallecen tras una agonía terrible a causa de una enfermedad incurable, las personas usadas como tiro al blanco, los inocentes asesinados por capricho&#8230;, ellos, todos ellos son los recordadores. Todo aquel que ha sufrido o padecido de alguna manera en su repugnante planeta llamado Tierra. Pero no recuerdan sus momentos de dolor, de sufrimiento, de tortura, su agonía entre gritos de desesperación&#8230; No. Su recuerdo es una película sin fin de su mayor momento o de sus mayores momentos de felicidad. Aunque sólo hubiese uno en su vida, ése es el que recuerdan. Y en él entran quienes ellos quieren recordar. Quienes así lo merecieron o formaron parte de ese instante de dicha; quienes llevaron una vida anodina, sin sufrir dolor ni tortura, ni una muerte violenta, cruel, inesperada. Ésos son los recordados. A veces alguno puede convertirse también en recordador&#8230; Puede bastar una existencia infeliz, desdichada o una enfermedad dolorosa, para formar parte de los recordadores. Y varias personas pueden entrar en el recuerdo de otra, es frecuente. Lo llamamos mezclas. Eso pasa mucho con los niños, ¿sabe? Un niño puede estar en el recuerdo de varias personas a la vez&#8230; En el de su padre y su madre, y en el de un hermano, o una tía&#8230; otro pariente&#8230; Los niños no pueden ser recordadores, debido a su escasa edad, por muy dolorosa o espantosa que haya sido su muerte. Por eso tenemos con ellos esas atenciones y consideraciones especiales. Todos encajan. Casi todo el mundo acaba por encajar&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Casi todo el mundo? -repitió Bruno.</p>
<p style="text-align: justify;">Sigma le miró con desprecio.</p>
<p style="text-align: justify;">-Casi todo el mundo. Hitler, por el que me ha preguntado, está en los recuerdos de su madre. Allí vive, por decirlo empleando esa palabra que tanto le obsesiona, como un niño gordezuelo de nueve años, despreocupado y feliz, ignorante de que se convirtió en el mayor exterminador de seres humanos que ha conocido la historia, que hizo del aniquilamiento de personas casi una industria. Y sus víctimas, los que pasaron por los hornos crematorios, los gaseados, recuerdan momentos felices anteriores a todo aquello. El momento en que jugaban bajo la mirada de la madre que en la casa lavaba la ropa o preparaba la comida, sin saber ya nunca que cinco minutos más tarde vendrían a llevárselos camino de unas duchas de las que no era agua lo que salía de ellas&#8230; Sus recuerdos son una eterna primavera, una muñeca de trapo, barro en la calle con el que ensuciarse y nada más. ¿Le basta con eso o quiere más ejemplos? Una adolescente llamada Estrella Luján Paredes nunca recordará que fue violada y estrangulada a los quince años cuando cruzaba una mañana el bosque camino de la casa de su tía, que la enseñaba a bordar. Su vida, su único recuerdo, es una eterna mañana en casa de su tía, aprendiendo a bordar, escuchando canciones por la radio y riendo con su tía&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Bruno sintió que algo se rompía en él.</p>
<p style="text-align: justify;">-Estrella&#8230; oh. Dios&#8230; Estrella&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Ha preguntado, ha querido saber. Y no le gustan las respuestas.</p>
<p style="text-align: justify;">-Yo&#8230; lo había olvidado&#8230; yo&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-¿De veras? ¿Lo había olvidado? Desde el primer momento le he dicho y repetido continuamente que no se preocupara por nada, que no debía preocuparse por nada. Pero no ha querido hacerme caso, no ha querido callar&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Estrella&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Eso es. Estrella. A la que cuando usted tenía dieciocho años, violó y estranguló.</p>
<p style="text-align: justify;">-Yo&#8230; yo no sé qué me pasó&#8230; Era muy joven entonces&#8230; y ella&#8230; ellla no&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Cállese ya, Bruno. Debió hacerme caso desde el primer momento. ¿Comprende por qué no puede ser ni será nunca un recordador? No puede serlo.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Y quién lo será?</p>
<p style="text-align: justify;">-No lo sabemos. Su madre falleció cuando apenas era usted un bebé, y tiene sus propios recuerdos. Su padre nunca supo que tenía un hijo, pues la abandonó antes del parto. Y no parece que haya hecho usted gran cosa para ganarse el recuerdo de nadie. Pero no perdamos la esperanza. Falleció a los setenta y siete años, algo debió de hacer en ese tiempo. No todo debió de ser un asesinato.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Y si nadie me recuerda? No he sido peor que Hitler. Cometí, sí, una locura, en un momento de ofuscación&#8230; Pero&#8230;, es sólo una muerte, una contra millones de ese individuo&#8230; No es tan horrible lo mío.</p>
<p style="text-align: justify;">-Una muerte. Un millón de muertes. No es la cantidad, Bruno. Es el acto, el acto en sí mismo. La privación de vida de un ser. Eso es lo abominable. Y no me pregunte a mí, pues no soy ningún juez.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Y qué es, pues? ¿El ángel de la guarda?</p>
<p style="text-align: justify;">-No diga más estupideces, ¿quiere? Debió de pensar en todo eso el día en que violó y estranguló a Estrella.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya no hubo más intercambio de palabras entre Bruno y Sigma. Permanecieron en silencio, en aquel lugar sin existencia, esperando un acaso o un quizás. Bruno esperaba que alguien le recordara. Lo único que le consolaba era no recordar nada más de lo que fue su existencia anterior, de lo que se llamaba &#8220;vida&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">Así que esperaba.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy;  Juan Carlos Planells<br />Reproducido con permiso del autor</span></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.humoyespejos.com/2009/05/27/la-sala-de-los-recuerdos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La memoria del cuerpo</title>
		<link>http://www.humoyespejos.com/2009/05/25/la-memoria-del-cuerpo/</link>
		<comments>http://www.humoyespejos.com/2009/05/25/la-memoria-del-cuerpo/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 25 May 2009 04:35:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Víctor M. Ánchel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Teatro de sombras]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.humoyespejos.com/?p=305</guid>
		<description><![CDATA[Alejandra alargó la mano con un movimiento nervioso sin abrir los ojos, buscando a tientas el despertador en su lucha perdida por mantenerse dormida. Ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti. Pulsó el botón una vez, dos, tres. Maldito trasto. Ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti. Derrotada, buscó la hora con la mirada turbia de un despertar no deseado y comprendió, al verla proyectada en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Alejandra alargó la mano con un movimiento nervioso sin abrir los ojos, buscando a tientas el despertador en su lucha perdida por mantenerse dormida. Ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti. Pulsó el botón una vez, dos, tres. Maldito trasto. Ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti. Derrotada, buscó la hora con la mirada turbia de un despertar no deseado y comprendió, al verla proyectada en el techo, que no era su aparato el que la molestaba. Las seis y media de la mañana de un domingo cualquiera en su primera semana de vacaciones. Ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti.</p>
<p style="text-align: justify;">Enterró la cabeza bajo la almohada, acordándose de paso de toda la ascendencia y futura descendencia de su vecino, el grueso representante de colonias que vivía en la casa adosada a la suya. <em>Cabrón desgraciado&#8230;,</em> se dijo a sí misma; no era la primera vez que el idiota olvidaba desactivar el puñetero trasto antes de salir de viaje, pero le fastidiaba que en aquella ocasión el olvido fuese a jorobarle todos los despertares de sus vacaciones. Vacaciones forzosas, vale, pero vacaciones a fin de cuentas. Después de unos minutos abandonada a la pereza decidió levantarse, mirando de reojo la pantalla táctil del teléfono de su mesita de noche; cincuenta y dos llamadas perdidas, qué barbaridad&#8230; Lo había silenciado anteayer, con la depresión, y semejante aluvión inesperado le hacía temer alguna catástrofe de las gordas en su trabajo: seguro que alguna otra diva de la canción ligera se había muerto, ya ves, o divorciado, o anunciado un nuevo embarazo a los cincuenta. Aunque también podía ser cosa de Antonio, quizá él&#8230; Ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti. El despertador del vecino sonaría durante media hora, y eso si no estaba programado para repetir a intervalos el chirriante pitido después de pausas breves de cinco o diez minutos, así que no tenía mucho sentido mortificarse por ello y sí regresar al mundo, baño mediante, para poder&#8230; Para&#8230; para&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">El agua hirviente del hidromasaje le devolvió la imagen de Antonio. Toda su depresión fingida se debía a él. Le gustaba, maldita sea su estampa; le gustaba mucho. La baja médica con la que se había librado del trabajo tenía su nombre: Antonio. Otro más a quien no podía querer, con quien no podía dormir, de quien no podía recibir caricias. Un nuevo hombre al que evitar porque sólo imaginarlo dentro de su casa le repugnaba. Porque sólo pensar en su cuerpo desnudo le producía arcadas y encontrarse a solas con él, a partir del momento en que comenzó a verlo como a un hombre al que desear, le hacía temblar de miedo. </p>
<p style="text-align: justify;">Sí, de miedo.</p>
<p style="text-align: justify;">Encendió el televisor con el mando del baño sin pensar, en el mismo acto reflejo con el que conectaba la cafetera cada mañana o iniciaba el programa de hidromasaje antes de poner dos tostadas a calentar. El sonido llegaba quedo al cuarto de baño desde el salón, pero supo que debía tratarse de un boletín de noticias, uno de esos que se repetían en ciclos de media hora hasta que se iniciaba la programación diaria habitual. Aunque le gustaba escucharla de tanto en tanto, Alejandra nunca veía la tele -bastante tenía con su trabajo diario como editora de programas-; aun así, sabía bien que esos espacios de noticias de la mañana eran lo único digno y digerible de todo el día. Después se sucederían los programas del corazón, en todos los canales generalistas y durante toda la jornada. Horas y horas de información que no lo era, de dramas familiares repetidos hasta la saciedad, de protagonistas infumables que se ganaban la vida vendiéndola a cualquier precio. Se sonreía al pensar en su trabajo, relacionado con sentimientos ajenos cuando los suyos habían sido quemados hacía tanto tiempo. Hasta las cenizas.</p>
<p style="text-align: justify;">La noticia de que un grupo de presos fugados en Cantabria había dejado un reguero de muerte en su camino hacia la libertad le hizo estremecerse, como siempre que escuchaba la palabra &#8220;preso&#8221;. Cantabria no quedaba lejos de casa, cierto, pero sí de donde vivía el ogro; sí de Madrid. Eso la relajaba, por supuesto, aunque el primer respingo resultaba inevitable. <em>Preso</em>, <em>Prisión</em>, <em>Cárcel</em>&#8230; cualquiera de ellas bastaba para ponerle nerviosa al hacerle recordar a papá, quien cumplía condena en Madrid, hasta los restos, por fortuna. Treinta años atrás, papá mató a mamá usando el mismo cuchillo largo, jamonero, con el que juró acabar con toda la familia pocos meses antes de&#8230; Fuga de presos en Cantabria: deberían matarlos a todos, pensó irritada con su miedo. A todos.</p>
<p style="text-align: justify;">Alejandra sabía que Antonio no era papá. Nadie podía ser como el ogro, era imposible; pero aunque su mente le repetía que todo estaba bien, su cuerpo se revelaba. La memoria del cuerpo, quién lo diría; había pasado por años de terapia y una operación a cerebro abierto en la que recibió un implante freno-disipador. En teoría,  sólo en teoría, Alejandra no podía sufrir reacciones negativas al recordar aquel día. Sabía que tenía que hacer caso a la calma artificial de su cerebro, quien se empeñaba en convencerle intelectualmente de un concepto tan infantil como importante<em>: todo está bien</em>. Aun así, su cuerpo decía no. La memoria del cuerpo, sí, aquel reflejo ancestral en los músculos que la bloqueaba al pensar en&#8230; en&#8230; No. Nunca podría. </p>
<p style="text-align: justify;">Su hermano Pedro superó el trauma con rapidez, si es que llegó a sufrir algún trauma; tal vez porque el día en que mamá murió no estaba en casa, o porque era demasiado pequeño para poder guardar recuerdos. Escucharlo siempre ayudaba, pero vivía demasiado lejos como para andar molestándolo a cada depresión, fingida o cierta. Además estaba su mujer, el molesto filtro que tenía que superar cada vez que necesitaba hablar con su hermano. No aguantaba a aquella imbécil. </p>
<p style="text-align: justify;">Antonio; concéntrate en Antonio.</p>
<p style="text-align: justify;">Sí, se recordó, Antonio no era papá. Antonio era bueno; también más bajo, más delgado, con aquel hablar suave y esa voz de barítono siempre a media voz, sin gritar, sin&#8230; sin alzar la mano a nadie, sin pegar a nadie. Sin torturar niños. Sin acuchillar mujeres. Antonio le invitaba a comer en la pausa de media mañana, y también a bailar por la noche aunque ella siempre se negara. Antonio le regalaba flores, le invitaba al cine, le daba pequeñas libretitas de notas sabedor de su afición coleccionista aunque ella lo rechazara todo. Era un sol, era bueno. <em>Es un sol, es bueno&#8230; </em>su mente se esforzaba a diario por hacérselo comprender. Pero su cuerpo lo rechazaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Porque Antonio, como cualquiera antes de él, le aterraba.</p>
<p style="text-align: justify;">Las noticias hablaban ahora de fútbol. Lo supo porque el periodista utilizaba un tono de voz diferente, ánimos renovados, sin aburrimiento, como si estuviera dando la increíble noticia de que el mundo se acababa o la proclamación del primer Papa de Roma tras casi cincuenta años de Iglesia descabezada. Y eso que los equipos estaban de pretemporada y ni siquiera habían comenzado los torneos veraniegos. Caramba con el fútbol, como si aquellos individuos que corrían como locos detrás de la pelotita dorada guardasen la menor preocupación por sus fans, como si no importase el hecho de que cada competición era ganada por los patrocinadores antes de ser jugada y nadie se percatase de que el que levantaba la copa ya no era un jugador del Milán o del Manchester, no, sino un trabajador de Nike o Adidas. En todo caso, el cambio de tema le devolvió la serenidad. Se permitió una sonrisa y sumergió la cabeza bajo el agua, escuchando algo más lejano el infatigable ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti del despertador de su vecino. Bajo el agua su cuerpo regresaba a la paz absoluta: bajo el agua se había salvado aquel día. El día.</p>
<p style="text-align: justify;">Es curioso que sólo guardase recuerdos concretos de aquel día, que los años anteriores, aun los días anteriores, se hubiesen disipado como el humo. Incluso los recuerdos siguientes al día en que papá volvió a casa aparecían brumosos en su memoria. Es porque sólo tenías cuatro años, decían los médicos; suficientes, en todo caso, para poder recordar a mamá con la claridad de un cielo en un día de verano del pasado milenio. Ella era guapa; oh, sí&#8230; la más guapa del mundo. Mamá les quería mucho, y por ellos había abandonado a papá, primero, para luego denunciarle. Alejandra recordaba como si fuera ayer las lágrimas de mamá cuando el comisionado del juzgado le entregó aquel maldito brazalete de baterías biológicas inagotables que le avisaba de la cercanía de papá, a quien alguien había insertado un localizador subcutáneo, varios años antes de los chips cerebrales. Aún guardaba el localizador en alguna parte en recuerdo de su terrible fallo, de la acción estúpida e infantil que había desencadenado todo. Ella no entendía las lágrimas desconsoladas cuando mamá encendía el aparato y un <em>pip, pip, pip</em> cada vez más espaciado y remoto, le decía que papá se marchaba para siempre a trabajar de estibador en algún puerto espacial del levante. No las entendía porque en su cerebro de niña, aquel <em>pip, pip</em> quería decir que el ogro se iba para no volver, que el hombre del saco, a quien ella y su hermano Pedro tenían que llamar papá, no les pegaría nunca más con el cinturón de cuero, ni les arrancaría pelos o les mordería o les pellizcaría hasta hacerles sangrar. Aquel <em>pip, pip</em> era una promesa de libertad.</p>
<p style="text-align: justify;">El día en que papá volvió a casa ella jugaba con el aparato. Le daba tanta alegría oírlo pitar que no encontraba momento para conectarlo de nuevo, toquetear los botones y ver en la pantallita las letras y números que contaban un cuento que ella aún no sabía leer. En realidad, las letras y los números decían dónde se encontraba el ogro, pero tanto daba: sólo buscaba el <em>pip, pip</em> tranquilizador. Debió tocar algo que no debía ser tocado, porque cuando escuchó el ruido de platos estallando furiosos desde la cocina el aparato no decía nada. Ella misma lo había desactivado, precisamente aquel día. Mamá, mamá, ¿qué se ha roto? Es sólo mi cabeza, hijita mía; papá, que ha decidido jugar a la pelota con ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquel aparato era todo un dinosaurio, claro. Las primeras décadas del nuevo milenio dejaron tras de sí un reguero de nueva tecnología supuestamente ideada para dar seguridad a los usuarios, tecnología que, en realidad, sólo existía para controlar y controlar. Localizadores que a cualquier hora te decían dónde encontrar a tu hijo díscolo, y después a los no tan díscolos, y después a tu mujer, que cada día se retrasaba más después del trabajo. <em>Dos punto treinta kilómetros, motel Salvador, habitación 15, doble con baño, gracias. Pulse &#8220;B&#8221; si quiere imprimir</em>. Claro que los polígrafos eran peores: deberían prohibirlos. Estaba harta de editar programas en los que el tema era &#8220;Mi Mujer me Engaña: me lo dijo el Polígrafo&#8221;. Al principio se vendían como juguetes <em>&#8220;¿Quién miente a quién? ¡Descúbralo! A partir de los doce años&#8221;.</em> Después, alguien pensó en publicitarlo en la teletienda como una suerte de aparato de la verdad casero con el que jugar a costa de las visitas. Detectores de mentiras de andar por casa, un fracaso más del ser humano que había decidido desconfiar para siempre de la sinceridad. Del juego inocente, <em>jijí-jajá</em>, al preguntar a tu marido, diodos mediante, si alguna vez te engañó con otra mientras aún erais novios, iba un paso cruel que todo el mundo dio con alegría juguetona al principio y afán vengador después. Porque los secretos y las mentiras son tan necesarias en la vida como el agua, y descubrir que tu mujer finge el orgasmo noche sí, noche también, o que tu hombre piensa en la vecina del sexto cuando está acariciándote los senos es tan tóxico en una relación como el cianuro en el café. La vida en común se había tornado insoportable, y los contratos prematrimoniales contenían cláusulas del estilo de &#8220;No forzará en ningún caso a su pareja a utilizar los servicios de hardware o software poligráfico&#8221;. Sacó la cabeza del agua mientras recordaba el caso de aquella mujer pequeñita y chata de un barrio de Sevilla que había esposado a la cama a su marido mientras dormía para poder enchufarlo al aparato. <em>&#8220;¿Quién miente a quién? ¡Descúbralo!&#8221;.</em> El marido se resistió lo que pudo, claro, hasta que la mujer le amenazó con unas tijeras y&#8230; Bueno, quizá aquel hombre debió resistir algún tiempo más. </p>
<p style="text-align: justify;">El boletín de noticias había acabado y llegaba el tiempo de la publicidad. Duraría un buen rato; al menos la desagradable musiquita estruendosa de los anuncios se superponía al ti,ti,ti,ti,ti,ti del puñetero despertador, y atenuada bajo el agua le acompañaría mientras acababa de relajarse. Sabía lo que tenía que hacer: su depresión era una excusa para poder escapar del trabajo, recluirse consigo misma y romper al fin con la historia de su vida. Así pues, tenía que vencer a su cuerpo. Tenía que confiar en la naturaleza, sabia, y lograr despertar un deseo que alejase para siempre el terror. Tomó aire y regresó a la imagen de Antonio.</p>
<p style="text-align: justify;">Su padre&#8230; no, no. Antonio. Antonio era un buen conversador; siempre tenía una palabra amable, adecuada, la perfecta para cada quién. Su padre, en cambio, apenas hablaba. Gritaba mucho, y golpeaba, y&#8230; y&#8230; Antonio solía leer: ella siempre lo veía con un libro entre las manos. Y parecía dotado de la paciencia del santo Job: insistía en agradarla, insistía en regalarla, insistía en amarla. Conocía su pasado, claro, aunque todo el mundo en la productora sabía que Alejandra tuvo una infancia más que difícil, padre torturador incluido, seguida por una adolescencia dura; pero él era diferente y nunca trató de hablar de ello. Daba la sensación de que a Antonio todo aquello no le importaba, y eso debía ser bueno; sólo que era Alejandra quien tenía que apartar ese pasado de su vida, si es que todavía quería tener una. </p>
<p style="text-align: justify;">Además era guapo, mucho más que papá. Papá era un monstruo. El Monstruo. Le recordaba con aquellos ojos relucientes y furiosos en un rostro anguloso, barbado y sonriente. Aunque hoy tendría más de setenta años, si es que seguía vivo, en sus pesadillas seguía sonriendo mientras los ojos te golpeaban y te quemaban y te mordían y te acuchillaban. Aquel día los ojos oscuros sonreían, lo vio desde el hueco de la puerta: sonreían mientras el cuchillo jamonero caía y se deslizaba lleno de muerte una y otra vez sobre su madre. Ella sollozaba, él reía. Después Alejandra corrió hacia el baño y se sumergió en la tina. Debió estar bajo el agua dos minutos, tal vez tres&#8230; en ocasiones le parecía que toda una vida. Bajo el agua escuchaba la voz del ogro llamándola: <em>&#8220;Alejandra, ¿dónde estás? Papá quiere contarte algo. Papá quiere enseñarte lo que ha hecho con mamá. ¿Dónde, dónde estás?&#8221;.</em> Cuando salió de la bañera, aterrorizada, llorando, el ogro se había ido y la policía estaba rompiendo la puerta. Luego todo se hacía niebla y confusión, y quedó ella, yerma para la vida, muerta para el mundo.</p>
<p style="text-align: justify;">Bajo el agua todo era más sencillo, así que volvió a sumergirse.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante unos años se enfrentaba con el aparatito todas las noches. Lo golpeaba, lo lanzaba por el suelo, pulsaba botón tras botón, luchaba con él, retándole, gritándole. Pero ya nunca sonaba, ¿por qué iba a hacerlo? A fin de cuentas, parecía decir el mudo artilugio, la culpa en aquel día fue toda suya: ella jugó con él, ella lo desactivó. Ya no volvió a escuchar el <em>Pip, pip, pip</em>. Por fortuna, claro, aunque su parte culpable parecía querer regresar al día en que todo pasó para cambiar cocina y bañera con su mamá. Pero aquello era un tiempo perdido, y tenía que dejarlo atrás. A través del agua se imaginó que escuchaba un ruido abajo, que la puerta se abría y que Antonio entraba con unas flores, y que subía, y que se acercaba al baño, y que su vagina comenzaba a temblar y&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Ti, ti, ti, ti, ti, ti, ti, ti&#8230; y la música publicitaria había acabado. De nuevo se iniciaba el aburrido ciclo del noticiario matutino. Trece muertos por descarrilamiento en León, por culpa de unas vías viejas que no soportaron la tensión y la velocidad de un tren moderno a cuatrocientos kilómetros hora. Siempre la misma historia: nos empeñábamos en mezclar agua con aceite, lo viejo con lo nuevo, lo contemporáneo con lo clásico. Cuando el producto era un montaje operístico esperpéntico, con extraterrestres azules interpretando los papeles de Siegmund o Brunilda, no pasaba nada. Pero trece muertos&#8230; Doscientos periodistas desplazados al conflicto de México, una nueva guerra con la que mantener ocupado al pueblo. Cinco policías muertos en la fuga de tres presos desencadenada durante un traslado rutinario desde Madrid hasta Santander, y&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Ti, ti, ti, ti, ti, ti, ti, ti.</p>
<p style="text-align: justify;">Cinco policías muertos en la fuga desencadenada durante un traslado rutinario desde Madrid hasta&#8230; <em>Desde</em> Madrid. Madrid. </p>
<p style="text-align: justify;">Traslado. </p>
<p style="text-align: justify;">Traslado. </p>
<p style="text-align: justify;">Traslado. </p>
<p style="text-align: justify;">Ti ti ti ti ti ti ti ti ti ti.</p>
<p style="text-align: justify;">Otra vez el ruido en la puerta. No, no lo estaba imaginando. Titititititititititi. Cincuenta y dos llamadas perdidas. <em>Aún guardaba el localizador en alguna parte en recuerdo de&#8230;</em> Ahora lo entendía. El aparatito con el que jugaba de niña no hacía <em>Pip, pip, pip</em>, como le decían sus recuerdos mentirosos, sino &#8220;Ti-ti-ti-ti&#8221; y luego &#8220;ti, ti, ti, ti, ti&#8221;, y después &#8220;ti ti ti ti ti ti&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">Y luego Tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Algo se rompió en su cerebro. La espalda dejó de sostener un cuerpo que se deslizó centímetro a centímetro, trémulo y flácido en el agua mientras Alejandra balbuceaba con voz infantil <em>mamá ven, mamá ven, mamá ven, mamá ven</em>. Se sumergió por completo, respiró agua y supo que allí estaría segura. Volvería la paz. <em>&#8220;Mira lo que le he hecho a mamá&#8230; ¿Dónde, dónde estás?&#8221;.</em> Esta vez se quedaría siempre bajo el agua, donde él<em> </em>no la encontraría.</p>
<p style="text-align: justify;">Porque al fin papá había vuelto a casa.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy;  Víctor M. Ánchel<br />Reproducido con permiso del autor</span></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.humoyespejos.com/2009/05/25/la-memoria-del-cuerpo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Clic</title>
		<link>http://www.humoyespejos.com/2009/05/13/clic/</link>
		<comments>http://www.humoyespejos.com/2009/05/13/clic/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 13 May 2009 04:21:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Vaquerizo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Teatro de sombras]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.humoyespejos.com/?p=279</guid>
		<description><![CDATA[Clic, clac. Abro los ojos. El cielo aún es oscuro, se ven las estrellas entre retazos de nubes y resplandores amarillos. Dolorido, me toco el pecho, las costillas, duelen pero no parece que tenga ningún hueso roto. Me incorporo sobre un codo resbalándome en el barro. El coche yace unos metros más adelante, estampado contra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Clic, clac. Abro los ojos. El cielo aún es oscuro, se ven las estrellas entre retazos de nubes y resplandores amarillos. Dolorido, me toco el pecho, las costillas, duelen pero no parece que tenga ningún hueso roto. Me incorporo sobre un codo resbalándome en el barro. El coche yace unos metros más adelante, estampado contra una piedra. El radiador del mercedes sisea vapor de agua y un intermitente, como un enorme ojo amarillo, se enciende, se apaga, se enciende, se apagaba&#8230; clic, clac, clic, clac. Al fondo, más allá de la broza y la basura de la cuneta, Madrid es una difusa mancha de luz, un espejismo de civilización en medio de una noche profunda. Clic. Clac. Me levanto en varias fases extenuantes.  En mi mano derecha cuelga el peso inerte de la automática. La levanto hasta la altura de los ojos. Aún me asombra el peso huraño del arma. Tomo el cañón y me lo acerco a la nariz: huele a pólvora, a pasado. Cojeo hasta el coche siguiendo los surcos que los neumáticos han arado en el barro. La puerta por la que he escapado segundos antes esta abierta. Dentro, apoyando la cabeza en el volante, Raúl me mira, el brillo del intermitente ilumina sus pupilas fijas con un resplandor breve y amarillo. Clic, clac. Aún están allí el sonido atronador del disparo, la sangre y los sesos salpicando; el motor girando en vacío; aún se abre la puerta y saltó, siento el impacto contra el suelo, la tierra en la boca, el estruendo del coche estrellándose. Clic, clac, clic, clac&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Me agacho y quito el intermitente. Raúl me mira todo el tiempo. Luego le doy la espalda al mercedes accidentado, por fin silencioso en su muerte de máquina rota, mientras camino hacia el barranco. Tengo las manos húmedas de sangre. Me siento sobre una piedra mirando hacia el valle crecido de luz mientras me restriego las manos contra el pantalón como para sacarle brillo. Hace frío. Al rato el radiador deja de sisear bruscamente, ha perdido todo su líquido. La noche crece de repente, se hace intenso a mi alrededor el arrastrarse de alimañas, el croar de algún insecto en celo, las estrellas. Todo lo demás, aquello que había tenido tanta importancia, ya no es real, solo queda la materia mas fútil del universo: el pasado, recuerdos.</p>
<p style="text-align: justify;">No tardarán en venir, solo tengo que esperarles. Reviso la automática, quedan 11 balas. No serán bastantes, así que arrojo el arma a los matojos y miro el reloj, luego al coche muy cercano y a su maletero, un obsceno bulto metálico sobresaliendo enhiesto sobre la hierba de la cuneta.</p>
<p style="text-align: justify;">Tardan veinte minutos, llegan con puntualidad astronómica. Las nave no brilla, no hace ruido, solo es un enorme ovoide negro mate del tamaño de una casa que flota en el aire a pocos metros de los brezos. No hay ventanas o puertas abriéndose, rayos de luz, nada, súbitamente están a mi lado mirándome.</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí, le he matado.</p>
<p style="text-align: justify;">Silencio, ese es su mejor lenguaje.</p>
<p style="text-align: justify;">-Iros a tomar por culo, benefactores de mierda. Dejadme en paz.</p>
<p style="text-align: justify;">No sé decir si me miran, si no lo hacen, si hicieron algo, si hubo luz, sonido.  Estaba sentado en la piedra viéndoles moverse a mi alrededor y ahora no hay noche, luz, oscuridad, ni el relente de la sierra mordiendo la piel, no está el tacto áspero de la roca, ni el vaho de bruma que surge del suelo, nada. ¿Es mi castigo? ¡Joder! Será mi castigo, seguro. Ellos son muy ecuánimes, muy perfectos, odian el derramamiento de sangre, aman la justicia, seguro que es algo indoloro, algo terrible.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya no hay oscuridad, ¿dónde estoy? Parece&#8230; una habitación, un dormitorio.. lo conozco&#8230; ¿de quién&#8230;? pero&#8230; no puedo moverme, estoy paralizado&#8230; la visión cambia, y&#8230; ¿quién musita a mi lado? ¿qué es ese rumor? Parece el latido de un corazón, el rozar de la sangre circulando por las venas. ¡Joder! Es el apartamento de Raúl visto desde la cama. Intento girar el cuello, no puedo moverme, solo escucho y veo.. y &#8230; también siento el tacto de las sabanas en el culo, en la espalda, y&#8230; piel ajena en la mano&#8230;  Piel ¿de quién? Ahora se vuelve&#8230; ¡Joder, Joder, Joder! es María&#8230;. Hijos de Puta, ¿qué me han hecho?  ¡Dios! Está pasando sus manos, mis manos, por la curva del pecho, en el suave lomo. Tiene los ojos cerrados, ahora los abre y sonríe&#8230; me sonríe a mi&#8230; Pero&#8230; María está muerta, y esta es la cama de Raúl&#8230; Sabía que me engañabas con él, lo sabía, ¡Joder! Las miraditas en las cenas, las bromas&#8230; y no te cabrees, somos amigos de antes, no te enfades Ricardo, que no es nada&#8230; ya, no es nada.. ¡joder! Ahora me alegro, me alegro que los dos estén muertos.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora se vuelve&#8230; en la mesilla&#8230; el güisky y la coca&#8230; ¡joder! aspira, es como una espada de plata justo en el centro del cerebro. Dios, es María&#8230; está conmigo&#8230; ¡María!.. no&#8230; espera&#8230; es el apartamento de Raúl&#8230; yo soy Raúl. Está muerto, acabo de matarlo y ahora soy yo. ¿Ese es mi castigo? Ahora la besa, es su lengua, no puedo cerrar los ojos, no puedo huir&#8230; María, ¿por qué me hiciste esto? Las manos, es su cuerpo, es la cintura, es la redondez de los muslos, es la suavidad aceitosa de su coño en el que ya estoy dentro. La coca, todo es plata, nítido hasta hacerse doloroso&#8230; ¿cómo lo han hecho? Estoy en Raúl y Raúl aún está vivo. Son sus recuerdos. María ¿cómo pudiste hacerlo, por qué te retuerces de placer? ¡Dios!, no lo soporto. Y se llaman benefactores y dicen que no son crueles. No puedo&#8230; no puedo irme, sólo atender, sentirlo todo, las contracciones de los músculos, el placer tallando escalas en la carne, creciendo, el aire que entra y sale de los pulmones raspando al pasar por la tráquea. Ahora abre los ojos, es María, Dios, María, el rostro enrojecido, el ojo aún tumefacto, el gesto de éxtasis, María, ¿por qué? Con Raúl, mi mejor amigo, no podíamos haberlo solucionado. Siento haberte pegado, lo siento tanto. María&#8230; noooo, no lo hagas ¡Raúl! Me preparo, pero no es suficiente, no hay manera de protegerme, el orgasmo llega como un mar de cristales afilados que rompe diques y te cae encima, me engullen cien mil estrellas lacerantes, el tiempo estalla y el placer crece&#8230; ella grita, él también, no puedo huir, no quiero verlo, no quiero sentirlo&#8230; Dios, María&#8230;. me tiendo, olas de laxitud relajan hasta el último músculo, llega la oscuridad de nuevo&#8230; se ha dormido&#8230;. ¿y yo? Yo no duermo.</p>
<p style="text-align: justify;">Joder, quiero llorar pero no son mis ojos, María, estás muerta, yo te maté, no quise hacerlo. También maté a Raúl y ahora estáis más vivos que nunca. Hijos de puta, ¿benefactores? Cabrones, no saben lo que duele, no pueden imaginarlo, ellos no sienten&#8230;. Llega la oscuridad, tengo que dormir, ni tiempo tengo para pensar&#8230; quiero morir, olvidarlo todo, nadar en un mar sin nombre, olvidado, de aguas más oscuras que el abismo entre las estrellas.</p>
<p style="text-align: justify;">Vuelve la luz, alfileres luminosos me desgarran la retina. Raúl -yo-  cierra la persiana, está desnudo, de pie, sintiendo las baldosas frías en los pies. María ya no está en la cama&#8230; ha vuelto conmigo&#8230; ¿Qué día será? Raúl va hasta la ducha&#8230;. le gusta el agua fría, Brr&#8230; demasiado fría, cabrón. Y pensar que eras mi amigo. Antes hubiera debido meterte una bala en el cerebro. Tiene que ser aquel día, sí, no puede ser otro. Podría haberlo hecho, ahora, hoy mismo, pero no lo sabía, era un cornudo imbécil y confiado. El día que los descubrimos, o ellos nos descubrieron a nosotros.</p>
<p style="text-align: justify;">Va a la empresa, claro, conduciendo como un subnormal, como hacía siempre, lento e inseguro. ¿qué hace? Joder, cuidado con esa curva del garaje que es muy cerrada, ey ese es mi coche&#8230; ya sé quien me rayó el mercedes. ¡Torpe, torpe! Todo lo listo que eres con los ordenadores&#8230;. y no sabes nada de la vida; o quizá soy yo el que no sabe nada, el que no vio ejercitar las alas a María, y tú, callado, tranquilo, el que le preparaste el nido. Yo soy el  torpe, el inútil&#8230; tan fatuo.. joder&#8230; soy yo&#8230; en el despacho&#8230;, qué cara de imbécil, que alegría al ver a Raúl, ¡joder, date cuenta! ¡acaba de acostarse con tu mujer!</p>
<p style="text-align: justify;">-Oye.. ¿sabes algo de María? Ayer, discutimos, se fue de casa&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Pues&#8230; no, no sé nada</p>
<p style="text-align: justify;">Hijo de puta.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Ha sucedido algo?</p>
<p style="text-align: justify;">-Bueno, ya sabes, peleas conyugales. Yo creo que no es nada serio. No te preocupes.</p>
<p style="text-align: justify;">-Ah, vale. Si quieres algo&#8230; dímelo</p>
<p style="text-align: justify;">Claro que quiero algo, quiero matarte, cabrón.</p>
<p style="text-align: justify;">-Por cierto.. tengo algo que enseñarte Jorge</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora me va a enseñar la cinta. Dios, que mal me siento&#8230; no puedo moverme, solo soy un puto espectador que asiste a su propia tragedia. Casi preferiría estar muerto, pero eso hubiera sido poco adecuado, hay que proteger la vida por encima de todo, ¡cabrones, hijos de puta!</p>
<p style="text-align: justify;">Ahí está el ordenador, el Vish 12. ¿de quién fue idea de ponerlo a procesar señales de radiotelescopio en horas muertas? Mía, seguro, sí, fue mía. ¡Imbécil! Un ordenador de 10 millones procesando más de 20 horas al día y ganando dinero para nuestra empresa por cada segundo, y yo tengo que buscarle ocupación para las cuatro horas restantes. 24 horas al día era mi lema. Imbécil.</p>
<p style="text-align: justify;">-Mira Ricardo, lo ves&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Coño, ¿será un error?</p>
<p style="text-align: justify;">-No creo&#8230; lo hemos analizado, y aún no estamos seguros, pero no se trata de los problemas habituales. No es un teléfono móvil, no es una emisora, no es un satélite.</p>
<p style="text-align: justify;">Tiene cara de cabrón, seguro que se está riendo por dentro. Con esa melenita hippie recogida en la coleta, los pantalones vaqueros, un mierda de fumeta cabrón que se ha tirado a mi mujer.  Y yo lo llamaba amigo, lo quería.</p>
<p style="text-align: justify;">-Y lo habéis decodificado&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Es la serie de fibonnacci, sigue hasta un valor elevado y luego se detiene y comienza otra vez. Esta codificada en impulsos ternarios, un código 0 1 2 que se agrupan en longitudes de palabra de diez dígitos</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Coño!, qué cosa más rara.</p>
<p style="text-align: justify;">-Y tanto.</p>
<p style="text-align: justify;">Está realmente excitado con el descubrimiento. Para él era lo primero, la ciencia, el reto, por eso yo llevaba las cuentas, por eso las cosas iban bien, cada uno en sus asuntos.</p>
<p style="text-align: justify;">Es fascinante verlo manejar el ordenador, programar los filtros para la masa de datos, varios hilos en paralelo cuidadosamente intercalados para que puedan pasarse información de uno a otros y ninguno tenga que esperar por los datos. Era el mejor, sin duda. Recuerdo nuestros años en la universidad, él siempre metido en sus libros, soñando con investigar en física avanzada, yo siempre en el bar, preocupado de con qué tía me iría a la cama ese fin de semana. Pero las cosas suceden así, aquella fiesta se alargó muy hasta la madrugada y el descontrol también. Al final aquel gordo cabrón, capitán del equipo de rugby, me encontró y me estaba midiendo las costillas a base de bien. Total solo le había quitado la mierda de novia que tenía. No sé como lo hizo, pero cuando me quise dar cuenta Raúl estaba colgado del gordo aquel asfixiándole. No recuerdo mucho más. La bronca se hizo épica, volaban las botellas y las sillas y en nada se escucharon las sirenas de la policía. Nos escapamos por una puerta lateral y corrimos por el bosquecillo de pinos de detrás de la escuela, riendo. Yo aún aferraba una botella de ron. La terminamos helados por la amanecida, sentados sobre una piedra y acurrucados dentro de nuestras chupas.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando monté la empresa con el dinero que me prestaron mis padres, él fue el primero en quien pensé. No hizo falta ni decírselo, le hablé del proyecto y lo demás fue fácil, años dorados, qué buenos recuerdos de cuando construimos nuestro primer superodenador a base de PCs estándares apañados y conectados con un linux modificado para proceso masivo paralelo. Y qué sorpresa cuando comenzó a llegar el dinero. Vendíamos tiempo de proceso en una época en que los análisis estadísticos de históricos estaban en un auge enorme, nos hicimos de oro. Yo al menos, él no sé muy bien en que invirtió sus ganancias. La bolsa subía, todo iba bien. María y yo nos casamos. El tonteaba con unas y otras, y gastaba su tiempo libre en fumar hachís y charlar con otros que como él aún se habían quedado en los tiempos de la facultad.</p>
<p style="text-align: justify;">-Mira, ves esto, lo ves&#8230;. ¿qué te recuerda?</p>
<p style="text-align: justify;">-Eh&#8230; no sé</p>
<p style="text-align: justify;">-Unas coordenadas son unas coordenadas geográficas, solo que están dadas en un&#8230; espera</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora es cuando me quedé totalmente pasmado&#8230; recuerdo este segundo como si fuera ahora mismo y me veo a mi mismo, con cara de idiota, mirando. ¡Espabila, imbécil! En menudo lío te vas a meter,&#8230; pero esto es el pasado, no se puede cambiar ¡joder! Han debido recrearlo a partir de la memoria de Raúl o algo así. Valientes hijos de puta. Lo veo, tecleo la activación, va a superponer un mapa con coordenadas geográficas con un sistema de coordenadas del 0 al 59049, o sea tres  elevado a  la décima potencia, un número en base tres de diez cifras. Y.. sorpresa&#8230; ¿dónde caen esas coordenadas? Aquí, en Madrid. No en un desierto de Arizona donde suelen suceder estas cosas, o en la Antártida, aquí, en la sierra pobre, cerca de la maliciosa, en una escarpadura perdida entre piedras y pinos.</p>
<p style="text-align: justify;">Se detiene y me mira, él ya ha pasado del alucinamiento, para él esa localización no supone el mazazo que me está distendiendo la mandíbula y que dilata mis pupilas.</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Joder! ¿habrás comprobado que no es ninguna broma?</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Coño! Es un contacto extraterrestre&#8230;. no me lo puedo creer, habrá que avisar a alguien&#8230; no sé</p>
<p style="text-align: justify;">-No hay tiempo: ves ésta otra cifra&#8230; ves estas series de números&#8230; esta de aquí, se repite en series de 9 veces. Me intrigaron, no sabía qué eran&#8230; lo que tenía claro era que repetían un intervalo, como un ritmo, eso me hizo sospechar&#8230;. ¿qué fenómeno astronómico es regular siempre? Los pulsars&#8230; esa era la respuesta. El problema era considerar que pulsar concreto se referían para hacer una comparación y establecer la duración en segundos de un pulso temporal de los extraterrestres. Y la respuesta fue fácil, el más cercano a la tierra, el PSRJ0108-1431, que está a 280 años luz. Con esa equivalencia resuelta pude establecer que ese número que aparece al lado de las coordenadas es el tiempo desde el inicio de la primera señal hasta&#8230;&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Una cita&#8230; Joder&#8230;. ¿y ese tiempo ha pasado ya?</p>
<p style="text-align: justify;">-No, es mañana, a las 4 horas, 34 minutos, 16 segundos, 2 décimas, etc. Etc.</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Joder!. ¿Alguien sabe algo de todo esto? Tendremos que informar&#8230;..</p>
<p style="text-align: justify;">Ahí estoy, abrumado, intentando pensar&#8230;. la humanidad entera preocupada de este momento y ahora cuando llega me convierte en un idiota balbuceante. Y Raúl, ahí, mirando, sonriendo. Está claro que él ya lo ha pensado, ha tenido tiempo, mientras analizaba los datos.</p>
<p style="text-align: justify;">-Ya, y que nos tomen por idiotas si no es cierto, si se trata solo de una broma elaborada.</p>
<p style="text-align: justify;">-Eh, sí&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Tendremos que ir los dos, tú y yo nada más. Luego habrá tiempo para anunciarlo, cuando tengamos pruebas más sólidas.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Más sólidas?</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí.</p>
<p style="text-align: justify;">Y me quedo ahí, alucinado, sin saber qué decir.  Recuerdo lo que pensaba&#8230; retirar todas mis inversiones y esperar la tormenta. Cuando esto se hiciese público la bolsa, todo el mundo en realidad, se volvería loco.  Pero no lo van a hacer público, ahora lo sé, no nos darán ocasión a protestar, a decidir.</p>
<p style="text-align: justify;">Si Raúl hubiese sido solo un poco más tonto, si no hubiésemos tenido ese array de datos, habría sido otro el implicado y mi vida sería aún normal. Quizá estaría en la cárcel, pero no loco y desesperado. Ni tampoco en la mente de mi mejor amigo, al que acabo de matar.</p>
<p style="text-align: justify;">Recuerdo que pasé la tarde mirando el monitor una y otra vez, recorriendo con el cursor las largas listas de datos, luchando por creérmelo. ¿Podía ser un error? ¿una casualidad? ¿datos aleatorios ordenados así por azar? Entraba dentro de lo posible, pero no, no lo era.</p>
<p style="text-align: justify;">El tiempo pasa despacio cuando asistes de espectador a la vida de alguien. Sin poder hablar, sin poder obligarle a que se lave las manos después de ir al baño, sacándote los mocos con la tenacidad de un minero buscando diamantes o&#8230; ¡Dios!, follándote a tu propia mujer por intermedio de otro cuerpo, otros ritmos, otra sensación. Porque han vuelto a verse mientras yo me quedaba en la oficina. Fue de nuevo en el piso de Raúl, en Malasaña, ese sitio mugriento decorado con restos encontrados en las basuras, lámparas recicladas de calentadores de gas, mesas de mármoles rotos y cajas de madera. Un artista, sí, encima eso. Y ella disfruta más que conmigo, la veo excitada desde que abre la puerta, le brillan los ojos&#8230; zorra&#8230; si lo hubiese sabido antes. Lo sospechaba, pero lo creía solo una pelea más. De acuerdo, no debí pegarle aquel guantazo pero la mancha de carmín en mi camisa fue accidental, no había estado con otra, no debería habérmelo reprochado, menos cuando era ella la que me cultivaba unos hermosos cuernos. Y tan hermosos, como suda, como se mueve Raúl sobre ella y yo debo disfrutar con él, no puedo negarme. Quisiera que se muriesen los dos ahora mismo, pero no, esto ya ha pasado, no morirán aún. Sé exactamente cuándo lo harán y eso me alivia un poco. Quizá yo también esté ya muerto y esto solo sea un sueño, yo mismo metido dentro de un aparato y sirviendo a algún extraño juego alienígena. Quisiera creerlo</p>
<p style="text-align: justify;">Tiempo, andar, respirar, caminar, salir a la calle desesperado, a comprar comida, vino, el raspar de la mano en el bolsillo buscando suelto para la máquina de tabaco, vuelta a subir las escaleras sabiendo que ella nos espera&#8230; María que está en un congreso, que me dejó un mensaje en el móvil diciéndomelo. María que lo recibe en el descansillo, desnuda, que apenas espera a llegar a la cama. Después y al fin cerrar los ojos tras el orgasmo y sentir el placer correr como una manada de cebras salvajes bajo la piel. Desearía aplastar cada una de ellas como una cucaracha inmunda, arrancarme los nervios, cegarme con los dedos, tirarme por la ventana.</p>
<p style="text-align: justify;">Llega la oscuridad y ni siquiera puedo dormir, asisto a los sueños de Raúl. Ahí estoy yo, y ellos y sobre todo María, una María que es un paisaje amplio, deformado, un calidoscopio de carne y sensación que se extendía en todas las direcciones. Los sueños&#8230; por lo menos sé que todo esto no es real, solo la imaginación, solo eso&#8230; ahí estoy yo, diez metros de altura, grande como un castillo y de sonrisa afable para cogerle y sacarles de esas arenas movedizas de números dónde se ahoga. Me mira y tengo dos caras, una terrible, con cuernos de ciervo, la otra amable, un padre, toda esa mierda sicoanalítica, joder. Soy yo, su padre, su amigo, y el cornudo. Mierda, todo iba tan bien&#8230;, ¿por qué crecemos?,  quiero volver a los tiempos de la borrachera, de la juerga y las carcajadas que rompían el cielo, quiero regresar al seno de María mientras afuera truena y llueve; quiero volver a mirar a Raúl y sentir su compañía. Era tan fácil tener todo aquello&#8230;.</p>
<p style="text-align: justify;">Los segundos parecen horas, los minutos días. Sin embargo la noche pasa, llega el día, pasa la tarde pensando que diremos, que haremos. Nada, no hay opción, no hay preparación posible. Una cámara de fotos, las llaves del mercedes, unas linternas. Fuimos al encuentro de esos cabrones. Por lo menos los dos estábamos de acuerdo en algo, debíamos asegurarnos que eran reales antes de decir nada. Si hubiésemos sido anglosajones probablemente lo hubiéramos anunciado a los cuatro vientos, pero el miedo al ridículo nos pudo. Eran las 3:30 de la mañana.</p>
<p style="text-align: justify;">Me he estado mirando, viéndome farfullar gilipolleces, continúo haciéndolo mientras conduzco. Sabía lo que pensaba por debajo de la charla. ¿Un encuentro con el futuro?, ¿un gran paso para la humanidad? Leche. Sólo los beneficios, cómo podíamos sacarle partido a aquello. Claro que no se lo dije a Raúl, él no entiende de esas cosas. Beneficios ¿para qué? Menudo imbécil soy, aún más grande que Raúl. Tiene su vida, tiene a mi mujer seguramente por lo mismo que yo -aunque aún no lo sepa- ya no la tengo. Se emociona con todo esto, con el desafío intelectual, con lo trascendente. Y yo&#8230; hubo un tiempo que pensaba igual, luego&#8230; algo sucedió. Joder. Raúl me mira conduciendo, fumando, la mandíbula tensa, no soy yo, Raúl lo nota. Conduzco el mercedes bajo la lluvia, Raúl no deja de mirar el velocímetro, sé que le acojonaba ir a 180 mientras subíamos a la sierra, seguramente lo hiciera por eso. No, siempre conducía así, a toda pastilla sin saber nunca a dónde llegar, ni si importaba dejarse los dientes en una cuneta.</p>
<p style="text-align: justify;">La carretera es un túnel oscuro y húmedo. Raúl iba consultando el GPS del coche y el mapa. No desviamos por una carretera comarcal, luego tomamos una pista forestal. El agua amenazaba con hundir los bordes de tierra y tenía que ir conduciendo con cuidado. Menudo encuentro en la tercera fase, vaya par de gilipollas. Las 4 y estábamos ya allí. Detengo el motor y el brusco silencio revela el traqueteo del agua sobre el capó y el techo del coche. Afuera está muy oscuro, pronto los cristales se empañan y tengo que bajar la ventanilla. Silencio, el termo y el sabor amargo del café sin azúcar, como le gusta a Raúl.</p>
<p style="text-align: justify;">No hubo luces, no hubo nada. Llegó la hora, tomamos las capas de agua del asiento trasero, las linternas, y salimos fuera. Llueve poco, muy poco y el cielo está cubierto y muy negro.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Joder! Aún no sé como aparecieron. Allí está la nave, un inmenso huevo negro y liso colgando en la oscuridad. Je, a Raúl también le temblaban las piernas, creía que había sido el único de los dos que se había acojonado tanto. Ahí estoy, enfocando la linterna a esa superficie enorme y mate colgada a cinco metros del suelo. El agua corre por ella y gotea hasta el suelo. Tampoco hubo puerta alguna, sonido, luz, de repente estaban ahí, en medio de la carretera. Los iluminamos mientras retrocedíamos contra el coche.</p>
<p style="text-align: justify;">Ha vuelto la luz, esa sí la recuerdo, la luz que estalló dentro de nuestra cabeza, un doloroso calidoscopio que nos hizo caer al barro sujetándonos las sienes, llorando de dolor. Y luego&#8230; nada.. ya no están ni ellos ni la nave. Bueno, sí están, los noto aquí, adentro de la mente de Raúl junto conmigo. Hola cabrones&#8230; no me oyen, claro, sólo le hablan a Raúl, y lo hacen con imágenes que toman de nuestra mente. Es curioso, los símbolos que escogieron para Raúl eran diferentes que los míos. Lo veo ahora&#8230; un enorme desierto negro cubierto de hogueras. Uno de ellos va buscando por el suelo, en la oscuridad entre hoguera y hoguera. Encuentra algo, se agacha, una de las piedras está cubierta de hormigas, pequeñas hormigas que se mueven frenéticas. Y él sonríe con una dulzura infinita. Joder, parece un anuncio, son buenos, viajan por el cosmos visitando mundos. Se agacha sobre otra piedra, más hormigas; otra piedra, otras hormigas. Levanta la vista, hay una pradera inmensa punteada de luces&#8230; no tiene fin. Raúl está fascinado, le han comido el coco desde el primer momento.. a mí no me engañaron&#8230; en ese momento bajo la alucinación, estaba pensando dónde estaba el truco, el error. Ahora viene lo bueno&#8230; el marciano dibuja líneas sobre la arena que unen todos los guijarros que no tienen luz y luego esas líneas arden, iluminan, abren el camino al espacio. No, no a todos se les abre el camino, a una de las piedras no. Se agacha sobre ella, la acerca a la vista, yo también la veo de cerca, mira como las hormigas se matan sobre la superficie negra. Hay guerras, mueren de hambre. Es una piedra redonda, de color azul y blanco, una bella canica coloreada,  somos nosotros joder&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y qué?, nos matamos, nos amamos, nos odiamos, tenemos derecho a ser como somos. ¡Joder!</p>
<p style="text-align: justify;">Coge la piedra y la aísla, lejos de la luz, de los caminos, para ella no hay rutas a la luz solo un círculo, una prisión.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahí termina la visión. Ahora Raúl abre los ojos&#8230; es ya de día. ¡Dios!, está entumecido por una noche tirado bajo la lluvia, empapado y tiritando. El sol comienza a brillar bajo la capa de nubes. Duelen las articulaciones, hormiguean brazos y piernas.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Qué ha pasado?</p>
<p style="text-align: justify;">Oigo mi voz, veo mi cara</p>
<p style="text-align: justify;">-No lo sé aún. Necesito un café.</p>
<p style="text-align: justify;">El termo está vacío, ni una gota. Lo tiro en el coche y sin preocuparme de la tapicería, me siento al volante. Raúl no reacciona, está de pie, con la capa de agua, mirando al cielo.</p>
<p style="text-align: justify;">-Vámonos.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos desperezamos y, sin una palabra, volvemos, sucios y temblando hasta Madrid, a casa de Raúl&#8230; ¡joder&#8230;! ¿por qué no se acordó? Idiota, maldito idiota.</p>
<p style="text-align: justify;">Conduzco como un zombi, recuerdo que apenas veía la carretera, sólo aquellas visiones que nos habían estallado en mitad de la mente. Aparco en el parking de Tribunal y recorremos las calles sucios de barro, con ojos de drogata colgado, hasta llegar al piso de Raúl, subir en el ascensor, abrir la puerta y&#8230; en medio del salón&#8230; vestida únicamente con una camiseta y durmiendo en la enorme cama que domina todo el pequeño apartamento, Maria que debía estar en un congreso, lejos, aún cabreada conmigo pero acumulando ausencia para poder volver a empezar a la vuelta, tal y como había pasado tantas veces antes. Pero no esa vez, ya no hay vuelta atrás, todo está terminado. Raúl se acaba de dar cuenta. Yo no digo nada, je, cómo iba a decirlo, había un cocodrilo comiéndose mis entrañas. Intento vomitar en un rincón, pero no sale más que bilis, amargura, solo una pequeña porción del mar interminable en el que me ahogo. Raúl se apoya en la pared y mira, como un imbécil, sin saber qué hacer. ¡Dios! Mátame idiota, ahora, como a un caballo con una pierna rota, hazlo ahora, hazlo y todo irá bien. Pero no, me deja salir de allí sin una palabra, sin ni siquiera una mirada. Una puta hormiga hastiada, dolorida, que baja la escalera casi rodando en busca de una botella, una raya, algo que le saque del estupor, que le anestesie.</p>
<p style="text-align: justify;">Raúl se sienta en el suelo y lentamente se lía un poco de hashis, movimientos premeditadamente lentos que poco a poco van calmando el temblor de las manos. Lo enciende, huelo el hedor acre de la vomitona que muere en las bocanadas ansiosas del tabaco dopado. Mira a María, que aún duerme, siempre ha tenido un sueño muy profundo, y espera que despierte.</p>
<p style="text-align: justify;">Se levanta&#8230; ¿dónde va?&#8230; al baño&#8230; se mete vestido y todo en la bañera y deja que el agua caliente borre todo, que apague el cigarro que cuelga deshecho de la boca. El agua casi hierve, disuelve el barro, se lleva el frío. Ahora se desnuda, la piel se calienta y llega el cansancio. El piso esta frío, casi sin secarse se va a la cama con María. ¡Dios&#8230;! se tiende a su lado, la abraza, casi había olvidado el tacto de su piel, esa respiración profunda, los ritmos callados del cuerpo. Raúl ya no está, ha cerrado los ojos, pero sigo sintiendo su piel en mi palma, su cuerpo contra el mío&#8230;. es como vivirlo mil veces más cerca, mil veces más intenso. He imaginado esto cien veces, mil veces, ahora mientras Raúl la tiene en sus brazos estaré sentado en el coche, en el parking, empapado, imaginándomela tal y como está ahora. Luego arrancaré y, muy despacio, dejaré que el coche elija una ruta. Terminaré durmiendo en una cuneta en una carretera secundaria  camino de Burgos, cuando los ojos se me cierren y un sueño pesado llegue como una catarata. Pero ni aún así dejaré de ver a María en la cama de Raúl, durmiendo feliz.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Ya estas despierta?</p>
<p style="text-align: justify;">-Mmm, creo que sí.. ¿a qué hora llegaste ayer?</p>
<p style="text-align: justify;">-Las siete</p>
<p style="text-align: justify;">Raúl está sentado en la cama, fumando y mirando al cielo por la ventana de la buhardilla. Afuera, en el alfeizar hay sentada una paloma. Fuma y deja que el calor de la droga le ilumine la sangre.</p>
<p style="text-align: justify;">-Ayer&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Nada, no me creerías&#8230; eso no es lo peor</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Y?</p>
<p style="text-align: justify;">-Oscar lo sabe</p>
<p style="text-align: justify;">Remover de sábanas, cara larga&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Je, no me digas que lo sientes.</p>
<p style="text-align: justify;">-¡¡Joder!!</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">De repente, María se levanta. ¿A dónde vas, quédate con él? Total, el daño está hecho.</p>
<p style="text-align: justify;">-Yo&#8230; no quería&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Dónde vas?</p>
<p style="text-align: justify;">-No sé, a casa, tengo que hablar con él, intentar&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">La mira irse. Imbécil, yo no la hubiera dejado, es la mejor mujer que hay sobre la tierra&#8230; y yo&#8230; ¡Dios!, esto duele más de lo que pensaba. Quiero cerrar los ojos, pero no puedo, sigo mirando la puerta cerrada, sentado en la cama, sin capacidad para que Raúl se mueva, se cubra del frío, haga algo.</p>
<p style="text-align: justify;">Al fin Raúl duerme y llegan de nuevo las imágenes, como me pasó a mi&#8230; aquí están.</p>
<p style="text-align: justify;">Vuelve la llanura en sombras, las hogueras, la piedra azul rodeada de luz, nosotros. Esta vez la visión baja hasta la superficie de la tierra. Hay escenas, muchas imágenes como falsees veloces, hambre, guerra, muerte, tortura, asesinatos, riqueza indigna, pobreza, llanuras en sequía, ballenas masacradas. Joder, parece un puto reportaje de Amnistía Internacional o Greenpeace. Y ahora se detiene, desciende en todas esas escenas a la vez en una enorme caída vertiginosa hasta las pieles blancas, morenas, muertas, vivas, sangrantes. No se detiene ahí, sigue bajando el zoom, diez mil vahídos simultáneos que me arrastran.. y llegamos a las células, luego al núcleo, después a&#8230; qué&#8230; ¿qué es eso? Joder, los genes, el ADN, se desenrollan, están cambiando, lo están haciendo, lo van a hacer y no podemos hacer nada, nada. Joder, ¿qué derecho tienen a cambiarnos? Ahora regresa, ascendemos bruscamente, volvemos afuera y todo es&#8230; diferente&#8230; esos&#8230; esos ¿quiénes son? Somos nosotros, pero no nos parecemos, con cara de idiotas. Ya no hay diferencias entre los sexos -las mujeres son planas, los hombres efebos suaves-, ya no hay diferencias entre las razas, todo es uniforme y se entienden, no hay&#8230; nada.. no hay ciudades, no hay coches, solo casas sencillas, generadores naturales, maquinas extrañas que crecen de la tierra. Vuelvo a verlo y no me lo creo. Nos quieren transformar en eso, sin preguntarnos. Esto no es una consulta, solo nos lo muestran.</p>
<p style="text-align: justify;">Y ahora el marciano nos alumbra con una luz que sale de sus manos. La luz cambia la llama amarilla de la destrucción que arde en la piedra y se vuelve azul estelar. La perspectiva cambia, ahora estamos sobre la piedra, rodeados de hormigas que miran al cielo, a la luz intensa. La rodean constelaciones, yo tuve el mismo sueño, parecido. La luz es suave, delicada, ausente de violencia, y sigue brillando arriba, en las constelaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Raúl ha tenido que entenderlo, como hice yo. Los cabellos han tenido que volvérsele canos como me sucedió a mí. Desperté del sueño horrorizado, doliéndome hasta la última fibra de mi cuerpo, casi llorando. No solo es mi vida la que se iba al garete, era la de toda la tierra.</p>
<p style="text-align: justify;">Salí de aquella cuneta y conduje de vuelta a Madrid a buscar una buena ducha, a pensar. Crecía una rabia sorda, desaparecía el paisaje, el pensar se hacía difícil, sólo había una imagen: María durmiendo en aquella cama, y en ella se resumía toda aquella locura que me calcinaba los pensamientos.</p>
<p style="text-align: justify;">Raúl ha entendido al fin, corre vistiéndose, casi se mata al ponerse los calcetines. Llama a un taxi y se dirige directo a la oficina. Apenas llega saluda con un monosílabo huraño a la secretaria, a los becarios y se encierra en su despacho. Me lo contó luego, lo voy a ver ahora mismo. Las siguientes series de recepciones en esa frecuencia&#8230; son coherentes, hay información ahí&#8230; ahí están cursos completos de matemáticas, de física, de algo que parece un cruce entre la biología y la música. Todos empiezan de cero, enseñando los símbolos básicos y se complican rápidamente, sobrepasando nuestro estado actual de conocimientos. Es la iluminación que llega de las estrellas, maldita iluminación, maldita suerte. Y hay algo más, al final del todo, algo que hace que abra mucho los ojos&#8230;  yo también lo vi más tarde.</p>
<p style="text-align: justify;">Suena el móvil. Puedo escuchar la conversación.</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí</p>
<p style="text-align: justify;">-Soy María</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Estás bien?</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí, he ido a casa, Enrique no está. Ten.. tengo miedo.. lleva una pistola en el coche. ¿Lo sabes?</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí, pero.. bueno, ha sido un golpe para él, duro, pero no creo que &#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Tú crees?</p>
<p style="text-align: justify;">-Si</p>
<p style="text-align: justify;">-Estoy escuchando la puerta del garaje abriéndose, seguro que es él. Luego te llamo</p>
<p style="text-align: justify;">Pero ya no llamará más, ya no podrá sonreír y arrastrar las palabras en susurros, o gritar con esos jadeos cortos que ella llamaba risa. Ya sólo podrá verme abrir la puerta, empapado, los ojos inyectados en sangre, y levantar la pistola apuntando a su cabeza. Y aquí Raúl .. Raúl, ¿qué pensará? Nada, está enfrascado en los datos, leyendo lo que implica el final del mensaje, el último paquete de datos que se repite 10 veces antes de que la señal se extinga.</p>
<p style="text-align: justify;">La extinción como especie, un nuevo amanecer, joder, quién los había llamado, ¿quién? Tuvieron que salir de su madriguera, montar en sus huevos negros y recorrer la galaxia haciendo el &#8220;bien&#8221;. ¿Qué bien? ¡Mierda!</p>
<p style="text-align: justify;">Tardo en llegar, recuerdo que me metí en la ducha, ciego, sordo, mientras aún olía a pólvora en la habitación. Cuando salí del baño goteando, todo parecía normal, una mañana cubierta, el cielo amenazaba lluvia otra vez, la cama desecha, sus libros en la mesilla, mis dossieres en la mía. Y ella despatarrada sobre la cama, ensangrentada, una bella araña de pelo y piel blanca espachurrada por las balas, carne muerta, ausencia, silencio.</p>
<p style="text-align: justify;">Tardé en llegar a la oficina. El día había terminado ya, llovía y las calles estaban casi vacías. Todo el mundo se había marchado del edificio. Me escucho desde dentro de Raúl abrir la puerta. El corazón se le acelera, se levanta de la silla y espera detrás de la mesa. Abro la puerta, soy yo, oscuro, sombrío, vestido de cualquier manera, medio empapado y con la mirada turbia. Entro y me siento en el sofá, mirando a Raúl. Recuerdo que durante cada segundo me pesaba la automática en el bolsillo de la chaqueta, sentía su tirón sugerente, su llamada de metal celoso y eficaz.</p>
<p style="text-align: justify;">-Viste a María</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí</p>
<p style="text-align: justify;">No hay nada que decir, no hay palabras. Raúl me mira, se acerca a su armario y saca güisky, dos vasos, sin hielo. Me bebo el mío de un trago y Raúl lo rellena dos, tres veces. El también bebe. La única luz proviene del ordenador y de la calle.</p>
<p style="text-align: justify;">-Ha terminado la transmisión. Hay cinco Terabytes de información científica.</p>
<p style="text-align: justify;">No hablo, no respiro apenas, sólo lo miro.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Entiendes lo que significa? Nos han dado su ciencia o la mayor parte de ella, lo importante. Nadie sabe que puede haber ahí, qué trascendentales descubrimientos. Me da miedo hasta pensarlo.</p>
<p style="text-align: justify;">-Eres feliz con eso, ¿no?</p>
<p style="text-align: justify;">Es una voz gutural, como de fiera al acecho. Raúl no responde, mira al ordenador, trastea con los datos.</p>
<p style="text-align: justify;">-Hay&#8230; algo más. Mira</p>
<p style="text-align: justify;">Me levanto, la pistola pesa más que nunca, meto la mano en el bolsillo y, por inercia, miro el monitor que en esos momentos no me importa absolutamente nada, hasta que lo veo, allí, en un diagrama muy claro. No sé como Raúl ha conseguido traducir y presentar la idea, pero esta allí. Miro la pantalla una y otra vez, luego a Raúl. Es un plano, un esquema de infección de un retrovirus. Primero Madrid, luego España, el resto del mundo después&#8230; todo el planeta. Con ese retrovirus inducirán los cambios genéticos, sin remedio, sin esperanza. Quizá nosotros no lo notemos, pero nuestros hijos, la siguiente generación, y la siguiente, y la otra ya serán otra especie. El hombre habrá muerto. No hay nada en la tierra que pueda impedir su contagio, que será silencioso, sin remedio. Y el epicentro de aquello es&#8230; el sitio de nuestro encuentro.</p>
<p style="text-align: justify;">-Hay algo más, otra cita, esta noche. Quizá si les hablamos.. no sé, estoy confuso. Tú lo sabes igual que yo.. ¿qué es mejor? ¿seguir como estamos? ¿permitir que nos cambien?</p>
<p style="text-align: justify;">Callo, hay silencio.</p>
<p style="text-align: justify;">-Hay que impedirlo, acabar con ellos.</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí, quizá sí.</p>
<p style="text-align: justify;">Volvimos al coche, le dije a Raúl que condujese, yo no podía abandonar el tacto del metal, necesitaba calentarlo con el calor de mi mano. Sabía que ahí dentro estaba María, una María inversa y destruida que el cañón del arma había devorado.</p>
<p style="text-align: justify;">Fuimos despacio, Raúl conduce fatal, subiendo por la autopista, luego por las carreteras comarcales, luego el camino. El punto brilla en el GPS del coche, de nuevo el mismo lugar.</p>
<p style="text-align: justify;">-Entiendes lo del monitor, no estoy seguro, no.. quizá.. no sé, no puedo pensar.</p>
<p style="text-align: justify;">No respondo, no puedo. Siento cómo Raúl se esfuerza en dominar el coche, cómo mira a la oscuridad y a la vez intenta hablar. Llueve de nuevo y las gotas golpean con fuerza la chapa.</p>
<p style="text-align: justify;">-Es&#8230; no sé&#8230; creo que tienen razón.. no funcionamos bien como especie, tenemos que cambiar. La agresividad, el sexo, las pasiones tan primarias.. ya sólo nos perjudican. Quizá lo han hecho ya con mil mundos, quizá gracias a eso los han salvado de sí mismos.</p>
<p style="text-align: justify;">Claro que había entendido</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Y lo ves bien, claro?</p>
<p style="text-align: justify;">-Eh</p>
<p style="text-align: justify;">-&#8230;¿Que lleguen unos putos ETs y nos obliguen a cambiar, que en dos generaciones alteren todo el genoma humano? ¿Bien?</p>
<p style="text-align: justify;">-Es una cosa sin remedio, a ellos también les pasó. Viste la grabación ¿no?</p>
<p style="text-align: justify;">-Llegan, y sin preguntar, extinguen al homo sapiens y crean el <em>homo imbecilus</em>, el <em>homo sometidus</em>, una piltrafa babeante seguramente para ser más fácilmente conquistados.</p>
<p style="text-align: justify;">-Esas ideas tan agresivas&#8230; la conciencia universal&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Cuidado!</p>
<p style="text-align: justify;">Casi nos salimos de la carretera. Mejor, hubiera sido mejor. Raúl está al borde de las lágrimas, su mente cree que es por emoción, ha decidido que eso es bueno, que es un paso natural, pero su cuerpo llora, sabe que es el fin de nuestra especie, la carne no es tonta, sabe y se rebela.</p>
<p style="text-align: justify;">-Idiota, eres un idiota</p>
<p style="text-align: justify;">Pasamos un pueblo completamente en sombras y sin nadie en las calles. A la salida del pueblo, ya en la pista forestal, le pido que se detenga al pasar por la cantera. Me veo levantarme del asiento. Voy a la parte de atrás y hurgo en el maletero. Luego corto la cadena que mantiene cerrada la verja metálica. Dos disparos dan cuenta del perro que se me echa encima. Raúl se encoge ante el ruido de las detonaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde dentro de Raúl me veo forzar la caseta de los explosivos y regresar cargado con una caja de explosivo plástico. En el maletero tengo preparados el temporizador y los detonadores, las conexiones eran sencillas, conozco la hora a que llegarán con exactitud astronómica.</p>
<p style="text-align: justify;">Recuerdo que me quedé mirando el maletero, el pequeño paquete de explosivos. ¡Qué gesto absurdo! No hay opción a nada, no hay posibilidad de lucha, es como si un mono pretendiese acabar con el científico que lo quiere estudiar,  a lo sumo puede morderle una mano. Bueno, es un gesto.</p>
<p style="text-align: justify;">Regreso al asiento del copiloto y le hago un gesto para que continúe.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Desde cuándo estás con María?</p>
<p style="text-align: justify;">-Dos meses, desde que tuviste aquel lío con Sonia, en la fiesta de la empresa, y desapareciste. Yo la lleve a casa.</p>
<p style="text-align: justify;">Sonia no era nada, Sonia sólo era un cuerpo, un lugar, una geografía, nada. Sólo dos besos en el baño, carne tersa en mis manos, solo el elástico de sus bragas hiriéndome las manos.</p>
<p style="text-align: justify;">-Necesitaba cariño&#8230; yo también.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Y no había otro disponible? ¡Joder, Raúl!</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Dios Enrique! ¿y qué quieres? ¿que el mundo gire a tu alrededor? ¿Que todos seamos y hagamos lo que tu deseas para que tu mundo no se desmorone?</p>
<p style="text-align: justify;">-Cuidado con el volante.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya quedaba poco, la pista amenazada de desmorones por la lluvia. La oscuridad devoraba el mundo. Había dejado de llover.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué quería? ¿Que el mundo fuese distinto, que no muriesen las ilusiones, que no hubiese mañana?, ¿que el futuro no se arrastrase penosamente hasta depositar sus estratos sobre mi cama?; ¿que la vida brillase siempre como el filo de un amanecer loco, harto de beber, de follar, de vivir?. ¿Qué quería? A María y él se la había llevado. La quiero aún, y a él, al imbécil de Raúl. Le amo intensamente mientras me veo levantar la automática, mientras Raúl abandona el volante y se protege con las manos intentando parar la bala. Estalla el mundo, el coche es una estrella de luz blanca que arde ¿dónde?, en un vacío punteado de fuegos, líneas de luz que cruzan la noche y unen pequeños pedazos de piedra negra.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy;  Eduardo Vaquerizo<br />Reproducido con permiso del autor</span></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.humoyespejos.com/2009/05/13/clic/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La sangre</title>
		<link>http://www.humoyespejos.com/2009/05/11/la-sangre/</link>
		<comments>http://www.humoyespejos.com/2009/05/11/la-sangre/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 11 May 2009 04:01:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Luis Rendueles</dc:creator>
				<category><![CDATA[Teatro de sombras]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.humoyespejos.com/?p=302</guid>
		<description><![CDATA[Por la mañana sangró por primera vez.
Su madre le había comentado los cambios que se iban a producir en su cuerpo, así que no la pilló de sorpresa.
Para lo que no estaba preparada fue para el ansia que la invadió. Ahora que ya era adulta, tenía que probarlo.
Escoger su primera víctima fue fácil: el borrachín [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Por la mañana sangró por primera vez.</p>
<p style="text-align: justify;">Su madre le había comentado los cambios que se iban a producir en su cuerpo, así que no la pilló de sorpresa.</p>
<p style="text-align: justify;">Para lo que no estaba preparada fue para el ansia que la invadió. Ahora que ya era adulta, tenía que probarlo.</p>
<p style="text-align: justify;">Escoger su primera víctima fue fácil: el borrachín que un par de meses atrás le había dicho que tenía cara de vicio, y la había invitado a ver una película de dibujos animados.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquella vez le había comprado una coca-cola y un cubo grande de palomitas, y había hecho que se sentara a su lado, en la fila de atrás.</p>
<p style="text-align: justify;">En mitad de la película le había cogido la mano, apoyándola en su miembro y, sin soltarla, empezó a frotarse contra su palma.</p>
<p style="text-align: justify;">Había acabado con un gemido, y un chorro líquido quedó goteando de su mano de once años. Después, se había marchado sin decirle nada, y ella había sentido su olor acre en cada puñado de palomitas que había metido en la boca.</p>
<p style="text-align: justify;">No había vuelto a verlo desde entonces. Intentó no parar por los sitios donde era seguro encontrarlo.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero muchas veces había sentido que alguien la miraba.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso, fue él la persona a la que buscó para celebrar su primera sangre.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue tan torpe como la otra vez. Con la mirada perdida, la invitó a ir al cine. Aceptó y también se sentaron en la última fila. Recordando el sabor de la vez anterior, no pidió palomitas.</p>
<p style="text-align: justify;">Apenas habían pasado veinte minutos, cuando sintió su respiración acelerada, y la mano tanteando en la oscuridad para encontrar la suya.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta vez, fue ella la que tomó la iniciativa. Le apartó la mano, y se inclinó sobre él para hacerle lo mismo que la otra vez, pero ahora con la boca.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora podía hacerlo, ya era adulta.</p>
<p style="text-align: justify;">El hombre no protestó, murió feliz, desangrado, mientras ella mamaba, probando la elasticidad de los colmillos nuevos que le habían salido esa misma mañana.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy;  José Luis Rendueles<br />Reproducido con permiso del autor</span></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.humoyespejos.com/2009/05/11/la-sangre/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Sombras en el malecón</title>
		<link>http://www.humoyespejos.com/2009/04/20/sombras-en-el-malecon/</link>
		<comments>http://www.humoyespejos.com/2009/04/20/sombras-en-el-malecon/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2009 04:00:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Félix J. Palma</dc:creator>
				<category><![CDATA[Teatro de sombras]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.humoyespejos.com/?p=292</guid>
		<description><![CDATA[¡Oh, soledad, si tengo que convivir contigo
que no sea en la maraña de oscuros edificios!
John Keats
Ese descubrirse muerta nada más abrir los ojos, nada más sentir sobre la cara la triste y aguada luz del amanecer, sacudiéndole el sueño como el plumero de un mayordomo eficiente, situándola de repente entre cuatro paredes que no reconoce [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>¡Oh, soledad, si tengo que convivir contigo<br />
que no sea en la maraña de oscuros edificios!</em></p>
<p style="text-align: right;"><strong>John Keats</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Ese descubrirse muerta nada más abrir los ojos, nada más sentir sobre la cara la triste y aguada luz del amanecer, sacudiéndole el sueño como el plumero de un mayordomo eficiente, situándola de repente entre cuatro paredes que no reconoce porque nunca las ha mirado de verdad. Ese dejarse atravesar por los días sin ofrecer resistencia, ese no ser más que Nuria y ni siquiera eso desde que ocurrió aquello, desde aquella noche que se llevó a Manolo y se olvidó de ella. Se revuelve en la cama demasiado grande, tratando de esquivar la ridícula luz que se cuela hábilmente por la persiana a medio bajar, retrasando el momento de abandonar las sábanas y fingirse viva. Busca la cajetilla, se coloca el cenicero sobre el vientre y enciende un cigarrillo. Lo fuma lentamente, mirando el techo, buscando un motivo por el cual deba levantarse, preguntándose por qué debe continuar si ya perdió su sentido, si ya esto de vivir le aburre y le duele.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero finalmente se levanta, como hace siempre, porque a la larga sabe que no existe ninguna diferencia y eso es lo peor de todo. Abre la ducha y se sumerge bajo el chorro. Cansada, descolorida, se recuesta contra los azulejos, dejando que los dedos tibios y atrevidos del agua la recorran, la perfilen, la concreten con su magreo líquido, encontrando por ella los límites perdidos de su propio cuerpo, esos bordes donde queda contenida que Manolo subrayaba cada noche con el tiralíneas de sus caricias. Y piensa en él, en sus ojos y su risa, en el consolador culebreo de sus dedos por esas parcelas de su cuerpo cedidas una noche de luna y velas, en la paz de su rostro ladeado contra el asiento y en el lento resbalar de aquella gotita de sangre desde la comisura de sus labios. Luego se seca mecánicamente, borrándose otra vez, extraviándose de nuevo, sin saber dónde acaba Nuria y empieza todo lo demás.</p>
<p style="text-align: justify;">Se prepara un café y lo bebe sin ganas, cansinamente, entre cigarrillos. Echa algunas miradas por la ventana: las mismas calles vacías de los últimos meses, el mismo cielo untuoso y crispado, el mismo estremecimiento de los árboles, el descenso rutinario y ocre de sus hojas al buscar las aceras&#8230; Casi le cuesta creer lo que cuentan las postales: que todo aquello renazca con el verano, que aquellas calles yertas se inflen de color y ruido y el mar que ahora apenas vislumbra entre los edificios mude su nostalgia por un azul voluptuoso y fulgente, como de carnaval. Por supuesto lo prefiere así: tan silencioso y fantasmal, tan afín, tan apropiado. Acaba el café y deja la taza en el atestado fregadero. Enciende un nuevo cigarrillo. Sabe que tarde o temprano alguien, no sabe todavía quién o de qué forma, pondrá fin a todo esto, a esta repetición inútil, a este lento y disimulado consumirse. Pero mientras&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Por fin se acerca a la máquina de escribir como todas las mañanas, sabiéndose derrotada de ante mano, sabiendo que el papel seguirá blanco cuando por fin se levante para vaciar el cenicero. Mira las cartas de la editorial, amontonadas al lado de la máquina, la mayoría sin abrir. El plazo de entrega se le acaba y aun así es incapaz de retomar su cuarta novela, arrinconada en una esquina de la mesa, los personajes intercambiando sus nombres, sus sueños, sus sexos, amotinados en una trama que se desanuda día a día, sin una sola línea nueva desde aquella noche de pesadilla que no deja de rememorar una y otra vez, manoseando cada detalle, desgarrándose por dentro a voluntad, porque el dolor ha llegado a convertirse en un licor dulce, en un cascabeleo agradable que le dice que existe, en un peso interior que la ancla a sí misma, que la mantiene cohesionada. Ni una sola línea, sólo un removerse intranquilo en la silla, una pantomima ante el teclado que ya no engaña a nadie, que ya no promete nada, y siempre la decisión final, que resultaría espontánea de no ser porque se repite cada día, el retirarse de la mesa con un gesto brusco, sofocado, el descubrirse tratando de orientarse en el vestíbulo de su propia casa, y el abrigo, la cajetilla y el encendedor, las llaves, el viento frío picoteándole las mejillas encendidas, el errar por las calles desiertas tan remiradas desde la ventana, la indiferente acogida del pequeño pueblo costero que Manolo y ella, el joven arquitecto y la prometedora escritora, escogieron para alzar su soñado baluarte contra el mundo, aquella casa que él diseñó con tanto esmero, cuidando cada detalle, discutiendo con ella cada curva de las cornisas, cada remate victoriano de la fachada en noches maravillosas, entre sábanas y café y Manolo y Nuria, la misma casa de cuento de hadas que es incapaz de mirar ahora, sin Manolo, sola, vacía, sin esa protección que de alguna manera eran las sábanas y el café, el lugar donde desembocó su torpe y nebulosa huida. </p>
<p style="text-align: justify;">Calles y más calles. Huecas. Desvalijadas. A merced del viento. Y el malecón. Al final del imprevisto y esperado paseo de nuevo el malecón, como si las desoladas calles se aliaran para traerla siempre allí, a la calma definitiva de aquella superficie de  cemento gris tendida hacia un mar igualmente gris. </p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p style="text-align: justify;">Y el malecón la recibe a su manera, envolviéndola en su falta de colores, en su franco esquematismo. Ya no encuentra rastro alguno de la imagen gallarda de los veleros ni de los lujos ni de esos atardeceres tan empalagosos de las postales, tan solo queda un trazo seco de piedra sobre las plateadas olas, un pedestal desabrigado contra cuyo reborde ronronea el mar, sobrecogedor e infinito. Allí, con toda una hilera de bancos descascarillados donde escoger, se siente olvidada de veras, muerta de verdad, y se pregunta si realmente existe algo más aparte del gris salado y lúgubre que la rodea, del gris húmedo y poroso que la llena. Aunque quisiera no podría demostrar que minutos antes estuviese ante la máquina, recibiendo la burla de las teclas, tratando de rescatar su última novela; ni siquiera puede demostrar que exista tal novela o que ella sea escritora. Ni siquiera puede demostrar que a unos pasos de allí exista un pueblo enfermo de invierno. Ni siquiera sabría como demostrar que sigue viva. Pasea un poco por el bordillo del malecón, se para, junta sus tacones, abre los brazos, se observa crucificada sobre las olas de charol, musita un Manolo rancio que le llena la boca de moho, mira las aguas agrisadas y piensa que por qué no, que por qué no hoy; pero de alguna manera sigue allí, sin atreverse a adelantar un pie hacia la nada redentora del mar, sin reunir el valor o las ganas necesarias para abandonar la ilusoria seguridad de ese apéndice repudiado de la ciudad que es el malecón y dejarse envolver por la mortaja gris de las aguas, por el olvido silencioso y profundo que tanto desea. </p>
<p style="text-align: justify;">Se arrebuja en su abrigo y se sienta en un banco. Fuma. Cierra los ojos y agacha la cabeza, lentamente, ofreciendo al frío cortante del malecón parte de su cuello, y entonces, como cada mañana, como cada vez que cierra los ojos y baja despacio la cabeza, Manolo aparece por detrás y besa entre risas la ofrenda cálida y suave de su piel descubierta y la busca con dedos de borracho bajo la ropa y dice que no puede más, que no ve el momento de llegar al apartamento y tomarla y olvidarse de la estúpida fiesta y de aquellas sonrisas tan falsas y podridas y el asedio de las cámaras y ella nota cómo sus pezones se marcan contra la fina tela del vestido y se atreve a reclinarse en el asiento, sintiendo cómo las traviesas caricias de él y el champán se alían para desdoblarla, para crear una nueva Nuria que se desgaja de la Nuria que conduce por la sinuosa carretera, que se siente adormecer entre plumas, vencida por una sensualidad inesperada y placentera, que ni siquiera es capaz de alterarse cuando una sombra huidiza sale de los matorrales y se estrella de repente contra el costado del coche, que ni siquiera puede hacer más que sonreír tontamente cuando Manolo desenvaina la mano de entre sus muslos y trata de enderezar el volante, que ni siquiera intenta moverse cuando el vaivén del vehículo le insinúa que nunca llegaran al apartamento, que aunque esto no estaba en su agenda está ocurriendo, que después de todo aquellas eran las últimas caricias, que ahora, ya ves, la barra de seguridad cruje y arremete rabiosa, hecha pedazos, contra el parabrisas. Entonces, mientras nota sobre el rostro el salpicón afilado del cristal, comprende que de golpe todo a quedado reducido a un segundo, un segundo eterno y exasperante de encogerse sobre sí misma, de sentirse estúpidamente viva, un segundo en el que nada importa, un segundo dislocado del tiempo en el que solo resta esperar y esperar hasta que todo se concrete.</p>
<p style="text-align: justify;">Fuma y mira el mar. Recuerda el dolor de creerse muerta y, sin embargo, no siente más que el de saberse viva. Y se le van las mañanas entre cigarrillos y accidentes, entre lágrimas saladas y hombres que mueren de repente, a su lado, sin contar con ella, sin terminar sus caricias. Si no hubiera insistido en conducir, si aquella tonta fiesta no la hubiese asfixiado tanto, si la luna, oh si la luna no hubiese asomado por entre las copas de los pinos como una invitación a olvidarse de todo, a surcar la fresca noche a su manera, a escapar, a aplazar el segundo siguiente, tan familiar y sabido, a borrarse en la velocidad cómplice y sentir la noche en el pelo, en las mejillas, subiéndole por las piernas&#8230;Mira el mar y fuma.</p>
<p style="text-align: justify;">Y nada cambia nunca en el malecón. Sólo el gris, impreciso y tozudo, manchándolo todo, difuminando sus limites hasta convertirlo en un lugar nómada, en una zona de sombras que no forma parte de nada, que es como una conclusión o un principio. El frío le busca los huesos y el viento arrebata casi enseguida la ceniza de sus cigarrillos y la esparce a su alrededor, de manera que a veces piensa que aquel sitio no está hecho de otra cosa más que de sus propias caladas, que no es más que un tejido de humo gris que ella hilvana cada mañana, desde su banco, desde su interior, con paciencia de artesano y dolor de plañidera. A veces el cielo la recompensa con una llovizna inofensiva, una lluvia breve y caliente que se le antoja orina, pero casi siempre se limita a estar allí, removiéndose lánguido y arrugado sobre su cabeza. Al igual que el mar, con sus olas artríticas y su brillo de navaja a las entrañas. Nada ocurre nunca en el malecón; y tal vez por eso venga aquí cada día, porque ya está cansada de que ocurran cosas, porque ya le ha ocurrido todo cuanto debía ocurrirle. Porque ahora sólo se trata de fumar y mirar el mar.</p>
<p style="text-align: justify;">Algunas mañanas, sin embargo, alguien consigue encontrar el camino secreto hasta el malecón y pasa a su lado como una interferencia, como un abanderado exhibicionista de ese mundo en el que siguen ocurriendo cosas, y ella le observa casi con repugnancia, molesta por su intrusión; a veces un ciclista sudoroso que pedalea a toda prisa y lanza miradas furtivas al terrible gris del mar, como comprobando cuántoo queda para el verano, para la luz del sol y de los besos; a veces un anciano renqueante que se detiene un minuto entre los bancos y escruta con ojos gastados las aguas, como comprobando cuánto queda para morir, para la oscuridad y el descanso definitivo; pero es el hombre de la gabardina arrugada y gris quien nunca falta a su cita, es por él por quien cada mañana deja de pensar en automóviles que se despeñan a la luz de la luna mientras le contempla pasear a lo lejos, como perdido, como sonámbulo, como difuminado; tal vez sea eso y no otra cosa lo que la trae cada mañana aquí, al olvido gris del malecón, el saber que hay otro que sufre,que existe un desconocido que fuma y mira el mar y que quizá se pregunte, cuando se para muy tieso al borde de la piedra, que por qué no, que por qué no hoy, que por qué no empezar yo ya que ella no se decide&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Los primeros días ni siquiera reparó en él, de manera que cuando se lo plantea no puede asegurar quién llegó antes, si el desconocido ya estaba allí cuando ella encontró el malecón o si por el contrario apareció después, una vez ella había elegido banco, sin hacerse notar, como si hubiera surgido del humo de sus cigarrillos; pero le gusta pensar que ambos llegaron el mismo día, como si de alguna manera lo hubieran acordado, como si sus respectivas tragedias estuviesen sincronizadas. Ahora, sin embargo, no hay mañana en la que Nuria no estudie sus movimientos con ternura. Le contempla caminar con las manos en los bolsillos, deambulando lentamente de un lado a otro, siempre sin acercársele demasiado, pero rebasando cada día un poco más los límites de sus paseos. Le contempla elegir un banco y encender un cigarrillo. Le contempla fumar ensimismado, con la cabeza ladeada, mientras su mente proyecta los recuerdos de su drama sobre la rugosa pantalla del mar. Le contempla. Hay algo en él. Sí, hay algo en él que&#8230;Esa forma descuidada de ajustar la gabardina sobre sus hombros, esa morosidad casi aristocrática de consumir el cigarrillo, ese atusarse distraído el cabello revuelto&#8230;Tan alto, tan delgado, tan Manolo.</p>
<p style="text-align: justify;">Al final el gris acaba por vencerla, siente el frío demasiado dentro, rozando casi el frágil caballete de sus huesos, y hasta se le escapa el sentido que cree ver en su espera sin sentido; de manera que siempre hay un regreso, una ducha caliente que dura horas y un tenderse en la cama con cierta vergüenza de niña, unos dedos lánguidos, como acobardados, y un trabajoso desdoblarse a sí misma, un buscar urgente en el roce de su cuerpo húmedo contra las sábanas una sensualidad protectora y no encontrar más que una vaharada leve y distante de deseo con que espantar la soledad. Y volver en sí después, sólo para constatar que la soledad sigue ahí una vez se le apaga la carne. Y arrastrarse hasta la máquina para ver si ahora sí, si ahora que se siente menos muerta es capaz de hilvanar alguna frase y descubrir que no, que nada de lo que lleva dentro es lo suficientemente fuerte como para hacer mella en el papel. Y buscar el cenicero. Y la cajetilla. Y fumar mirando el techo. Y decidir acercarse un banco más al día siguiente.</p>
<p style="text-align: justify;">Y el día siguiente llega después de todo, la recorre apenas y pasa, para dejar sitio al siguiente, aunque sea imposible precisar cuándo, porque no hay límites, porque no quedan ojos que miren relojes y todo se confunde bajo el humo de un cigarrillo, porque el tiempo es algo inútil en el malecón. Y entonces, sin que ninguno dé muestras de sorpresa, sin que ninguno sepa cuándo, sin que ninguno haga otra cosa que fumar y mirar el mar, una mañana se descubren compartiendo el mismo banco. Y en algún momento perdido en esa urdimbre pegajosa de mañanas y melancolía que es lo único que tienen ahora, el desconocido habla sin atreverse a mirarla, sin decir nada en realidad, y Nuria, con la mirada asentada en el mísero mar pero sin dejar de espiar aquellas manos pálidas y afiladas que no cesan de revolotear en busca de cigarrillos, nota en su interior como una lumbre, como una punzada suave y aceitosa al escuchar el sonsonete olvidado de una voz junto a ella. Da una calada y deja que el humo escape de su boca con morosidad, sin prisas, mientras le oye hablar, decir no sé qué sobre el pueblo, sobre lo abandonadas que parecen sus calles, sobre la terrible facilidad con que todo queda excluido en el malecón, y ella aguarda, aguarda porque sabe que no tardará en llegar, porque por fin llega un momento, una mañana, en que el hombre de la gabardina se queda sin palabras inútiles, de esas que no dicen nada, de esas que no pueden compartirse, y solo encuentra en el fondo de su garganta palabras calientes y ásperas, palabras que son como espinas, como brasas, como un veneno dulce que no alcanza a matarlo del todo, y sin mirarla dice que no puede continuar así, fumando y mirando el mar, que ha decidido poner fin a esta borrosa sucesión de días en que está atrapado, que piensa regresar al mundo de las decisiones y las mentiras, que ya no volverá más. Y Nuria asiente también sin mirarle, sabiendo que volverá a encontrarle caminando al borde del malecón a la mañana siguiente, ella que también prometió no volver más.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero no es eso lo que ella quiere. Nuria fuma y espera, y es incapaz de precisar cuándo -tal vez una mañana gris y silenciosa- las manos del desconocido dejan de peregrinar nerviosas por los bolsillos de su gabardina y se le crispan sobre las rodillas, para quedar sobre ellas inmóviles, como repudiadas, mientras la hiedra del dolor trepa por fin a su garganta y le oye decir entre gemidos mal disimulados que fue culpa suya, que sus caricias la mataron, que no debió dejarla conducir, que mejor haber muerto allí con ella que seguir aquí y no hacer más que verla morir una y otra vez, siempre despreciado por la muerte, siempre descubriéndose horriblemente vivo cuando el coche zozobra por fin entre los pinos. Nuria asiente levemente, oyéndole sollozar, sin poder apartar los ojos del caprichoso hilo de humo que surge de su cigarrillo y se entrelaza con la hebra blanca del cigarrillo vecino en un abrazo imposible. El desconocido se levanta, se asienta distraído la gabardina sobre sus hombros, se pasa los dedos por las mejillas y musita una despedida con voz ronca, un hasta mañana tal vez. Nuria le contempla cruzar apresuradamente  el malecón hasta el paseo y perderse entre las frías calles. Se encoge un poco, como tratando de plegarse sobre si misma, de desaparecer. Mira a su alrededor sin ganas, con la voz quebrada del desconocido flotando sobre ella como si fuese humo, y no puede evitar sentirse de sobra, como traspapelada.</p>
<p style="text-align: justify;">Y sabe que algo no es correcto, que tarde o temprano deberán discutirlo, tratar de arreglarlo por ellos mismos. Decidir, tal vez con una moneda, quién debe marcharse para siempre y quién a de permanecer allí, en el malecón, llorando su muerte. Porque de alguna manera no pueden seguir sin mirarse, sin aceptarlo. Porque no pueden continuar jugando a tú no existes, te vi morir una noche de luna, amor, en el fondo de un barranco, y ahora no hago más que inventarte a mi lado para que todo duela menos, no eres más que un fantasma, no eres otra cosa que humo. ¿Pero quién es el fantasma? O tal vez, piensa, ambos estén en lo cierto, tal vez los dos perecieran aquella noche y esto, este seguir juntos y sin embargo separados, no sea más que lo que hay después, ¿por qué no? O puede que sea todo lo contrario, que esto sólo sea un juego cruel, una idea descabellada pero necesaria surgida al calor de las sábanas y el café; tal vez nunca hubo ningún accidente, tal vez todo esto no sea más que una estrategia perversa, un salvavidas desesperado y urgente, una forma un tanto retorcida de verificar el amor mediante la ausencia, la única que encontraron. Enciende el último cigarrillo que le queda. Se siente demasiado cansada para decidirse por alguna de sus hipótesis, y le basta una breve mirada a su alrededor para comprender que tanto da, que lo único que puede hacer es seguir allí, fumar y mirar el mar, limitarse a ser sombra en el malecón en espera de que alguien -la editorial, sus padres, algún amigo, quizá&#8230;- ponga fin a esta repetición gris que ya no puede durar mucho. Pero ni siquiera ella misma confía en que  eso pueda ocurrir, en que este dolor terrible y convenido pueda tener un final, ya que se sabe incapaz de probar que tuviera un principio, que una vez hubiera otra cosa que aquel gris helado que la rodea, que antes la vida consistiera en algo más que fumar y mirar el mar.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy;  Félix J. Palma<br />Reproducido con permiso del autor</span></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.humoyespejos.com/2009/04/20/sombras-en-el-malecon/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Las tejedoras</title>
		<link>http://www.humoyespejos.com/2009/04/15/las-tejedoras/</link>
		<comments>http://www.humoyespejos.com/2009/04/15/las-tejedoras/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 04:32:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Carlos Somoza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Teatro de sombras]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.humoyespejos.com/?p=208</guid>
		<description><![CDATA[
-Ya sabe usted, doctor, que soy un hombre rutinario.
Esto lo decía Millanes porque había escogido el camino de costumbre para ir a su casa, pese a que desde la consulta del doctor Palomares podía irse por otro más breve. Ahora estaban inmersos en el cada vez más intenso tráfico del mediodía. Palomares escuchaba el runruneo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">-Ya sabe usted, doctor, que soy un hombre rutinario.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto lo decía Millanes porque había escogido el camino de costumbre para ir a su casa, pese a que desde la consulta del doctor Palomares podía irse por otro más breve. Ahora estaban inmersos en el cada vez más intenso tráfico del mediodía. Palomares escuchaba el runruneo del aire acondicionado, tocaba y olía la piel del asiento, se dejaba mecer por la suavidad de la inercia.</p>
<p style="text-align: justify;">-Qué quiere que le diga, doctor: la rutina mueve el mundo y la variación lo frena. Hacer lo mismo todos los días a la misma hora, y de la misma forma, es hacerlo cada vez mejor.</p>
<p style="text-align: justify;">-O cada vez peor -objetó Palomares-. La rutina puede llegar a ser muy mala.</p>
<p style="text-align: justify;">-Venga, no me diga que usted no es rutinario. En su caso, aún más&#8230; -Millanes se interrumpió-. Perdone, yo&#8230;-La risita de Palomares le hizo callar.</p>
<p style="text-align: justify;">-No te preocupes, hombre. Ibas a decir que aún más en mi caso porque soy ciego, ¿verdad? Un ciego debe ser rutinario por obligación: dejar el vaso de agua en el mismo sitio, levantarse del mismo lado de la cama&#8230; Pero yo creo que todo eso no es sino ser ordenado. La vida puede ser ordenada, Millanes, pero no rutinaria. Pasan cosas, amigo mío, pasan cosas. Solo hay que saber verlas. -El silencio indiferente en que se había sumido Millanes hizo pensar a Palomares que no le concedía mucho crédito a lo que un ciego pudiera entender por &#8220;saber verlas&#8221;. Decidió cambiar de tema-. Pero no entremos en filosofías. Me decías que al pequeño Javier le duele la cabeza desde hace&#8230; ¿cuánto?</p>
<p style="text-align: justify;">-Tres semanas y cinco días exactamente. Su madre ha ido apuntándolo en el calendario.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Y no lo habéis llevado al médico?</p>
<p style="text-align: justify;">-Estábamos esperando al chequeo familiar que nos hacemos a fines de verano. Nos revisan a todos, nos hacen análisis&#8230; Pero es que hace dos días que ha perdido el apetito, y hemos decidido que primero lo examine usted.</p>
<p style="text-align: justify;">-Agradezco vuestra confianza, Millanes, aunque sabes que ya no ejerzo.</p>
<p style="text-align: justify;">-Pero usted era el médico que visitaba en casa a mi familia. Le recuerdo bien.</p>
<p style="text-align: justify;">-Eres de lo que opinan que más vale lo malo conocido&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-No diga eso, doctor Palomares, yo&#8230; Ah, ya hemos llegado.</p>
<p style="text-align: justify;">-Qué pronto aparcaste -reconoció Palomares cuando el coche se detuvo y oyó abrirse una puerta.</p>
<p style="text-align: justify;">-Tengo calculado el sitio exacto del garaje y la maniobra que hago al entrar -explicó Millanes-. Además, el edificio es mío y lo conozco bien. Cuidado al salir&#8230; Ahora vienen dos escalones pequeños, luego dos puertas. Agache la cabeza porque hay un techo bajo&#8230; Por esta escalera podemos subir&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Palomares recordaba aquella casa, un vetusto bloque de una vetusta calle de Madrid. Había pertenecido al bisabuelo de Millanes, que era el fundador del negocio de telas. La planta baja estaba dedicada al comercio, la entreplanta al almacén, la segunda era la residencia familiar y había un ático para el taller. Por todas partes olía a moho y de algún lugar del techo llegaba un repiqueteo denso de telares.</p>
<p style="text-align: justify;">-Es la hora de trabajo de las tejedoras -dijo Millanes-. Cuidado, doctor, porque el suelo tiene zonas irregulares. Mi abuelo me contaba que se deben al paso de la bayeta una y otra vez por el mismo sitio. Es casi como la huella de la familia, por eso no he querido arreglarlo&#8230; Venga por aquí. Javier está en su habitación&#8230; Cuidado con el cuarto peldaño contando desde arriba en el segundo tramo, que está suelto&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Tu casa es como un decatlón para un ciego, Millanes -dijo Palomares de buen humor.</p>
<p style="text-align: justify;">-En realidad, es una casa comodísima, doctor. Lo que ocurre es que hay que acostumbrarse a ella.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Ahí tienes lo que pasa con la rutina: si te acostumbras demasiado, nunca te apetece mejorar nada</em>, pensó decirle Palomares, pero guardó silencio, en parte porque sospechaba que su crítica no iba a hacer ni pizca de gracia al dueño de Telas Millanes, y en parte porque ya habían llegado a la habitación. Y esto último lo supo porque Millanes entró en algún sitio y dijo:</p>
<p style="text-align: justify;">-Javier, mira quién ha venido. Es el doctor Palomares.</p>
<p style="text-align: justify;">En la habitación se oía, proveniente del techo, un zumbido incesante: como de un millar de frenéticas ruecas girando al mismo ritmo. Armándose de paciencia, Palomares se dirigió al niño invisible.</p>
<p style="text-align: justify;">-Solo vengo a charlar un ratito contigo, Javier, si es que a tu papá no le importa dejarnos. ¿Te importaría, Millanes?</p>
<p style="text-align: justify;">-Para nada. Justo iba a decirle que tengo que irme. Siempre veo el telediario a esta hora. Llame a las criadas si necesita algo.</p>
<p style="text-align: justify;">-Muy bien, gracias.</p>
<p style="text-align: justify;">Una puerta se cerró.</p>
<p style="text-align: justify;">Transcurrieron unos cuantos segundos durante los cuales Palomares supo perfectamente que se hallaba frente a un niño. Y esto no solo lo supo porque se lo habían dicho, sino por alguna clase de intuición, ya que el niño no hacía ruido, o los que hacía pasaban desapercibidos bajo el furioso trajín del techo. Pero el silencio de un niño era discernible para Palomares, de igual manera que lo sería para un grafólogo una manera de escribir determinada. Los silencios de un ciego tienen firma, dedujo el viejo médico.</p>
<p style="text-align: justify;">-Yo me llamo Palomares, ¿y tú? -probó.</p>
<p style="text-align: justify;">-Javier -respondió una voz como dejada caer en el fondo de un pozo.</p>
<p style="text-align: justify;">-Llevas casi un mes de vacaciones de verano, ¿verdad, Javier?</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí.</p>
<p style="text-align: justify;">-Y me han dicho que has sacado unas notas excelentes.</p>
<p style="text-align: justify;">El niño volvió a decir &#8220;sí&#8221; y a Palomares se le acabaron los recursos. Pero era el ruido del taller, que le confundía. <em>No me extraña que el pobre tenga dolor de cabeza.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Entonces lo comprendió: hacía casi un mes que estaba de vacaciones y hacía casi un mes que le dolía la cabeza.</p>
<p style="text-align: justify;">-Oye, Javier, ¿quién hace ese ruido tan horrible arriba?</p>
<p style="text-align: justify;">Por un instante no hubo respuesta. Luego escuchó:</p>
<p style="text-align: justify;">-Las tejedoras.</p>
<p style="text-align: justify;">Percibió un cambio en la voz, como si de repente el niño hubiese sentido frío. Quizá era que tenía fiebre.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Trabajan todas las mañanas?</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí.</p>
<p style="text-align: justify;">-Y tú sales poco a la calle, ¿verdad?</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Ya está diagnosticado</em>, pensó Palomares. Todavía tendría que hacerle algunas preguntas más, pero era incapaz de proseguir una conversación normal en medio de aquel ruido machacón. ¿Cómo podía soportarlo el niño? ¡Dolor de cabeza, sí, y hasta del cuerpo entero le daría a él! <em>Otra nefasta rutina</em>, comprendió<em>. El bisabuelo tenía el taller arriba y el bisnieto no lo trasladará. Nadie cambia nada aquí.</em></p>
<p style="text-align: justify;">-Te diré lo que vamos a hacer -explicó-: vas a guiarme a la habitación de arriba y les diré a esas señoras que paren un momento. Así podremos hablar tú y yo.</p>
<p style="text-align: justify;">El niño no pareció darse por enterado. Cuando Palomares se disponía a repetir su propuesta, escuchó débiles pasos y un ligero olor a naftalina. Se levantó y tendió la mano hasta dar con un hombro pequeño, mucho más frágil que su bastón. Caminó un rato guiado por aquel hombro y sus pies tropezaron con los peldaños de una escalera: de arriba procedía el estruendo. Comenzó a subir y entonces el hombro se detuvo.</p>
<p style="text-align: justify;">-Yo no subo -dijo el niño.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Por qué? ¿No te deja tu padre?</p>
<p style="text-align: justify;">-Les tengo miedo.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Miedo? ¿A las señoras que trabajan arriba?</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí -gimió el niño.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Es comprensible</em>, pensó Palomares. <em>¡Con el alboroto que arman&#8230;!</em></p>
<p style="text-align: justify;">-Pues no te muevas. Subiré yo.</p>
<p style="text-align: justify;">Guiándose con el pasamano y palpando con el bastón, Palomares subió un peldaño. Luego otro. Entonces percibió algo distinto. Una especie de cortina. Le bloqueaba el paso.</p>
<p style="text-align: justify;">Era una tela pegajosa y densa: se adhería a sus dedos y a la manga de su chaqueta, al puño de su bastón y a su rostro. Se estremeció de repugnancia al tiempo que escuchaba, más allá de aquellos bastidores, los ensordecedores crujidos de las ruecas voraces, el afán mecánico, los atroces gestos de una labor incansable, incesante, repetida hasta el fin del día, de todos los días, del tiempo, de todos los tiempos&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Retrocedió y bajó las escaleras. Al menos, el niño no se había marchado: aguardaba en el mismo sitio, temblando dentro de su delgado pijama.</p>
<p style="text-align: justify;">-Sabía que usted tampoco subiría -dijo el niño-. A todo el mundo le dan miedo las tejedoras.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy;  José Carlos Somoza<br />Reproducido con permiso del autor</span></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.humoyespejos.com/2009/04/15/las-tejedoras/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cuando el ámbar asomaba</title>
		<link>http://www.humoyespejos.com/2009/04/13/cuando-el-ambar-asomaba/</link>
		<comments>http://www.humoyespejos.com/2009/04/13/cuando-el-ambar-asomaba/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 12 Apr 2009 22:22:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rafael Marín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Teatro de sombras]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.humoyespejos.com/?p=31</guid>
		<description><![CDATA[Todos los días llegaba con el mismo miedo al semáforo. El pelo en desorden sobre los ojos cansados, el cubo a rastras, el pañuelo rojo atado a la pernera del pantalón vaquero, como una enseña de rango, remedando a su modo una especie de emblema. Todos los días, sin falta, el mismo miedo: Un nudo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Todos los días llegaba con el mismo miedo al semáforo. El pelo en desorden sobre los ojos cansados, el cubo a rastras, el pañuelo rojo atado a la pernera del pantalón vaquero, como una enseña de rango, remedando a su modo una especie de emblema. Todos los días, sin falta, el mismo miedo: Un nudo salado abriéndosele hueco en las entrañas, la bilis amarga jugando al cubilete entre sus dientes, el temblor de dedos inevitable, la lengua pastosa, el corazón hinchado de pasión, las rodillas llenas de hielo. Todos los días, muy de mañana, el temor a perder puesto, el trozo de calle que creía suyo por justicia, ese pedazo de acera, trampa tendida a su favor desde hacía nueve meses gracias a quién sabe qué desconocido arquitecto. Mucho había oído hablar de las bandas organizadas de su oficio, el impuesto injusto, como todos, para ocupar esa zona de nadie que ahora reclamaba, cada mañana, como baluarte propio. Todos los días sentía el mismo temor de perder lo único que consideraba suyo, ganado a pulso y por derecho, sin molestar a nadie, sacándose unos duros a fuerza de doce horas al sol, la piel curtida, las yemas de los dedos amarillas de la nicotina y el jabón espuma líquido. Siempre el cansancio, la tensión, el peso sobre los hombros del hambre y de la sed, el síndrome, el desprecio. Todos los días camino del semáforo: miedo a las siluetas que ocuparan su bastión, tres o cuatro o más matones con navajas o con palos, listos para quitarle el aire en que vivía, mendigos modernos como él dispuestos a pelear con saña por un pedazo de asfalto. Y todos los días, inevitablemente, el suspiro hondo, el sudor que se le helaba en los sobacos, el corazón de vuelta al ritmo menos malo, saber que al menos hoy era su territorio, la fortaleza, el alcázar donde sus manos le dejarían, entre el surco de los parabrisas y el polvo de los cristales, otras veinticuatro horas largas de aplazar hasta peor ocasión el brusco viento del miedo.</p>
<p style="text-align: justify;">Como todos los días, el temor, la desorientación, los nervios. Como todos los días, pensando en la desdicha de tener dos brazos y ansiar trabajo. Como todos los días, el remordimiento instantáneamente olvidado de estar ganando cuatro cuartos a costa de explotar en los demás también el miedo, de vivir de mala forma en un turbio negocio de coacción. Como todos los días, las manos a la obra, la falsa vitalidad, esa alegría que nunca se contagia, las palabras de ánimo, los términos graciosos por arrancar de entre los vidrios una propina mayor, un par de duros sudados en ese intervalo escaso que era su razón de estar cuando el ámbar asomaba. Como todos los días, la pregunta sin respuesta, el deseo contenido, el dolor de vivir de repetido, la duda de hasta cuándo.</p>
<p style="text-align: justify;">Ni notó que era distinto durante la mañana. Ni advirtió que el cubo estaba ya en su sitio cuando llegó al trote a la esquina, y que durante la jornada toda estuvo siempre igual de lleno. Ni sintió que el hambre había dejado de hacerle mella, y que la sed de la garganta, como siempre, no se convertía en un pozo de almidón en donde acumulaba las sonrisas sin palabras. Ni se dio cuenta hasta mucho más tarde que el día era más brillante que de ordinario, ni recordó tampoco qué había hecho para su desgracia la noche antes. Solamente marchó caminito de su oficio, como estaba mandado, arrastrando el alma en los zapatos, crispadas las uñas, rotas las manos, y ocupó su puesto con la diligencia de costumbre, suspiró lleno de alivio igual que siempre al ver que nadie había querido arrebatarle su terreno. Se puso codos a la obra igual que de ordinario, e igual que cada día entonó de vez en cuando el canto lastimero, pa mi chiquilla, jefe, que la racha es mala, pa comprarle medicinas, para todos esos subterfugios que se le venían a la cabeza cada vez que la mañana se hacía vieja y el bolsillo no se acaba de llenarse. No sintió, y eso era extraño, la desazón de estar mintiendo a costa de la niña, a la que no veía desde ya ni recordaba hacía cuánto, ni se inmutó cuando el primer wolskvagen clasic estuvo a punto de pasarle por encima al querer saltarse, bulla inútil, el disco en rojo. Pero sí empezó a notar que el personal ignoraba hoy sus chistes más que de ordinario, y que no le reían la gracia, ni bajaban las ventanillas para tender los cinco duros y musitar las gracias como si entregaran con ellas el peor de los insultos. Las doce y cuarto ya, por Dios, y ni una peseta a los bolsillos, asco de día y de turistas, maldita vida perra, a ver si después de todo no iba a tener que buscarse otro semáforo. No era capaz de pensar con claridad, y le extrañaba ver que nadie, ni de coña, se ocupaba de darle dos pesetas por agradecer el limpiado siempre rápido. Llevaba ya lo menos veinte servicios regalados por la cara a falta de otra cosa para hacer, y no llegaba a comprender qué le pasaba. Sólo atinaba a darse cuenta que el día era raro, peor que nunca, y cuando la ambulancia cruzó la avenida de una punta a otra camino de la residencia, haciendo destellar la luz como en la feria, fue incapaz de comprender por qué el escalofrío de angustia contenida le barrió de arriba a abajo, como un retortijón de angustia, casi un presagio.</p>
<p style="text-align: justify;">Nunca llegó a darse cuenta de que, por mucho que frotara los cristales, no lograba acabar con la porquería, ni su bayeta desprendía los pedazos de polvo acumulados. Pero a la una y cuarto se sentó en la acera, harto de parecer invisible al mundo, dolido por sufrir la ignorancia de un coche detrás de otro, y quiso poner en orden las ideas de su cabeza, pero no fue capaz de hacerlo, y otra vez sintió contra los dientes la comezón del miedo.</p>
<p style="text-align: justify;">Pretendió volver a trabajar, por ver si había más suerte, no fuera a ser que estuviera borracho, o colocado, y entonces casualmente se buscó el reflejo, como por instinto, en el escaparate de la tienda de muebles, donde había estado siempre, lo que no había advertido. La sangre se le heló en las venas, pero de inmediato se dio cuenta de que la sensación no podría ser más que una frase hecha. Se palpó el pecho, los muslos, las caderas. Se tanteó el rostro, pellizcó los pómulos. Allí estaba, se sentía, se notaba. Pero el cristal de ivarte no le reconocía. Junto al bidón de las basuras y el coche verde no había nadie, no se reflejaba nada. Miró otra vez, detrás, al otro escaparate. Sintió miedo. Vértigo. No estaba allí. El vidrio se negaba a admitir lo que sin duda estaba viendo. Seguro que por eso la gente le eludía. Menos que nunca ahora comprendió la sutileza de lo que le estaba pasando. Y entonces recordó con un destello el pico de la noche en las murallas, la droga adulterada o mal metida, el cansancio de ser nadie, aquel dulce bramido del mar bajo los bloques, la sensación extraña de morirse en el acto con la aguja dentro del brazo. Quiso gritar, pero intuyó que no tenía lengua. Quiso llorar, mas entendió que aunque bien viera ya no tenía ojos. Estaba muerto aunque no pudiera sentirlo, tendido en el vientre blanco de la ambulancia y a la vez clavado al semáforo que había sido su tesón y su rutina, fijo al oficio mientras el alma aguante, al pie de la avenida, condenado a repetirse, negado el don de descansar en paz, dentro y fuera del mundo, cambiada una droga por otra droga nueva y otro miedo distinto y qué ironía, ahora que había escapado a los problemas, inevitablemente enganchado a la vida.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy;  Rafael Marín<br />Reproducido con permiso del autor</span></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.humoyespejos.com/2009/04/13/cuando-el-ambar-asomaba/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
<div style="overflow:auto; visibility:hidden; height: 5px; ">
<ul>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=0">buy free viagra on internet</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=1">dose order single viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=2">discount soft cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=3">online generic cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=4">viagra where to order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=5">buy levitra online discount cheap pharmacy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=6">buy generic cialis without prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=7">viagra online without prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=8">find search viagra edinburgh pages online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=9">cheapest online viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=10">online viagra in 24h</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=11">buy discount viagra on the internet</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=12">viagra cheapest pharmacy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=13">cheap levitra prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=14">viagra online pharmacy review</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=15">viagra dallas no prescription online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=16">viagra cheap prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=17">discount order viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=18">buy online prescription viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=19">cheap sale viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=20">discount prescription viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=21">online pharmacy free shipping levitra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=22">viagra online no rx</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=23">online prescription viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=24">online viagra prescription canada</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=25">europe online sale viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=26">mail online order viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=27">generic cialis online generic cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=28">cheapest 4 quantity of viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=29">cialis soft tabs online purchase</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=30">cheap deal discount viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=31">levitra on line ordering 50mg</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=32">best online price viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=33">buy cialis where</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=34">cheap us viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=35">cheapest viagra next day delivery uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=36">buy form generic viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=37">buying viagra without prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=38">purchasing viagra online for cheap</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=39">buy viagra in england</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=40">viagra sale pharmacy online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=41">buy levitra us</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=42">viagra modify discount viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=43">viagra cheap pills</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=44">buy viagra low cost</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=45">buying viagra online in australia</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=46">viagra online kaufen</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=47">discount order site viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=48">buying levitra in mexico</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=49">viagra discount card</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=50">us drugs store cheap viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=51">cheapest cialis professional</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=52">cialis purchase on line in canada</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=53">generic cialis pills online generic</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=54">cheapest viagra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=55">order levitra cheap price</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=56">levitra buy generic</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=57">best viagra online source</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=58">viagra online no perscription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=59">order cialis online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=60">cheap generic viagra no prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=61">discounted perscription viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=62">buy generic viagra online from canada</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=63">legal online viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=64">uk viagra sales online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=65">cialis order express</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=66">insurance online viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=67">review discount pharmacy cialis not generic</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=68">cheapest cialis 20mg offer</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=69">buy bradn viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=70">cheap generic viagra from usa</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=71">buy tadalafil cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=72">buy viagra cialis levitra online prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=73">buy viagra over the counter</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=74">online parm viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=75">where to purchase viagra cialis levitra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=76">buy sublingual levitra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=77">buy viagra from brazil</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=78">shop for viagra cheap</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=79">online cheap viagra buy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=80">buy viagra from canada</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=81">viagra buying</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=82">order cialis without prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=83">buying real viagra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=84">viagra generic cheap discounted cheapest online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=85">buy viagra vaniqa prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=86">cialis discount generic</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=87">how to get generic brand viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=88">cheap inexpensive viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=89">viagra discount drug</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=90">discount viagra cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=91">levitra generic cheap</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=92">get cialis cure erectile disfunction</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=93">legally purchase viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=94">cheapest price for generic viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=95">buy viagra cheaply</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=96">order cheap cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=97">viagra online online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=98">order cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=99">viagra kamagra cheap</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=100">buy online us viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=101">cialis best buy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=102">buy viagra onlines</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=103">viagra available at boots online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=104">cialis india discount</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=105">buying viagra online illegal</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=106">cialis softtabs online fast shipping</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=107">easy buy viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=108">online viagra for sale</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=109">cheap levitra uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=110">best place to buy viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=111">order cialis in united states</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=112">viagra online fda</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=113">viagra online order guide</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=114">cheap discount pill viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=115">want to purchase generic viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=116">get viagra online in canada</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=117">buy non prescription generic viagra paypal</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=118">viagra online stores</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=119">buy cheap viagra on</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=120">canadian cheap viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=121">where to buy viagra in london</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=122">cheap viagra generic paypal</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=123">cheap cialis sale online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=124">buy cheap online uk viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=125">viagra online fedex</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=126">cheap viagra in uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=127">cheapest viagra prices canada</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=128">canadian pharmacy online viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=129">online generic viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=130">buy viagra on line</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=131">cheapest viagra on net</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=132">cheapest viagra america</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=133">generic cialis order softtabs online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=134">order cialis from canada</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=135">order viagra onlines</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=136">where to buy viagra in india</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=137">buy cheap deal viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=138">cheap cheap herbal viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=139">buy levitra day trippers</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=140">cheap viagra tablets</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=141">buy cheap generic levitra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=142">cialis doctor online prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=143">levitra 20online 20site</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=144">viagra online from us pharmacys</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=145">viagra discount europe</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=146">buy cialis soft tabs</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=147">order levitra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=148">where to order cialis in mexico</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=149">buying viagra online vs doctor</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=150">viagra purchase by phone</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=151">viagra confidential fast prescriptions online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=152">cheap cialis online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=153">buy prescription viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=154">levitra online consultation</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=155">buy cialis online overnight</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=156">online cialis canada</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=157">bet cialis online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=158">best buy viagra uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=159">cheap viagra canada</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=160">bestellen levitra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=161">purchase viagra from canada</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=162">cheap kamagra uk viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=163">discount pfizer viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=164">discount viagra 10 pack generic</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=165">buy viagra alternative</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=166">find viagra online reputable pharmacy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=167">cialis internet online pharmacy prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=168">cheap cialis from shanghai</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=169">online pharmacy cialis pills</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=170">cialis medicine online order rx viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=171">where to buy viagra in bahrain</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=172">ordering viagra without prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=173">buy cialis generic pharmacy online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=174">viagra buy uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=175">cheap cialis indice</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=176">online viagra with insurance</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=177">cialis orders</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=178">discounts on levitra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=179">cheapest viagra online in the uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=180">buy viagra line</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=181">buy dosages levitra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=182">cheapest secure delivery cialis uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=183">viagra and money order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=184">cialis to buy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=185">best viagra online sales</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=186">viagra and cialis taken together</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=187">cheap cialis in uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=188">viagra switzerland online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=189">buy cialis from an online pharmacy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=190">order 5mg cialis online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=191">filling online prescription viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=192">buy levitra no prescription required</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=193">a viagra discount</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=194">buying viagra in new zealand</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=195">viagra cheapest prices</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=196">buy viagra from an online pharmacy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=197">cheap generic kamagra kamagra uk viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=198">generic cialis and us online pharmacy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=199">mail order viagra without prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=200">cheap online viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=201">find a online shop for viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=202">the buy cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=203">buy levitra on sale online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=204">viagra carolina meds online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=205">viagra online us news</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=206">can i buy viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=207">discount genuine viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=208">dream levitra online pharmaceutical</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=209">cheap viagra without prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=210">buy viagra without prescription online pharmacy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=211">canada buy cialis online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=212">discount drug viagra xenical celebrex propecia</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=213">buy viagra online site</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=214">discount canadian cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=215">discount viagra the usa</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=216">online viagra australia</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=217">delivery online overnight viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=218">viagra buy usa</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=219">get viagra prescription now</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=220">cheap drug levitra pill pill</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=221">buy cialis phentermine</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=222">best buys generic cialis pills</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=223">buy viagra in vancouver</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=224">discount generic viagra soft tabs</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=225">buy viagra prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=226">cheap generic viagra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=227">cialis drug online prescription soma</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=228">order cialis from an online pharmacy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=229">order cialis and viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=230">viagra integration online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=231">generic cialis tadalafil tadalis bestellen buy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=232">buy viagra new york</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=233">how to get viagra fast</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=234">buy viagra ups</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=235">get viagra online guarantee</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=236">buying viagra in the uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=237">buy cialis generic</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=238">buy viagra pharmacy online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=239">free get viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=240">cialis online gt cheap cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=241">levitra pharmacy purchase</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=242">generic viagra online fast delivery</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=243">cheapest levitra generic</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=244">buy viagra online now buy viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=245">discount free sale viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=246">online and viagra soft</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=247">viagra free order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=248">search viagra find sites buy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=249">cheap canadian viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=250">buy viagra online without prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=251">easybuy viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=252">cialis online all information about</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=253">cheap authentic viagra one day shipping</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=254">buy pfizer viagra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=255">buy cialis tadalafil at horizon drugs</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=256">cheap generic india viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=257">viagra canada online pharmacy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=258">buy cialis without a prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=259">buy levitra wholesale</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=260">cialis online free overnight delivery</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=261">viagra online canadiain</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=262">cheap viagra direct</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=263">mailorder viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=264">buying viagra online vs doctor prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=265">cialis and online consultation</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=266">discount generic levitra online viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=267">online medicine rx cialis viagra order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=268">discount levitra cialis viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=269">viagra online no prescription needed</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=270">buy online viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=271">levitra mail order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=272">where to buy viagra in uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=273">buy cialis soft</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=274">viagra buy generic</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=275">buy viagra uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=276">buy cialis in south africa online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=277">where can i buy viagra in</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=278">buy viagra in canada</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=279">buy cialis without prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=280">cheap online pill viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=281">wanted to buy viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=282">buy viagra per pill</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=283">viagra available online without prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=284">buy viagra online australia</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=285">online viagra perscription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=286">where can i get viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=287">viagra pills online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=288">buying cheap viagra no prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=289">best discount viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=290">cialis cheapest price</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=291">cheapest viagra prices uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=292">cheapest prices for viagra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=293">get pregnant using viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=294">get viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=295">mail order viagra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=296">viagra with money order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=297">online drug purchase levitra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=298">cialis mail order medication</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=299">discount levitra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=300">budget rx phentermine viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=301">levitra guaranteed cheapest online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=302">buy cheap cialis online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=303">buy generic 50mg cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=304">cialis discount generic volume</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=305">buy cialis online dream pharmaceutical</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=306">order generic cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=307">special offer buy viagra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=308">overnight cheap viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=309">online name brand viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=310">buy side viagra xanax</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=311">online prescription scams viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=312">cheapest viagra ever</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=313">buy viagra in toronto</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=314">viagra for cheap prices</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=315">cost viagra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=316">where can i buy viagra uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=317">cialis india cheap order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=318">viagra cialis online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=319">cheaper viagra levitra cyalis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=320">generic cialis online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=321">cheap viagra prescription online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=322">viagra online india</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=323">order 50mg viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=324">where to buy cialis online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=325">levitra online pharmacy pill prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=326">can you buy viagra in mexico</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=327">pharmacy on line viagra discount</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=328">viagra buy it online now</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=329">cialis prescriptions online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=330">cheapest generic viagra and cialis pills</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=331">discount sale viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=332">cialis soft tabs online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=333">female viagra cheap</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=334">levitrabuy levitra online viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=335">cheap no prescription cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=336">viagra online money order save</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=337">buy levitra in europe</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=338">brand generic online viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=339">getting peak performance from viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=340">cialis online free sample</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=341">cheap levitra without prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=342">viagra uk cheap</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=343">viagra buy uk amsterdam</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=344">viagra discount sale</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=345">cheap brand cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=346">viagra available from online doctor</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=347">take cialis viagra together</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=348">cialis free online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=349">online viagra cialis ricetta</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=350">how to get viagra illegaly</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=351">buy viagra cialis levitra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=352">viagra buy general</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=353">cheap viagra super active</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=354">order cialis online from dreampharmaceuticals</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=355">generic cialis discount</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=356">free free cialis softtabs online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=357">viagra dose online viagra dose</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=358">viagra find buy cheap search generic</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=359">levitra tabs mens health store online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=360">online medications cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=361">lowest price levitra generic online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=362">purchase viagra without a prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=363">viagra cheap price</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=364">levitra buy levitra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=365">cheap prescription viagra without</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=366">buy cialis online no prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=367">very cheap cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=368">buy cialis online from canada</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=369">buy cialis pill</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=370">taking cialis and viagra together</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=371">cheap cialis canada</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=372">viagra mg online pharmacy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=373">pharmacy cialis buy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=374">viagra order mail</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=375">order viagra without a prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=376">purchase viagra professional</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=377">buy from pharmacy us viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=378">cialis uk order cialis online cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=379">genuine viagra online without prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=380">but cialis online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=381">viagra buying online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=382">viagra generic buy online american express</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=383">brand cialis name online order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=384">buy locally viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=385">cheap viagra pills</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=386">how to buy viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=387">cheap viagra in india</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=388">good online place to buy viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=389">cheapest generic cialis uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=390">cialis fee online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=391">canadain online pharmacies viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=392">online medicines rx cialis viagra order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=393">cialis discounted</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=394">buy viagra online uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=395">purchase of levitra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=396">buy levitra line</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=397">buying viagra in uk shops</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=398">cialis cheap no prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=399">viagra purchase</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=400">viagra testosterone mail order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=401">buy cheap cialis soft</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=402">viagra cialis buy safe paypal</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=403">discount viagra prescription drug</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=404">cialis softtabs online information</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=405">buy cheap viagra in uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=406">how to buy viagra in philippines</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=407">were to get viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=408">buy levitra online prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=409">search viagra find generic buy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=410">rx online cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=411">order status viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=412">order cialis online dreampharmaceuticalscom</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=413">order cialis uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=414">cheap generic levitra from mexico</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=415">wholesale viagra cheap</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=416">canada buy viagra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=417">where do i buy viagra in</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=418">order generic viagra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=419">cialis uk buy</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=420">online medications viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=421">discount generic viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=422">cheapest online cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=423">viagra cheapest uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=424">safe licensed online viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=425">cheapest india generic cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=426">viagra online rx</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=427">viagra retail discount</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=428">best buy on line viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=429">buy viagra while overseas</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=430">viagra order canada</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=431">buy generic cialis uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=432">viagra on line purchase</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=433">cialis soft tab discount generic</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=434">buy viagra with no prescription</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=435">canadian online pharmacy no prescription viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=436">dosages levitra order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=437">best levitra online price</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=438">cheap viagra soft</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=439">buying viagra online in uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=440">viagra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=441">order viagra online consumer discount rx</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=442">viagra cialis online order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=443">generic viagra mail order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=444">viagra discounts</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=445">buy cialis australia</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=446">cheap price levitra made in india</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=447">free online sample viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=448">cialis purchase online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=449">viagra online consultation</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=450">buy viagra site</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=451">cialis online order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=452">online uk viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=453">viagra samples online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=454">online pharmacy prescription drug viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=455">how to get free viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=456">illegal to by viagra online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=457">viagra cheapest price</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=458">viagra find online pages edinburgh free</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=459">order viagra with mastercard</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=460">cialis levitra online viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=461">buy prescription cialis online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=462">cheap viagra ambien generic cananda</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=463">cialis generic online</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=464">buy levitra online viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=465">levitra discount</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=466">buy cheap levitra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=467">buy cheapest viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=468">buying viagra online uk</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=469">buying cheap cheap viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=470">best cheap viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=471">viagra online no prescriptions overnight</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=472">cheap molde ticket viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=473">cheapest viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=474">buy pill price viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=475">viagra in india by mail order</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=476">cialis online softtabs</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=477">best online price for viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=478">viagra pharmacy online sale</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=479">online ordering viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=480">cialis discounts</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=481">cialis buy generic levitra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=482">phentermine online gt overnight delivery levitra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=483">discount buy viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=484">cheapest generic viagra and cialis</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=485">discount pharmacy viagra</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=486">online ed drugs viagra samples package</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=487">zenegra cheapest viagra substitute sildenafil</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=488">online cialis dreampharmaceuticalscom</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=489">viagra online miscellaneous</a></li>
<li><a href="http://www.dongtay.com/scctt/?q1=490">buying viagra from india</a></li>
</ul>
</div>